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La blanca flor de chimenea de José Jiménez Lozano

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Poco antes del comienzo del verano tuvo lugar un encuentro literario de mucho lustre en la Universidad Francisco de Vitoria.  Con ocasión de la clausura de curso del Máster de Humanidades, el periodista, poeta y escritor Enrique García-Máiquez entrevistó al también periodista, poeta y escritor José Jiménez Lozano.

Los alumnos allí presentes asistimos a un intercambio estelar de anécdotas y reflexiones. Se habló, entre otras cosas, de Pascal y de Flannery O´Connor, de los peligros del ‘yo’, de la necesidad del despojo interior y del engañoso relumbrón de los premios (Jiménez Lozano, ganador del Premio Cervantes y del Premio Nacional de las Letras Españolas, afirmó su preferencia por “los jardines y los gatos” en detrimento de las “cortes”).

¿Por qué no haber escrito de ello en su momento, al dictado de la actualidad?

¿Quizás porque apenas conozco la obra de estos dos autores? (De Jiménez Lozano sólo puedo decir que me impresionó su humanísimo retrato de la figura del inquisidor en El Sambenito y a la poesía de García-Máiquez, al contrario que a sus columnas del Diario de Cádiz, no me asomo casi nunca). ¿O por la dificultad de hacer justicia a sus ideas y palabras?

Sea como fuere, allí se dijo algo que desde entonces no me abandona. Al ser preguntado por el origen y naturaleza de lo poético, Jiménez Lozano recordó una discusión entre dos hermanas vecinas suyas. Una de ellas, al parecer, era tan pálida y de cabello tan negro, que la otra, a gritos, la llamó “blanca flor de chimenea”. Un insulto precioso; casi un cumplido. Jiménez Lozano se quedó pasmado. Para el escritor castellano esto revela que la poesía, en cierto modo, se encuentra al alcance de todos. En lo cotidiano.

Decía, ya no recuerdo quien, que el cine neorrealista comenzó a desaparecer cuando los guionistas italianos dejaron de ir en transporte público. El verano, por su lentitud, me parece una época muy apropiada para esta clase de inspiración clandestina. Para pegar el oído a la parede, escudriñar entre la multitud o mirar de reojo.

¿Quién sabe? La belleza podría aparecer a la vuelta de la esquina.

Licenciado en Com. Audiovisual por la UFV, máster en guión y profesor en la UNAV. Actualmente compagina su carrera de guionista con el mundo académico

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