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Música

La fuerza de la creatividad y de la iniciativa

en Democultura/Música/Musical Thinkers por
Tiempo de lectura: 4 minutos

La música es probablemente el arte en el que se condensa más creatividad en menor tiempo. Imaginemos por un momento edificios moldeables, que se transforman a cada instante. Alguna vez se me ha ocurrido definir la música como arquitectura, o escultura en movimiento, que el compositor diseña y el intérprete moldea.

Esto es algo que forma parte de su grandeza y misterio. Y luego ¡paf!, desaparece y “solo” queda el recuerdo, quizá algo de la emoción vivida, imposible de fotografiar.

En la música, una pequeña partícula, puede desencadenar una construcción que se va desarrollando en el tiempo pulso a pulso, compás a compás. Si la lógica interna es buena, la construcción prevalece, si no, pierde su interés. Todo depende también del intérprete, quién puede convertir la mejor de las construcciones en una caricatura de sí misma o dignificar una construcción desequilibrada o incompleta gracias a su capacidad de dar sentido, superando en ocasiones al creador de la misma…

Desde que empecé a generar actividades musicales para el desarrollo de equipos profesionales, son muchos los que han visto en la música un elemento clave para impulsar actitudes creativas.

Lo contrario de la creatividad es la omisión de ideas, es decir no hacerme caso a mí mismo cuando tengo una idea  o a los demás cuándo la tienen, y la falta de confianza y el miedo tienen precisamente este efecto en las personas.

Además, cada vez existe un mayor interés en promover la proactividad en los equipos. Ya no basta con hacer lo que se espera de ti sin fallar, sino que en muchos equipos se valora y exige iniciativa creativa.

Una lógica reacción a esa exigencia, es afirmar que no todo el mundo es creativo, y una sólida respuesta a la misma es puntualizar que lo que nos distingue de máquinas y animales es precisamente esa capacidad de crear, que es además, la que nos va a dar mayor valor añadido como profesionales en cualquier campo, más ahora que son precisamente las máquinas, las que pueden ejecutar aquellas labores más repetitivas y analíticas.

El primer error de base es pensar que o se es o no se es creativo. Puede haber personas con más capacidad creativa y personas con menos, pero en todo caso, todos tenemos un grado, mayor o menor de creatividad. Esa capacidad depende en gran medida de la educación recibida, del entorno y de la confianza que tenemos en nosotros mismos para adoptar esa actitud, porque en definitiva, la actitud es probablemente nuestro mayor aliado para crear. Y aun así, a veces no basta, porque no deja de haber algo misterioso en la creación (por eso siempre hablamos de “inspiración”).

Lo contrario de la creatividad es la omisión de ideas, es decir no hacerme caso a mí mismo cuando tengo una idea  o a los demás cuándo la tienen, y la falta de confianza y el miedo tienen precisamente este efecto en las personas. El miedo a fallar puede bloquear hasta tal punto a un músico, que le produzca temblores en las manos que le lleven precisamente al fallo. Casi todos los músicos de cuerda que hemos tenido que tocar ante tribunales conocemos esa sensación de “tiritera del arco”.

El paso del miedo a la creación podría parecer un click, pero no lo es, porque nuestra psique tiende a traicionarnos e igual que uno arrastra vicios en la postura corporal que nos acarrean dolores y resultan difíciles de corregir, es normal que también existan vicios en la actitud difíciles de cambiar. Es como una especie de síndrome de Estocolmo.

A mi modo de ver el camino para la creatividad es soñar con ella, que es lo mismo que soñar con algo que no se conoce bien, y que en el fondo, valga la redundancia, es exactamente lo que pasa cuando uno sueña de verdad.

Y creer en el poder de la creatividad es imaginar, casi palpándolo, que existe un universo de posibilidades que uno ni siquiera conoce. Y lo más interesante de todo: crear es configurar elementos de la realidad en la medida en que uno mismo puede abarcarlos, o lo que es lo mismo, sentir como propia la relación que generamos con ellos de manera espontánea e instantánea. He aquí que una de las mayores fortalezas que concede la creación a su creador es el sentido de identificación con ella, hasta tal punto, que a veces resulta difícil distinguir si la creación pertenece al que la crea o viceversa.

Esta es la fantástica relación entre la creación y el sentido de pertenencia, cuyos efectos quedan patentes en los procesos creativos de los equipos. La fuerza de la creatividad compartida no recae solamente en el valor de aquello que se genera sino muy especialmente en el compromiso que implica en todos los participantes esa creación, que tiene en sí más energía que la de ningún salario. El tiempo invertido en ella es a mi entender eso: una inversión.

La conclusión es sencilla: no permitir el error genera miedo, el miedo genera falta de confianza, y la falta de confianza bloquea la creatividad, la inexistencia de participación creativa rebaja la motivación y los resultados son inferiores a lo esperado. El desgaste humano es importante y la fuga del talento inevitable.

Al contrario, admitir la posibilidad del error, pero al mismo tiempo la posibilidad de la genialidad, genera confianza, que a su vez genera compromiso y estimula la capacidad creativa. La participación creativa genera sentido de pertenencia y se despliegan nuevas expectativas que superan las anteriores. El entusiasmo se retroalimenta y el talento se desarrolla y se atrae naturalmente.


Algunos, adivinando esta comparación que hago con los equipos de trabajo podrán pensar que ni tanto, ni tan calvo, que la mayor parte de las veces tienes que aplicar la creación de otros, asumiendo como propias estrategias que nada tienen que ver con la propia creatividad.

A éstos les diría que esa la labor es la que tenemos los intérpretes, los “re-creadores” de obras que otros diseñan, quienes aplicamos nuestros esfuerzos para dar sentido y apropiarnos de la obra interpretada. Eso sí, mejor si la obra que te toca es de Beethoven que si es un “Despasito”. Y si es el Gran Tango de Piazzolla, tampoco está mal.

  • Este artículo ha sido publicado anteriormente en Musical Thinkers y es reproducido aquí de forma exclusiva con el consentimiento de su autor.

Si te gusta el flamenco, te encantará el rebétiko

en Democultura/Música por
rebétiko
Tiempo de lectura: 3 minutos

El lector debe prepararse para un viaje a tabernas atestadas de humo y antros sórdidos llenos de marineros y presidiarios. Unos y otros tienen su música. Aquéllos cantan los amores perdidos y la nostalgia de los puertos del Mediterráneo y el Mar Negro. Éstos lloran la prisión, la soledad y lo perdido. Unos y otros frecuentan los cafés llamados amán –una palabra árabe-persa que significa “pena”– y locales de mala fama. Allí se canta, se fuman pipas de agua y acuden personas de dudosa reputación por no decir francamente desacreditadas.

Desde Esmirna hasta Estambul, el alcohol, el hachís y la nostalgia van a dar a luz una música bellísima y clandestina: el rebétiko -o rembetika- un término que aparece por primera vez en el Glosarium Graeco-barbarum (Leyden, 1614) para designar a vagabundos, maleantes y balas perdidas: los “rebetes”. Sigue leyendo

Johnny Cash: poeta de los oprimidos

en Democultura/Música por
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Entre las fuerzas de la naturaleza, mi preferida es Johnny Cash. No me cabe duda de que el magnetismo que ejerce sobre nosotros resulta, en buena parte, de su credibilidad. Una credibilidad que brota de la honestidad del mensaje que comunica, de su música simple, directa y diáfana, sostenida por una voz que parece provenir del centro de la tierra.

Su música y voz fueron desde temprano vividas desde una conciencia atípica y genuinamente artística: ponerse al servicio de la realidad en fuga, cuando ésta se abre en un destello capaz de transportarnos a su origen profundo. De ahí que Johnny interpretara desde sus comienzos letras escritas por otras manos que la suya, ritmos, estilos y formas siempre frescas, eludiendo sin cesar la etiqueta. Si se topaba con una buena canción, fuera de quien fuera, él le rendiría culto y la serviría aportando lo mejor de sí mismo. Sigue leyendo

El lenguaje de los sonidos

en Democultura/Música por
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Si busca estilos de música en cualquier explorador digital, libro de música o enciclopedia que se precie, a buen seguro que encontrará más de los que era capaz de imaginar. Probablemente por eso de que la música no es más que el lenguaje del alma. Y como cada uno de nosotros cargamos con una –con mayor o menor esfuerzo – significa que lo hacemos con banda sonora propia. Así que he aquí el primer consejo: no se molesten en cuantificar la música.

La inevitable tendencia a la categorización del ser humano hacia toda realidad, incluido el arte, hará que ante usted aparezca una interminable lista de estilos y variantes. De entre todos ellos, hay uno que encarna a la perfección la máxima anteriormente señalada: el estilo libre. Sigue leyendo

Go hard like Vladimir Putin o cómo la música no amansa a la fieras

en Internacional/Mundo/Música por
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Putin ha ganado. La victoria electoral de Trump, la tregua en Siria, la dominación de zonas de Ucrania, las victorias de presidentes pro-rusos en Moldavia y Bulgaria, el mantenimiento de los precios del petróleo, el apoyo creciente de movimientos identitarios en Europa Occidental. El 2017 abría con este gran titular, la prensa de medio mundo proclamaba su triunfo sin paliativos. Obama se marchaba, su alter ego mediático e ideológico (y supuestamente geopolítico), y él se quedaba sine die, pero no solo como presidente todopoderoso en una Rusia denunciada como “oscura y amenazante”, sino supuestamente en los parlamentos y ordenadores de las democracias occidentales. Sigue leyendo

Arkano: la improvisación como género

en Democultura/Entrevistas/Música por
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De  Borges recuerdo un poema llamado Un poeta menor que decía: “La meta es el olvido, yo he llegado antes”. El paso del tiempo todo lo borra, antes o después nosotros y las cosas que para nosotros han sido importantes se diluirán hasta desaparecer. Quizá lo importante sea tratar de alcanzar  esa meta anticipada por Borges lo más tarde posible.

Tengo para mí que no será Guillermo Rodríguez,  conocido como Arkano, uno de los primeros en llegar. Su carrera musical ha sido una sucesión excepcional de éxitos  habiendo ganado con 21 años dos campeonatos nacionales de la Red Bull Batalla de los Gallos y una Final Internacional, que lo consagró como mejor del mundo de habla hispana en Chile el año pasado. El pasado fin de semana, sin ir más lejos, batió el récord mundial de improvisación tras rapear durante más de 24 horas en la Puerta del Sol de Madrid. Pero no es eso, siendo mucho, lo que a mi juicio pone un punto y aparte entre Arkano y el resto de raperos, y lo  que le convierte en una artista llamado a perdurar. Sigue leyendo

Érase una vez el Mad Cool

en Democultura/Música por
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Del 16 al 19 de junio ha tenido lugar en la Caja Mágica de Madrid el festival de música Mad Cool.

Un evento que ha congregado a más de 60 bandas de todos los rincones del mundo. The Who, Neil Young,  Editors, Bastille, Two Doors Cinema Club, Garbage, Vetusta Morla, Lori Meyers… Un guisado de riffs, cejillas y arpegios fabuloso donde se han podido ver desde estrellas viejunas con los dedos rápidos a chicos monocordes donde lo más destacable -una vez más- son sus peinados, sus camisetas de HM después de haber pasado por un circo romano activo y las míticas zapatillas de fútbol sala para dar conciertos. Sigue leyendo

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