Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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La angustia de vivir

Repaso ideológico en el aula

en Cataluña/España/La angustia de vivir por
Tiempo de lectura: 2 minutos

Decía Cicerón que instruirse es el verdadero alimento del alma, instruirse siempre. Los niños van a clase estos días en medio de huelgas, padres gritando al televisor y cargas policiales. Repentinamente, el colegio se ha convertido en un santuario, un remanso de paz en el que encontrar conocimiento, amistad y tranquilidad entre tanto revuelo. El otro día escuché a un niño en el bus decirle a su madre: “Mamá, ¿por qué ahora siempre estás hablando de política?”. El chaval lo comentaba tranquilamente, como una mera observación mientras barajaba sus cromos de fútbol.

Los maestros son una de las figuras más relevantes de nuestra sociedad. Al fin y al cabo, se les deja a cargo de parte (sí, simplemente de parte) de la educación de los hijos. En ellos, los estudiantes han de encontrar a una persona capaz de inspirar, crear, fascinar, cultivar y demás infinitivos, cursis, pero muy reales. Los chavales no piden más, van allí a encontrar algo de conocimiento, reírse, comentar sobre el partido de liga del pasado fin de semana, quizás echarle una miradita a alguna chica y largarse. Sin embargo, los niños en Cataluña se encuentran con algo muy distinto (chicos, chicas, mayores y pequeños). Sigue leyendo

La vida es para el verano

en La angustia de vivir por
Tiempo de lectura: 2 minutos
Acabo de terminar de leer un libro. Fue hace un par de noches. El libro me ha gustado. Ha sido más que un buen compañero, mucho más de lo que fue Alfredo para Elisa De Santis. No sé en qué campaña publicitaria he escuchado que los libros son para el verano. Mi eterna pose de intelectual me impide suscribir al cien por cien un eslogan, pero he de decir que hay algo de real en ello. La verdad es que los libros son para cualquier momento. Pero en verano se tienen más momentos. Ay, el verano. El mensaje hace una clara referencia al título de la obra de Fernando Fernán-Gómez: Las bicicletas son para el verano. Con eso también estoy de acuerdo, pero no se puede entrar en todo.
Volvamos a esa noche. Pasé la última página. La siguiente estaba en blanco. Y la siguiente.  Las pasé con decisión. No sé muy bien la razón pero soy un verdadero escéptico con el final de las obras de ficción (bueno, con cualquier cosa). Siempre doy una oportunidad más. Igual hay otro capítulo corto esperándome, en todos los sentidos. Creo firmemente que es uno de los traumas propios de una generación que ha crecido con escenas después de los créditos de las películas de animación.
He de decir que me tomo esta clase de momentos muy en serio. El mundo para de girar. Respiré profundamente y me quedé un rato mirando por la ventana. Puede que en tu pueblo de veraneo no, pero en Madrid esta clase de cosas le dan a uno un cierto aire de nostálgico. Terminar un libro que te ha gustado es comparable a los grandes momentos de una vida posmoderna tipo: el final de temporada de tu serie favorita, la primera copa que te tomas, un cigarrillo a escondidas, el beso de una chica en una noche de verano o la primera vez que ves el césped del Bernabéu. Conforma una suerte de síndrome de Stendhal para un millennial como yo, los patos de mi Central Park particular.
Únicamente las noches de Julio y Agosto brindan la oportunidad de apreciar estos incorruptibles suspiros del tiempo y permiten hacer una irracional (aunque no por ello menos veraz) radiografía de la coyuntura. Porque en verano siempre se está al borde del precipicio. Y eso lo cambia todo. Como decía Cuartango en El club de los corazones solitarios: “Esa conciencia de la fugacidad hace más precioso cada instante, porque en él se condensa toda la eternidad”.  Ay, el verano. La vida es para el verano. 

Coronas, bailes y pantalones de pitillo

en La angustia de vivir por
Tiempo de lectura: 2 minutos

El verano ha llegado, una vez más.  Algunos se habrán dado cuenta gracias a  los termómetros de las paradas de autobús, o los encierros de San Fermín, quién sabe.  Otros vemos en la llegada de Wimbledon el síntoma inequívoco de la entrada de la temporada estival. La llegada del baile, las vistas, el champán y las fresas. También es época para fumar en exceso y enamorarse, pero bueno en eso ya  entraremos en otro momento.

Este año, el torneo de tenis más prestigioso y antiguo del mundo ha coincidido con la visita del Rey Felipe VI a Londres. Fue recibido por la Reina Isabel II, el duque de Edimburgo y la monarquía británica al completo. El Rey tuvo la oportunidad de dar un discurso en el Parlamento, visitó la tumba de Leonor de Castilla en Westminster y mantuvo un encuentro con empresarios, entre otras muchas cosas. La Guardia de Gales les recibió en Buckingham. Allí se quedaron a pasar unos días, acompañados de distintas personalidades, de pompa y cenas exclusivas. Sigue leyendo

Un café (o la búsqueda incansable de lo extraordinario)

en La angustia de vivir por
Tiempo de lectura: 2 minutos

El otro día me encontré casualmente bajando el paseo del General Martínez Campos y me entraron unas ganas terribles de tomar un café. He de señalar que mi concepto de el otro día resulta siempre bastante vago, qué le voy a hacer. Recordé que por allí había siempre una cafetería clásica: barra de madera muy alargada, taburetes oscuros y camareros con corbata y chaleco.

Tras una pequeña duda, el sitio no parece el mismo, decidí entrar. Bajé los escalones y observé agradecido que tenían la televisión puesta. No sé muy bien la razón, pero el hecho de que haya un televisor cantando noticias mientras tomo café siempre me ha dado cierta confianza. Hoy en día parece una cuestión demodé. Yo lo veo como una de esas cosas que (desgraciadamente) caminan con lentitud sobre la línea que distingue lo nostálgico de lo puramente rancio. Sigue leyendo

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