Johnny Cash: poeta de los oprimidos

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Entre las fuerzas de la naturaleza, mi preferida es Johnny Cash. No me cabe duda de que el magnetismo que ejerce sobre nosotros resulta, en buena parte, de su credibilidad. Una credibilidad que brota de la honestidad del mensaje que comunica, de su música simple, directa y diáfana, sostenida por una voz que parece provenir del centro de la tierra.

Su música y voz fueron desde temprano vividas desde una conciencia atípica y genuinamente artística: ponerse al servicio de la realidad en fuga, cuando ésta se abre en un destello capaz de transportarnos a su origen profundo. De ahí que Johnny interpretara desde sus comienzos letras escritas por otras manos que la suya, ritmos, estilos y formas siempre frescas, eludiendo sin cesar la etiqueta. Si se topaba con una buena canción, fuera de quien fuera, él le rendiría culto y la serviría aportando lo mejor de sí mismo.

El mensaje fue otra de las cosas a la que prestó pleitesía. Poeta de los oprimidos, cantó aquello que amaba, inundando el mundo con la nostalgia de América, sus paisajes, su historia y los valores irrenunciables del Sur. La más persistente de sus certezas fue el considerar que el deseo humano no se equivoca cuando pide a gritos más, y más, y más. Esta certeza empapó de sentido religioso su obra e hizo de la redención una clave fundamental de su música.

Antes de pasar a considerar el tema de la redención en la música de Johnny Cash, digamos algo sobre su vida.

Del campo de algodón a los estudios de Sam Phillips

Nacido durante la Gran Depresión americana, en una humilde familia de granjeros, Johnny conoció pronto la austeridad y el esfuerzo que nace del afán de vivir. Su padre Ray fue un modelo de diligencia y responsabilidad, aceptando cualquier oportunidad que supusiese un plato de comida para su familia (a veces literalmente, siendo un poco de comida el medio de pago en aquella época de indigencia). Johnny vería otras veces a su padre saltar al tren para ir detrás de algún posible trabajo temporal. La imagen mítica del ferrocarril quedaría en el imaginario de Johnny, y saldría a luz en su primer álbum conceptual Ride this train (1960).

Cuando la familia Cash por fin alcance cierto grado de estabilidad –afincándose en Dyess, una colonia agrícola promovida por el New Deal de Roosevelt– un desbordamiento del río Mississippi  los enfrenta al desafío de tener que recomenzar desde cero. También de aquella dura experiencia Johnny sacaría un álbum  (y una canción): Five feet high and rising (1974). Toda la familia contribuyó para superar aquél golpe. Son los años en los que Johnny dedica las tardes después de clase a colaborar en la cosecha de algodón. El soul, como no podía ser menos, regala a Johnny la oportunidad de conocer desde muy pronto el carácter telúrico de la música. Allí en el campo, su hermana mayor le enseñará –casi proféticamente– algunos clásicos como Amazing Grace o Will the circle be unbroken?, cantando juntos contra la monotonía y el cansancio. La música sin embargo era mucho más que un antídoto contra la pesada carga del trabajo. Carrie Rivers, la madre de Johnny, provenía de una familia que hacía de la música una forma de vida, incluyéndola en el día a día, impregnando de sentido la rutina diaria. Escucharla cantar canciones populares en casa, y participar regularmente de los himnos en la Iglesia local, sólo podía predisponer más y mejor a sus hijos hacia ese lenguaje que Beethoven llamó alguna vez divino. Como le ocurrió a otros grandes y decisivos músicos contemporáneos (Elvis Priestly o Jerry Lee Lewis, por ejemplo), la música llegó a Johnny vinculada a la fe cristiana y vivida desde una fuerte conciencia comunitaria.

La inesperada y dramática muerte de su hermano Jack (mientras trabajaba cortando madera una sierra le perforó un costado) le enseñó el rostro amargo del dolor, y sin duda le mostró la hondura a la que debe enfrentarse la fe si es que no quiere convertirse en quimera.

El medio por el cual Johnny salió de la estrechez de Dyess fue uno muy común en su época para los jóvenes de escasos medios económicos: el ejército. Se especializó como operador de radio y fue enviado a Alemania. De estos años salió Johnny con una esposa (su primera mujer y madre de cuatro hijas, Vivian Liberto) y con el extraño honor de ser el primer americano en enterarse de la muerte de Joseph Stalin. Una vez abandonado el ejército, Johnny conseguiría su primer trabajo como vendedor ambulante de equipos electrónicos. Si bien en el futuro sería una imagen de marca, disputada en el mundo del marketing, su primera incursión comercial fue poco gloriosa: no servía como vendedor. Pero ya se acercaba el momento decisivo en que todo cambiaría, a partir del día en que Johnny, acompañado de Luther Perkins y Marshall Grant, cantara ante Sam Phillips, el visionario director de Sun Records.

Ascenso al podio, descenso a los infiernos

Sun Records era por entonces una discográfica lo suficientemente grande para hacerse oír en todo el país y lo suficientemente pequeña para correr riesgos y apostar fuerte. Aunque Johnny y su grupo se presentaron con un repertorio de góspel (un género de limitado público), Sam Phillips reconoció en la particular voz y appeal de Cash una apuesta segura. El impulsor de Elvis y llamado por algunos “inventor del rock`n´roll” será el primer mentor musical de Johnny, con quien producirá varios de sus temas más reconocidos. De la mano de Sun Records llegará el éxito y la fama. Entre 1954 y 1956 “Johnny Cash and The Tennessee Two” aprenderán el oficio del músico tocando sin parar en bares, cafeterías, teatros y radios locales, sirviendo a veces de teloneros de artistas más reconocidos. Hacia finales del 55´Folsom Prision Blues, pegadiza en la melodía y novedosa en la manera de contar la historia de un preso, será bien recibida por el público y preparará el terreno al prometedor artista. El siguiente hit, con mayor resonancia, no se dejará esperar y supondrá un antes y un después en la carrera de Johnny. I Walk The Line resulta un éxito inmediato y repercutirá a nivel nacional. A partir de este momento, Johnny Cash jugará en las grandes ligas sin descender jamás. Una imagen que capta bien este momento en la vida de Johnny, es  la del “Million Dollar Quartet”, cuando una tarde de finales del 56´, cuatro grandes de la nueva música coincidieron espontáneamente en los estudios de Sam Phillips. 

Al lanzamiento de temas y álbumes, acompaña la vida en carretera, recorriendo EEUU en una trepidante carrera de éxito. En el 58` sale su primer álbum con Columbia The fabulous Johnny Chash, al que seguirán en muy poco tiempo otros, como Hymns By Johnny Cash o Songs of Our Soil. Es por esta época de giras y promoción continua cuando comienza el romance con las anfetaminas. Al comienzo Johnny veía en las pastillas un aliado contra el agotamiento de las giras, una forma de conservar el buen espíritu ante su ávido auditorio. Tal vez por esta razón ni él ni quienes le rodeaban mostraron preocupación; al fin y al cabo era una medicamento que Johnny obtenía por prescripción del médico. El asunto de las pastillas, sin embargo no tardaría en salirse de control. Su carácter empezó a verse afectado, ausentándose a veces de los estudios sin explicación, o de algún evento que debía ser repentinamente cancelado. Por el efecto de las drogas fue incapaz de reaccionar con prontitud ante un incidente que provocaría un incendio de gran magnitud en California. Otro momento paradigmático ocurrió en 1965 poco después del asunto del incendio. Cuando su tropa reparó en que Johnny nunca había vuelto al hotel después de una noche de parranda, comenzaron a llamar a amigos y conocidos en el afán de encontrarlo. No sería hasta unos días después cuando recibieran noticias de Johnny: había sido detenido bajo arresto en El Paso, en posesión de un alijo de 668 pastillas de Dexedrina y 475 de Equanil. Como escribiera en su autobiografía de 1975,

“I´d talk to the demons, and they talk back to me –and I could hear them. I mean they´d say, ´Go on John, take 20 more milligrams of Dexedrine, you´ll be all right`” (Hablaba con los demonios, y ellos me contestaban –Y podía oírles. Es decir, me dirían: Vamos John, toma 20 miligramos más de Dexedrina, estarás bien).

Si la relación con su mujer Vivian se había resentido por el nuevo estilo de vida de Johnny –casi siempre en carretera, poco en casa –las drogas acelerarían la crisis llevando a la ruptura y separación en el 66` y posterior divorcio (a principios del 68´).

En una ocasión en que la familia Cash se juntó a conmemorar el aniversario del fallecido Jack, Johnny golpeó, en frente a toda su familia, a su hermano Tommy, después de que éste le reprochara el estado en que se encontraba. Su familia y amigos empezaron a temer que no hubiese solución al deterioro psíquico y físico en que se encontraba. Gracias sin embargo a la paciencia y el amor de aquellos que le rodeaban, y también a la propia decisión del músico, 1968 sería el año en que comenzara a salir del laberinto de la droga. Sin duda una persona clave en este proceso fue June Carter.

 

Johnny & June

June Carter se unió al tour de Johnny a principios de los sesenta, en un acuerdo que beneficiaba a ambos: a Johnny, que necesitaba una voz femenina (y que siempre había admirado a La Familia Carter) y a June, que había visto como las ventas del grupo que formaba con su madre y sus hermanas caían hasta el punto de ser insuficientes para mantener una familia. Pronto formaron un excelente tándem arriba del escenario, y en este punto, la película que tiene a Joaquín Phoenix y Reese Whiterspoon como protagonistas es un buen reflejo de la química que existía entre ellos cuando se subían a las tablas. A medida que la confianza crecía entre la pareja, June comenzó a intervenir en el asunto de las pastillas, limpiando, buscando y eliminándolas allí donde las encontraba. Fue June una de las más activas del círculo interno de Johnny que se unió para buscar una solución a su problema. Poco a poco, Johnny conseguiría domar a sus demonios (aunque no sin recaídas), y comenzaría una nueva etapa. Los años más intensos de la droga habían repercutido también en la calidad de su música  y hacía falta volver a cosechar un éxito importante si quería seguir en lo más alto. Ese éxito vino con un clásico de la marca Cash: Johnny Cash At Folsom Prision, un álbum grabado íntegramente en la cárcel ante un auditorio de 2000 prisioneros.

Poco después se casaría con June Carter, e iniciaría una época de estabilidad, en las que su figura se asentaría todavía más en el imaginario americano. Un refuerzo de su imagen se lo daría su papel de anfitrión en el Johnny Cash Show, para la cadena ABC. Y también su compromiso político, como cantar para las tropas en Vietnam, o apoyar a las comunidades indígenas de América (algo que había comenzado tiempo atrás con canciones como The Ballad Of Ira Hayes). El mismo que mantenía buena  amistad con artistas como Bob Dylan o Janis Joplin, participaría de los festivales multitudinarios que convocara el predicador Billy Graham, por ejemplo el Jesus Musical Festival Explo del 72´ al que asistieron más de 100.000 personas, y que fue bautizado por Graham como el Woodstock religioso.

Johnny, que había formado parte de esa generación pionera del rock, y al mismo tiempo había sido capaz de mantenerse a flote durante la explosión de géneros musicales entre las décadas de los 60´ y los 70´ (sosteniendo la música Country entre los vaivenes de las novedades), apenas sí resistió los embates del pop ochentero. A pesar de estar en cierto sentido a la sombra de la música del momento, aquella fue curiosamente la década del reconocimiento, recibiendo el honor de entrar en el Salón de la Fama de la música Country (más adelante ingresaría también en el Salón de la fama del Rock and Roll y del Gospel). Entre las novedades de aquellos años habría que contar sin duda el grupo que formó con otros grandes nombres del Country  (The Highwaymen: Johnny Cash, Kris Kristofferson, Willie Nelson y Wailon Jennings). Aparte de ello, su actividad se redujo a los conciertos que siguió dando a sus fans, y las causas solidarias en las que participó.

Al entrar los 90´ parecía que su momento por fin había llegado, y después de cargar en sus espaldas una tras otra a varias generaciones, había que dar un paso atrás y ceder el testigo. Su propio cuerpo parecía incluso pedir un cese; su salud cada vez más comprometida (desmayos, cirugía de bypass, neumonía…) no parecía pedir otra cosa.

Ain´t no grave

La última década en la vida de JC, musicalmente no fue más que la simple suma de guitarra, y voz. Ese fue el cocktail que preparó Rick Rubin y que sirvió Johnny Cash en el álbum American Recordings, y la serie que siguió a partir de aquél éxito. Después de varias décadas, un Johnny maduro volvía a conectar con aquél joven protegido de Sam Phillips. La entrega de Johnny fue completa y a medida que pasaban los años, su salud decaía y la muerte asomaba su rostro, la voz del anciano y enfermo Cash resonaba con más fuerza que nunca. Ese fue el Johnny Cash que conectó con una generación tan distinta a la suya, con versiones tan potentes de canciones como One (U2), Personal Jesus (Depeche Mode) o la aclamada por la crítica Hurt (Nine Inch Nails). Y operó el milagro: Johnny volvía a escalar la cima.

Es en este punto de la vida –y muerte– de Johnny (murió en 2003, mientras trabajaba en American Recordings VI: Ain´t no grave) donde retomamos el tema que dio pie a este artículo: la redención en la música de Johnny Cash.

Su último álbum es el colofón de una preocupación continua en Cash, que no se reduce a una bajada musical de su experiencia en la recuperación de las drogas. Si nos retrotraemos a los comienzos de su andar, vemos que, por un lado la música de temática religiosa estuvo siempre presente. Por otro, también muchos de los temas profanos hablan de la necesidad del hombre de salir de los enredos a los que su libertad lo ha conducido. Folsom Prision Blues, aquél éxito de los 50, no sólo trata de la vida de un preso común, sino de la misma condición humana; en palabras de Johnny,

“Most of us are living in one little kind of prision or another, and whether we know it or not the words of a song about someone who is actually in a prision speak for a lot of us who might appear not to be, but really are” (Muchos de nosotros vivimos en una pequeña cárcel, de un tipo u otro, y más allá de que lo sepamos o no, las palabras de una canción sobre alguien que está de hecho en una prisión, habla por muchos de nosotros que aparentemente no lo estamos, cuando en realidad sí).

Como si aquél comienzo fuese profético, la propia vida de Johnny lo llevaría a experimentar la debilidad y fragilidad de la voluntad, ese querer y no poder. Vida y obra comienzan cada vez más a ser una misma cosa, y entre medio, da voz a los oprimidos, a los desechados de la sociedad, a los renegados. En carne propia experimenta su incapacidad para salir adelante si no es aferrado por una mano que lo impulse y lo rescate. La lectura que él mismo hace de los hechos de su vida y las redenciones continuas– lectura que comparte con sus allegados –está completada por la fe. No es que Johnny se convirtiese al cristianismo después de salir de las drogas; su certeza había arraigado ya en la infancia, y su caso fue el de un cristiano adicto, de un pecador salvado que vuelve una y otra vez a caer. Por ello su mirada cristiana nunca fue dialéctica, dividiendo el mundo entre justos y pecadores:

“I´d been converted when young but I gave my body to the devil and I really went through hell” (“Mi conversion me llegó de joven, pero di mi cuerpo al diablo y realmente pasé por un infierno”)

En el momento de tocar fondo en el asunto de las drogas, cuando Johnny no podía sentirse más hundido en el abismo, tomó una decisión desesperada. Tal como lo cuenta en su autobiografía del 97´, se dijo a sí mismo: “Go into Nickajack Cave and let God take me from this earth and put me wherever He puts people like me” (Ir a las cuevas de Nickajack y dejar que Dios me saque de este mundo y me ponga donde pone a las personas como yo). Una imagen que describe la agonía del que desespera: desear desaparecer, no ser, o acaso ser tragado por la tierra. Poderosa imagen que tiene su paralelo musical en el Sinnerman de Nina Simone.

Se metió en aquellas cuevas y durante horas se arrastró hacia sus profundidades, hasta que la batería de la linterna se apagó y quedó sumido en la oscuridad y el silencio más absoluto. Allí vivió una epifanía, “I thought I´d left Him but He hadn´t left me” (“Creí que Lo había dejado atrás, pero Él no me había abandonado”).  Con dificultad y esfuerzo consiguió salir, y fue cuando tomó la decisión de hacer lo posible por enterrar al hombre viejo que tiraba de él hacia abajo. Se puso en manos de sus amigos y allegados, y con ellos llevándolo de la mano, salió del túnel sin fondo en el que se había perdido años atrás.

“In 1967, I won, through God, the victory over drugs, through human anchors that He sent me” (“En 1967 gané, gracias a Dios, la victoria sobre las drogas, a partir de las anclas humanas que Él me envió”)

Aun cuando esta experiencia es innegable, la redención como tema que empapa su música no es sólo aquella que afecta al drama personal. Es también la injusticia informe, esa que clama al cielo, surgida de las estructuras deficientes creadas por el hombre. Es esta injusticia estructural y cósmica contra la que Johnny se rebela con la fuerza de su voz y su compromiso social. Recordando la dureza con que la policía de Jamaica trató a los ladrones que le robaron con cierta violencia a él y su familia durante sus vacaciones de 1981, Johnny diría:

“What´s my stance on unofficially sanctioned summary justice in the Third World? I don´t know… What´s yours?… I´m out of answers. My only certainties are that I grieve for desperate young men and the societies that produce and suffer so many of them, and I felt that I knew those boys (“¿Cuál es mi posición frente a la justica sumaria extra-oficial en el Tercer Mundo? No lo sé. ¿Cuál es la tuya?… No tengo una respuesta. Mi única certeza es mi duelo por aquellos jóvenes desesperados y por la sociedad que produce y sufren tantas personas, y siento que conocía a esos muchachos”).

La canción The Man Comes Around (título además del IV Álbum de la serie de American…) es sin duda un poderoso reclamo –apocalíptico – de esta redención completa del mundo y todo lo que lo habita.

 

Y llegamos así a su testamento musical-existencial: American VI: Ain´t no grave, su álbum póstumo, grabado mientras camina la línea de la vida y de la muerte. Se trata en esencia de un canto a la esperanza. Allí encontramos su versión de I Corintios 15, 55 en donde la aparente derrota del calvario deviene en la gloriosa Pascua que ya asoma:

Oh death, where is thy sting?

Oh grave, where is thy victory?

Oh life, you are a shining path

And hope springs eternal just over the rise

When I see my Redeemer beckoning me

Y con ello llegamos al punto final de este artículo-homenaje. Con el mismo deseo que le hizo cantar Ain´t no grave, la misma promesa que él vivió en muchos momentos, de forma adelantada:

No hay sepulcro ni losa que pueda retener tu cuerpo, Johnny.

 

Santiago Huvelle es licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Sus interesen abarcan la fenomenología y el pensamiento de S. A. Kierkegaard. Actualmente vive en Argentina, donde imparte clases en la enseñanza media.