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6 razones para engancharte a The Leftovers antes del final

en Democultura/Series por
Tiempo de lectura: 6 minutos

Juan Serrano / Juan Rubio

Hace cuatro semanas se estrenó la tercera y última temporada de una de las series más provocadoras de la actualidad: The Leftovers. Con tan sólo cuatro capítulos para el final, ¿qué mejor momento para reivindicar esta joya? Si bien no ha alcanzado el éxito de fenómenos como Juego de Tronos o True Detective, también de la cadena HBO, The Leftovers ha cosechado el aplauso unánime de la crítica y la expectación de muchos fans. Aquí van seis razones para subirse al tren antes de que llegue a la última parada.

1. The Rapture: un apocalipsis metafísico/sobrenatural

En contraste con The walking dead o con otras ficciones que narran la destrucción mundial como un fenómeno físico (un virus, un cataclismo natural etc), The Leftovers propone un apocalipsis de corte espiritual y social. El 2% de la población mundial se esfuma, literalmente, sin dejar rastro alguno que pueda explicar un suceso tan trágico y sobrenatural. Padres, hijos, hermanos, abuelos, amigos… desaparecen de golpe, como si se hubieran disipado: “puffed away”, dicen en la serie, aludiendo a la onomatopeya que describe el sonido que haría un cuerpo al esfumarse súbitamente.

Tras el Rapto (o the Rapture), como lo llaman en la serie, este fenómeno de evidentes resonancias bíblicas, se produce un desplome de las instituciones que hacían del mundo un hogar para el hombre. Las familias se desintegran por la aparición de nuevas sectas y falsos profetas, los perros se rebelan contra sus dueños, los lazos de confianza se resquebrajan; el mundo deja de ser un espacio domesticado por la mano del hombre para volverse un entorno cada vez más hostil a cualquier estructura de civilización. Es decir, el apocalipsis no como destrucción del mundo sino como pérdida del hogar.

[Si al acabar te quedas con ganas de más, no te pierdas la réplica a este artículo: 6 razones para NO engancharte a The Leftovers]

De este modo, The Leftovers desarrolla un asombroso estudio de la descomposición social y ofrece una sorprendente perspectiva existencialista sobre un argumento apocalíptico.

Fotograma de la cabecera de la primera temporada

2. Una serie de misterio que no trata de resolver el misterio

Desde el primer capítulo, The Leftovers deja claro que no le interesa resolver la ecuación: no indaga en las causas concretas que propician el Rapto. La serie se centra en la actitud de los seres humanos ante lo misterioso cuando se convierte en algo cotidiano con lo que convivimos. De hecho, el Rapto no es el único fenómeno sobrenatural: a lo largo de toda la primera temporada nos vamos percatando, a través de los sueños de Kevin y de la relación con su padre, de que hay algo desconocido y omnipresente en la vida de los habitantes de Mapleton.

El misterio hace aquí de escenario, de gran campo de juego donde los movimientos de los personajes tienen sentido solamente si aceptamos las premisas del juego. No sin razón se ha calificado esta serie de “drama religioso”, donde la acción y todos los giros argumentales sólo pueden ser explicados dentro de una categoría que nos sobrepasa y que, al mismo tiempo que parece asfixiar —también al espectador, quien a menudo acaba los capítulos sin aliento—, abre posibilidades inimaginables fuera del nuevo mundo inaugurado por el suceso sobrenatural del Rapto.

Si antes decíamos que The Leftovers indaga con mucho acierto en el apocalipsis como destrucción del hogar, ahora constatamos que explora las posibilidades de la reconstrucción por la recuperación de la conciencia de lo que es verdaderamente importante.

 

Fotograma de la cabecera de la segunda temporada

3. La posibilidad de redención

 The Leftovers es, no lo vamos a negar, una serie difícil de ver. Muy poco complaciente con el espectador: es apabullante, te golpea y te machaca. Y cuando parece que todo ha terminado, te vuelve a golpear. Y, sin embargo, es una serie que habla sobre la redención. O, al menos, sobre su posibilidad incluso cuando todo parece ir en contra.

El tercer capítulo de la primera temporada nos presenta formalmente al principal encargado de que mantengamos la esperanza en una luz que, a ratos, solamente él parece ver: el pastor Matt Jamison. En el que es uno de los mejores capítulos —si no el mejor— de la serie, “No room at the inn” (2×05), Matt destierra al John Locke lindelofiano en que parecía haberse convertido superándolo con creces: “porque es mi turno” es la frase que pone broche final al capítulo y al ecuador de la segunda temporada. El pastor Jamison no hace de intérprete resabiado del mundo que da consejos a los pobres mortales, sino de Job: conoce la verdad pero no comprende el porqué, y juega un pulso con Dios que pierde; es decir, que gana.

La cuestión de la redención tiene que ver con la fe y con la esperanza, pero entendidas como acto humano que se desenvuelve en un mundo cuyo verdadero rostro sólo puede verse si se admite el misterio como tejido de la realidad. En esta clave es posible rastrear la exigencia de sentido último y la esperanza en la redención en toda la serie, plagada además de referencias bíblicas y sobrenaturales.

El reverendo Matt Jamison, interpretado por Christopher Eccleston

4. Kevin Garvey, el pastor Matt Jamison, Holy Wayne: personajes fascinantes

Para tratar este acontecimiento de proporciones planetarias, la serie decide centrar el punto de vista en un pequeño grupo de personajes: Kevin Garvey, el sheriff de una pequeña localidad en los EE.UU., y su familia. Además de otros ciudadanos del pueblo, como el pastor Matt Jamison, o el misterioso Holy Wayne, líder religioso buscado por el Gobierno. Una galería de caracteres que permite explorar una multitud de posiciones frente a una experiencia común de luto, pues casi todos los vecinos han perdido a alguien en el gran Rapto. Lo apasionante es ver de qué modo este suceso transforma sus vidas y los precipita a un viaje inesperado y distinto para cada uno de ellos. En el caso del protagonista, el sheriff Garvey, un hombre distanciado de su familia y completamente desorientado, el traumático Rapto despierta en él una embargadora nostalgia. Y lo lanza también a una serie de experiencias oníricas, quizás sobrenaturales, directamente relacionadas con la clave del misterio.

El sheriff Garvey, interpretado por Justin Theroux

5. The Guilty Remnants: una mirada compleja sobre la experiencia religiosa

La principal causa de ruptura familiar en la serie es la secta de los Guilty Remnants, la cual interpreta la desaparición masiva del 2% mundial como un toque de atención. Un recordatorio de que los humanos estamos hechos para la muerte y por tanto debemos prepararnos para ella, conscientes de que todo lo demás (casa, trabajo, amigos, amor etc.) es pura vanidad. Por eso The Guilty Remnants forma una comunidad de personas desarraigadas que se dedican a tres cosas: fumar permanentemente (a modo de culto a la muerte: “we smoke to proclaim our faith” es su lema), cumplir un estricto voto de silencio (todo es vanidad frente a la muerte) y acosar a los que aún viven en la engañosa mundanidad para que se unan a ellos. Pero lo más inteligente de estos personajes es que, a través de ellos, The Leftovers no se limita a una crítica al uso: a pesar de que el discurso de esta secta es engañoso y manipulador (como el de todas), responde a preguntas auténticas. Conecta con una necesidad íntima de encontrar un sentido a la vida y, en el caso de los personajes, a la traumática experiencia del Rapto. Las respuestas son falsas, pero apuntan a preguntas verdaderas. La mujer de Kevin Garvey, de hecho, los abandona a él y a sus hijos para unirse a los Guilty Remnants.

Una asamblea de Guilty Remnants

6. D`Lindelof (des)encadenado

Damon Lindelof y junto a Tom Perrotta, autor de la novela original

Los guiones de The Leftovers tienen el sello de Damon Lindelof: son entretenidos, adictivos y con una brillante mezcla de filosofía, religión y mitología. Un Lindelof desatado, en lo que a su talento se refiere, pero también maduro y contenido. El desarrollo de la serie, en efecto, carece de los defectos que lastraron las últimas temporadas de Perdidos, la serie que le hizo saltar a la fama. Mientras en ésta se inflaba la expectación del espectador con sucesos cada vez más impactantes e intrigantes, en The Leftovers el planteamiento es mucho más honesto: se trata de indagar en las consecuencias psicológicas y sociales del Rapto, no de aportar una explicación imposible (y necesariamente frustrante para el espectador).

Se podrían incluir muchas más razones pero estas son más que suficientes para animarse a ver The Leftovers, tanto si eres de los que nunca se han acercado a ella como si eres de los que empezaron y abandonaron después del segundo capítulo. Los fieles seguidores de la serie sabéis bien de lo que hemos hablado y estaréis disfrutando con la tercera temporada, de la que escribiremos cuando acabe en cuatro semanas.

Disfrutad del Rapto, de Kevin Garvey y sus visiones, de los Guilty Remnants. Dentro de cuatro semanas desaparecerán de nuestras vidas. Esfumados para siempre.

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