Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Internacional

Turquía o la democracia suicida

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Al igual que los griegos, que en su democracia clásica condenaron a Sócrates a ingerir la cicuta para matarlo, la democracia representativa padece de instintos suicidas intermitentes. Un nuevo bollo, este con aspecto de donner, ha venido a engordar el descrédito hacia los valores demócratas tras el referéndum acontecido hace escasas semanas en Turquía. Una vez más, la democracia disparándose en el pie.

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Siria: el cuento de guerra de nuestra generación

en Internacional/Mundo por
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Cada época tiene y vive su propia guerra. Nuestros abuelos tuvieron su respectiva guerra mundial y sufrieron sus crueles y fratricidas guerras civiles asociadas. Nuestros padres vivieron, en la televisión y en la propaganda, esa guerra declarada “fría” y sus numerosos conflictos “ardientes” en zonas periféricas (y descolonizadas en paralelo) entre las viejas banderas izquierdistas y derechistas. Y cada uno de estos conflictos fue contado, como tragedia o comedia, por los protagonistas de los mismos, desde el dolor que nunca desapareció o desde la risa de aquello humano que se pudo salvar. Sigue leyendo

Los Godos de Pérez-Reverte

en Cultura política/Internacional/Pensamiento por
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Leí hace bastante tiempo un artículo de Pérez-Reverte, terriblemente lúcido, llamado “Los Godos del emperador Valente”. En él enuncia las sombras que se ciernen sobre Europa, fruto de la amenaza terrorista, la presión migratoria y sus debilidades internas, en un audaz paralelismo con la caída del Imperio Romano, para acabar sentenciando:

“El problema que hoy afronta lo que llamamos Europa, u Occidente (….)  es que (…) tiene fecha de caducidad y se encuentra en liquidación por derribo. Incapaz de sostenerse. De defenderse. Ya sólo tiene dinero. Y el dinero mantiene a salvo un rato, nada más”. Sigue leyendo

La mecánica naranja

en Internacional/Mundo por
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En los Países Bajos se desarrolló el sistema de verzuiling, un modo de segmentar la sociedad por religión o ideología política, en la que cada sector organizaba sus propias instituciones. Al mismo tiempo, fue en este país donde surgiría por primera vez el consociativismo, es decir, la búsqueda de consenso en esta fragmentación social. Además, en los años ochenta se inauguró también allí el poldermodel, con el cual, para resolver las tensiones entre las fuerzas socioeconómicas, se profundizó en la consecución de pactos. Sigue leyendo

[VÍDEO] Siria: la guerra del mundo actual – por Florentino Portero

en Internacional/Mundo/Vídeos por
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Florentino Portero es uno de los expertos más relevantes en el ámbito de las relaciones internacionales en España. Dirige el grado en Relaciones Internacionales y el Instituto de Política Internacional de la Universidad Francisco de Vitoria y es investigador asociado y miembro del Consejo Científico del Real Instituto Elcano.

En tres pequeñas piezas audiovisuales, Portero pone la atención en las siguientes cuestiones.

  • ¿Qué está pasando en Siria?
  • ¿Qué papel está jugando el Estado Islámico?
  • ¿Cómo está viviendo Europa este conflicto?
  • ¿Quiere o tiene que hacer algo la administración Trump en toda esta cuestión?

Parte I

Parte II

Parte III

Habrá que estar atentos

en Internacional/Mundo por
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Empezamos la semana con una congoja amarrada al cuello, la doblamos con un suspiro de alivio y la cerramos con la sensación de que lo peor está por llegar.

El lunes teníamos casi la certeza de que Geert Wilders iba a servirnos un poco de cicuta. Todo parecía indicar que Holanda trasplantaría a Europa la peor cara electoral que vivimos en noviembre en EEUU. En este caso no era imprescindible una victoria. Ni siquiera era necesario que su xenófobo Partido por la Libertad (PVV) lograse los resultados necesarios para formar gobierno.

A primeros de marzo los sondeos ya apuntaban la bajada de las expectativas electorales de Wilders y los suyos y la victoria del Primer Ministro, Mark Rutte, y, sin embargo, la presencia de Wilders  se veía como una amenaza, una más, para la estabilidad de Europa y en Europa. En este cuadro elaborado por Kiko Llaneras para El País del 14 de marzo con datos de Quirksmode podemos observar las tendencias de los principales partidos holandeses en el último medio año.

El miércoles, media Europa contuvo la respiración durante las 13 horas largas en las que nuestros vecinos estuvieron votando. Con el añadido de que ya se sabía que el recuento iba a ser lento, puesto que se iba a hacer de manera manual por temor a los ataques informáticos desde Rusia. Así que durante horas, una vez cerradas las urnas, íbamos a volver a depender de los sondeos, esta vez con datos obtenidos a la salida de los colegios.

Entre las particularidades electorales holandesas está el hecho de que celebran la jornada electoral en día laborable: respetan así los principios y la variedad religiosa del país. Otro elemento interesante es que no hay jornada de reflexión (una antigualla) y, por lo tanto, la campaña se prolonga casi hasta el mismo momento de abrirse los colegios electorales. 

Los debates electorales, tradicionales en esta vieja democracia de la vieja Europa, se celebran constantemente y en cualquier momento. Tanto es así que en las 48 horas previas a los comicios, el lunes, los holandeses pudieron ver un cara a cara entre Mark Rutte y Geert Wilders y una sucesión de debates cruzados entre casi todos los candidatos. Solamente faltó Tunaham Kuzú, líder de Denk (una formación que aglutina el voto de los inmigrantes musulmanes y al que se considera próximo a los intereses de Ankara). Una lección de normalidad democrática.

Y llegaron los resultados. Ipsos, por ejemplo, ofrecía esta proyección media hora después del cierre:

Si lo comparamos con la composición del parlamento saliente…

Elaboración Propia

Era el momento del respiro de alivio del que hablábamos al principio. Parecía lógico y posible que el Primer Ministro, Mark Rutte, repitiese en el cargo, aunque con una coalición de partidos más amplia y, por lo tanto, más complicada. Pero Wilders tenía que conformarse con un segundo puesto a repartir con los Democristianos y los Liberal Progresistas. Una posición que no le impidió afirmar: “somos segundos, hemos ganado”.

La realidad, con el 95 % de los votos escrutados, la podemos ver en este cuadro del Financial Times.

A la vista de que habrá pocos cambios sobre estos datos podemos extraer tres titulares:

  • Mark Rutte podrá formar Gobierno pero tendrá que sumar a más partidos a su coalición y el poder estará más repartido. Sus políticas de ajuste estarán más “controladas” por sus futuros socios.
  • Los laboristas pagan la factura de respaldar al Gobierno de Rutte durante estos años y sus ajustes. De segunda fuerza y alternativa de gobierno pasan a ser la séptima y con casi total seguridad quedarán fuera del ejecutivo.
  • Los xenófobos de Wilders se convierten en la segunda fuerza parlamentaria en solitario y liderarán la oposición. Pero no logran sus mejores resultados ya que en 2010, cuando accedieron al primer gabinete de Rutte, llegaron a sumar 24 escaños.

Nos hemos quitado el susto pero la amenaza sigue ahí. En un mes tenemos la primera vuelta de las elecciones en Francia. Los sondeos mantienen a Marine Le Pen como ganadora en la primera vuelta (23 de abril) con Emmanuel Macron aprovechando el desbarajuste por la izquierda (Benoit Hamon no termina de asentarse como una alternativa real y podría conducir al Partido Socialista a no acceder, por segunda vez en este siglo, a la segunda vuelta) y por la derecha (François Fillón se ha topado con la justicia y todo parece indicar que se dejará fuera de la ronda definitiva a Les Républicains).

En las elecciones presidenciales de 2002, Jacques Chirac, que optaba a la reelección, logró el 19,88% de los votos en la primera vuelta y Jean-Marie Le Pen (el padre de la actual candidata del Frente Nacional) alcanzó el 17,79%, dejando fuera de la elección definitiva al socialista Lionel Jospin, que se quedó en el 16,81%. Aquellos resultados supusieron un pequeño terremoto en Francia. La carrera política de Jospin terminó ese 21 de abril al tiempo que la de Le Pen llegaba a su cima.

El 5 de mayo, en la segunda vuelta, los franceses se envolvieron en la bandera tricolor y votaron en masa por Chirac, que logró un resultado sin precedentes: 25,5 millones de votos y el 82,21% de los sufragios. El líder ultraderechista apenas sumó un punto a sus resultados y con el 17,79% de votos cayó derrotado. Esas elecciones quedaron marcadas por una atípica segunda vuelta en la que, rompiendo la tradición, no se celebró un debate electoral entre los dos aspirantes a la presidencia de la República.

Después llegarán las elecciones en Italia y en Alemania. El Movimiento 5 Estrellas es la principal amenaza en Roma. Y Alternativa para Alemania (AfD) lo es en Berlín. La canciller Angela Merkel se juega buena parte de su legado político en esos comicios. Martin Schulz es, probablemente, el rival más cualificado que el SPD le podía plantear en esta ocasión y, probablemente también, el más correoso socialdemócrata al que Merkel se ha tenido que enfrentar desde que derrotó al por entonces canciller, Gerhard Schröder, en 2005. Ni Frank-Walter Steinmeier en 2009 ni Peer Steinbrück en 2013 estuvieron a la altura.

De lograr la victoria y renovar como canciller, Merkel no sólo conjuraría el peligro que supone la formación ultraderechista de Frauke Petry. Entraría también en la historia reciente de Alemania al ponerse a la altura de Konrad Adenauer (1949, 1953, 1957 y 1961) y de Helmut Kohl (1983, 1987, 1990 y 1994) en cuanto a victorias consecutivas en las elecciones federales. El primero fue canciller durante 14 años y será recordado por reconstruir la Alemania Federal tras la II Guerra Mundial. El segundo permaneció 16 años en el cargo y será recordado por haber logrado la reunificación de Alemania. Merkel cumple 12 años en septiembre y su mandato estará marcado por el férreo control que ha mantenido sobre las políticas de austeridad que ha impuesto en la Unión Europea tras la crisis económica de 2008.

Claro que tras verla el viernes en su visita a Washington, es posible que la recordemos por haber sido la líder mundial que con más contundencia plantó cara a Donald Trump. Su primer encuentro cara a cara, en la Casa Blanca, pospuesto 72 horas por el temporal de nieve que azotó a la costa este de EE UU a primeros de semana ha dejado más imágenes que contenido.

La cara de susto de la canciller alemana tiene, probablemente, tanto que ver con el fondo de las palabras del Presidente de Estados Unidos como por las formas del nuevo inquilino de la Casa Blanca. Un minuto posaron para los periodistas en el Despacho Oval, como es tradición, y Trump fue capaz de no mirar a su invitada en ningún momento. Fue capaz de no responder a sus comentarios. Fue capaz de no saludarla, como suele ocurrir en este tipo de encuentros. Fue capaz, en definitiva, de ignorarla de la manera más explícita que quepa imaginar.

Es cierto que en la rueda de prensa posterior cuidó un poco más las formas y hubo saludo que las cámaras pudieron captar. Pero el mal ya estaba hecho.

Es evidente que Donald Trump está dispuesto a ignorar a sus socios y aliados sin contemplaciones y que, mientras pueda, hará la guerra por su cuenta. Mala noticia. Pero lo peor es que, desde el otro lado del charco, me llegan mensajes poco alentadores. Un buen amigo y fino analista me escribía, esta misma semana (pero antes del encuentro entre Trump y Merkel) que lo peor está por venir porque estamos en un momento difícil.

Coincido con él y habrá que estar atentos.

Astérix en Europa

en Internacional/Mundo por
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La carrera por la presidencia de Francia se ha vuelto emocionante, por lo tanto, preocupante; la corrupción persigue a François Fillon y a Marine Le Pen, mientras que la sombra rusa intentará complicar al socioliberal Emmanuel Macron.

Las encuestas insisten en el triunfo del Frente Nacional en primera vuelta y en su derrota en el ballotage, no está claro aún con cuál contendiente. De todos modos, aunque el triunfo de Marine Le Pen se vislumbra difícil, no es imposible. La victoria holgada de Jacques Chirac sobre Jean-Marie Le Pen en las elecciones del 2002 ya no sirve tanto como referencia; factores como el contexto internacional y asuntos internos como la tensión multicultural o el deterioro del sector agrícola están cambiando rápidamente el mapa social y político.

Así, con el Partido Socialista en crisis y la centroderecha apenas resistiendo, la ultraderecha se eleva como nunca y sorpresivamente también el centrismo.

El triunfo de Le Pen sería un coqueteo con el olvido de las modernas luces y de la vergüenza de Dreyfus o Vichy; el viejo chauvinismo de aldea gala que se encandila con el dorado trote de Juana de Arco puede confinar a Francia y darle una estocada fatal a Europa.

Por otro lado, Fillon tendrá que aceptar que un conservadurismo tendiente a sobrevivir difuminando los límites distintivos del populismo por medio de absorber en parte sus propuestas, podría, en su cinismo, ser útil para desactivar progresivamente la pasión xenófoba, pero como se vio en Reino Unido, es un juego bastante peligroso.

Al mismo tiempo, el europeísmo necesita renovarse y tratar de comprender las causas que atizan el auge de partidos extremistas en casi todo el continente. Por esta razón, Macron, si vence, afrontará uno de los desafíos más grandes de la historia de la Quinta República.

Ante este panorama, Francia ya está recorriendo un camino hacia lo desconocido, hoy más que nunca se hacen reales las palabras del Cardenal Richelieu: “La lealtad es simplemente una cuestión de fechas.”

El 7 de mayo, dos días después de otro aniversario de la muerte de Napoleón, Europa puede estirar o acortar, un poco más, su espera de ser extraida, lo que es seguro, más allá del resultado, es que el ímpetu del aperturismo y el del proteccionismo seguirán fluyendo por sus entrañas friccionando su destino.

 

Go hard like Vladimir Putin o cómo la música no amansa a la fieras

en Internacional/Mundo/Música por
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Putin ha ganado. La victoria electoral de Trump, la tregua en Siria, la dominación de zonas de Ucrania, las victorias de presidentes pro-rusos en Moldavia y Bulgaria, el mantenimiento de los precios del petróleo, el apoyo creciente de movimientos identitarios en Europa Occidental. El 2017 abría con este gran titular, la prensa de medio mundo proclamaba su triunfo sin paliativos. Obama se marchaba, su alter ego mediático e ideológico (y supuestamente geopolítico), y él se quedaba sine die, pero no solo como presidente todopoderoso en una Rusia denunciada como “oscura y amenazante”, sino supuestamente en los parlamentos y ordenadores de las democracias occidentales. Sigue leyendo

Instatrump

en Internacional/Mundo por
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Donald Trump se ha convertido en el 45º presidente de Estados Unidos, y muchos siguen insistiendo en que representa el fin de una era, pues la supremacía anglosajona habría terminado por propia iniciativa. Los que vienen augurando desde hace décadas el advenimiento de la hegemonía china o la inviabilidad de la globalización vislumbran por fin sus expectativas.

Muchas de las causas señaladas para que este tipo de líder político haya llegado al poder, parecen ajustarse a la realidad; las frustraciones de la globalización o la revancha blanca fortalecen el amparo nacionalista, pero hay una que subyace tanto en el desencadenamiento de este encierre anglosajón como en su explicación: una inmediatez llena de superficialidad solidifica la ignorancia que empuja a entregarse a la imagen audaz, encarnada en este presidente del decreto-tweet. Al mismo tiempo, quienes critican estupefactos esta elección caen en la misma dinámica: el suicidio del imperio, el fin de la globalización o el triunfo de Putin no son más que razonamientos ligeros. Unos necesitan visualizar una política veloz, los otros profetizan el apocalipsis. De este modo, todos apuran un repentino e ineluctable vuelco del sistema con una colosal falta de prudencia. Sigue leyendo

[RELATO] Casilda sabe multiplicar

en Asuntos sociales/Internacional por
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El  domingo 15 de diciembre se conmemora la Jornada Mundial del emigrante y del refugiado, con el lema: “Menores migrantes vulnerables y sin voz. Reto y esperanza”.

Hace poco más de un año escribí este pequeño microrrelato para la editorial 360 Grados Libros donde de forma muy sencilla traté de plasmar la sonrisa de un niño en el caminar,  en el rumiar; en el tiritar de la miseria.

El Papa Francisco, en su mensaje a propósito de esta Jornada, pone especial hincapié en la necesidad de que la comunidad “se comprometa” con los “que se asoman a la vida, son invisibles y no tienen voz”. Los niños. Ese “colectivo” de humanitos que tienen la vocación de estrenar el mundo cada día y transformar los corazones de los hombres, está acosado por “aquellas gentes sin escrúpulos”, que según arroja UNICEF: 1,8 millones de ellos son víctimas de la explotación sexual, “iniciados en la prostitución o atrapados en la red de la pornografía”. 300.000 niños víctimas de la violencia y de la guerra, “reclutados como soldados, involucrados en el tráfico de drogas y en otras formas de delincuencia”. Y 168 millones “esclavizados por el trabajo u obligados a huir de conflictos y persecuciones, con el riesgo de acabar solos y abandonados”.

Casilda, la niña inventada basada en hechos reales, tiene la responsabilidad, con lo pequeña que es, de removernos y volver a ponernos ante el drama de la Europa dormida. Al mismo tiempo que se desvanecen los tratados de la Convención Internacional sobre los Derechos de la Infancia, uno de los grandes ideales y ejemplo de las mayores cotas de humanidad en los países democráticos, entre las pisadas de barro de los caminantes sirios, libios y jordanos.

Que estas líneas nos sirvan para ubicar al Otro en el Otro.

Espinosa Martínez, seudónimo de Ricardo Morales Jiménez  — Codirector de Democresía

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Eurentrée

en Internacional/Mundo por
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El Brexit ha ganado y, si realmente se hace efectivo, algunos auguran una catástrofe económica y un efecto domino disgregador en Europa a través de referéndums descontrolados en países euroescépticos como la República Checa. Todo al mismo tiempo que Reino Unido se despieza como Yugoslavia.

Por otro lado, surge un punto de vista más optimista en donde la Unión Europea, liberada del lastre británico y con la negativa imagen que está dando la ruptura, como se ve, según recientes encuestas, en el crecimiento del europeísmo en los países nórdicos, aceleraría el camino hacia una verdadera federación. Simultáneamente, Gran Bretaña se consolidaría como cómoda bisagra o correa de transmisión entre Estados Unidos y Europa, es decir, como el nexo independiente de Occidente. Sigue leyendo

Lecciones del Brexit y una salida a la salida

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Aparte de incendiar las redes sociales y las esperanzas de los jóvenes británicos y no británicos que viven en las islas, el Brexit ilustra algunas particulares que empieza a caracterizar la política del siglo XXI. Si en el siglo XX fueron las ideologías, el asociacionismo y las luchas de clases las que decantaron el voto de los ciudadanos, poco a poco la accesibilidad a la información, los medios de comunicación de masas y la mediatización direccionada de la opinión pública están dando paso a la marketinización de la política – o mercantilismo si lo traducimos al español, lo que acerca el término a un concepto más resultadista y lucrativo, que es al fin y al cabo de lo que se trata. Sigue leyendo

Churchill, Schuman y Adenauer: tres discursos sobre Europa

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Reino Unido ha dicho que ya no juega más, que no se fía del resto y que quiere que le devuelvan su soberanía. Lo hace en un contexto bastante difícil, animada en parte por los populismos internos y en parte por los populismos externos, por la crisis económica, por la llegada de refugiados y por ese sentimiento de descontrol generalizado que sobreviene a los pueblos cuando se afrontan retos verdaderamente graves (ese que tan bien ilustra Mafalda: “Que paren el mundo que me quiero bajar”).

Todos sabíamos (y, si no, ya lo sabemos), que el proyecto europeo depende enteramente de que los pueblos que lo conformamos seamos, además, capaces de sostenerlo, tarea tanto más difícil cuando, a los tiempos de crisis, se suman inevitablemente los errores y vicios asociados al paso de los años. La pregunta tras el referéndum británico es: ¿Y, ahora, qué? Sigue leyendo

Brexit, populismo y austeridad

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La decisión del pueblo británico de abandonar la Unión Europea ha supuesto el más duro golpe sufrido por el gran proyecto de paz, libertad y prosperidad que surgió en el continente años después de la Segunda Guerra Mundial.

“Estamos con vosotros, pero no somos uno de los vuestros” afirmaba Winston Churchill cuando se le preguntaba por la relación entre las dos partes. Una frase que cobra todo el sentido en estos momentos convulsos que exigen respuestas que llevamos esperando demasiado tiempo. Hace 46 años que el Reino Unido decidió ingresar en la entonces CEE, siempre con poco entusiasmo, manteniendo ciertas distancias y con un estatus especial que le permitió hasta el último momento ser un socio a la carta. El Brexit del pasado 23 de junio acabó con más de cuatro décadas de pertenencia a un selecto grupo de países entre los que Gran Bretaña ha sido pieza fundamental por su papel como primera potencia política y militar, y por tratarse de la segunda economía europea. Es el momento de preguntarse por las razones que han causado este gran terremoto europeo y mundial cuyas consecuencias a corto y medio plazo no son fáciles de determinar. Sigue leyendo

La polémica: ¿fanatismo o islamismo?

en Asuntos sociales/Internacional/Religión por
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Musulmán armado con la Shahada (“No hay más dios que el Dios, Muhammad es el mensajero del Dios”)

Muchos años de vida carga a su espalda la guerra santa en Oriente: los ataques de las células yihadistas en países arábigos se remontan muchos años atrás, y el mundo civilizado se acostumbró tiempo ha a titulares bélicos mensuales en las noticias. Boko Haram no es nada nuevo en África, ni IS en Asia: son dos caretas de una misma persona que ya es asesina multicentenaria.

Pero los sucesos de la Primavera Árabe que todos conocemos, en Libia con el ya olvidado Gadafi, en Túnez o en Siria, llamaron poderosamente la atención en “Occidente”. El ciudadano de a pie (de entre los ciudadanos informados) lo tomó como una revolución francesa a lo arábigo, y seguía las noticias con relativa atención. Y las grandes potencias industriales, movidas por intereses prioritariamente económicos, decidieron involucrarse en los conflictos, apoyando a los militantes de un signo y de otro (como Francia y Rusia). Al menos hasta que, en plena rebelión siríaca contra Bashar al-Asad, determinados medios de comunicación comenzaran a llamar la atención sobre la evidente participación de células terroristas como Al-Qaeda en el levantamiento popular. Y así sigue Siria, dividida entre dos tiranías, oprimida por derecha e izquierda.

El caso es que el Yihad volvió a los teleinformativos con inusitada fuerza, y las cuestiones fundamentalistas se hicieron su hueco en la mente colectiva. Pero no ha sido hasta hace unos meses, cuando se redoblaron las amenazas desde IS hacia Inglaterra, Francia, EEUU o España, una verdadera preocupación para el español medio. Y aun hoy, es una vaga idea que amenaza, pero que no se nota ni se siente, por lo que sólo es relevante mientras nuestro sujeto imaginario lee el periódico.

El caso es que ha resurgido con vigor en la sociedad desarrollada una pregunta clásica: ¿es esto el Islam? ¿Es religión, o es culto al mal? ¿Humaniza al hombre, o lo derruye y lo vuelve un monstruo?

Cuando se veía la situación afgana en la tele desde el sofá, era fácil despachar el problema con la todopoderosa remisión a “cuestiones de cultura“. “¡Ná, si es que estos árabes son unos burros!”, y a otra cosa mariposa. Pero cuando tantos periodistas compatriotas, o cercanos internacionales, pierden la vida delante de su propia cámara, o cuando el vecino del tercero que jugaba con el hijo de uno cuando eran pequeños viaja a combatir el Yihad, la cosa cambia y la anterior respuesta es fútil y desechable.

El Islam es una religión del libro. Esta expresión tiene un origen distinto, pero ha servido durante mucho tiempo como ataque contra las religiones, para mostrarlas como productos de fantasía y contrarios a toda razón, y así contrarios al hombre mismo. El creyente supuestamente tiene que seguir a rajatabla un precepto en un libro, por innumerables que sean los argumentos contrarios que se puedan levantar.

Muchos son los que han dicho que las principales religiones del libro son el judaísmo, el cristianismo y el Islam. A mi parecer, la frasecilla no es definitoria: es sólo una expresión descriptiva. El judaísmo actual en la mayor parte de las ocasiones se deja seducir por la exclusiva literalidad de la Torá, como lo prueban, entre otros muchos casos, las filacterias. Pero me parece muy simple aplicar la locución a la religión cristiana. Cierto es que algunas adulteradas formas de cristianismo, como la encabezada por Martín Lutero, se enfrentan a una Tradición que se remonta a las primeras comunidades cristianas y proclaman los imperios de la “sola fidei” y de la “sola Scriptura” (en las mismas palabras del teólogo alemán), eliminando toda referencia a la razón humana. Por lo que respecta a la Iglesia Católica, siempre se ha valorado la intervención activa de la razón en la comprensión de los textos bíblicos y del contenido de la revelación cristiana, destacando documentos modernos como Providentissimus Deus del Papa León XIII, Fides et ratio de san Juan Pablo II o Verbum Domini, de Benedicto XVI, la explicación oficial más cercana en el tiempo, en la que se llama la atención explícitamente sobre la “necesidad de trascender la <<letra>>” (VD 37 y 38).

La cuestión es que años luz separan catolicismo e Islam. Los musulmanes están obligados a la fe en el Alá de Mahoma a expensas de la razón y por encima de cualquier duda sobre cualquiera de las realidades relativas. De hecho, ni les está permitido: es un impío el que cuestione lo que ocurrió en aquel retiro del Profeta, que san Gabriel le entregó el Corán de parte del único Dios. Porque, así las cosas, el Corán se recibe como revelación para todos los tiempos por la comunidad musulmana… ¡Y quién se atreverá a llevar la contraria a Alá, el único Dios!

Pero en muchas ocasiones parece que Alá se contradice a sí mismo: por ejemplo, en el mismo Corán se ordena el combate para extender el nombre de Alá, degollar a los enemigos del Islam y guerrear contra judíos y cristianos, a no ser que pagaren tributo y se sometieren. Y en otros versículos del mismo libro sagrado se compara el asesinato con la incredulidad, uno de los peores pecados en que puede incurrir un musulmán.

Ante este dilema, la mayor parte de la histórica comunidad musulmana llevó su atenta mirada a la expresión coránica: “obedece a Dios y a su mensajero” (Corán 3, 32). Si era difícil escuchar a Dios, el obstáculo debía salvarse atendiendo a la santa vida del Profeta, y así se recopila la Sunna, una colección de dichos y hechos de Mahoma para una correcta interpretación del Corán. El problema es: ¿quién diantre interpreta a Mahoma?

Porque Mahoma fue un yihadista hasta las trancas. En el Islam, el Yihad es un concepto mucho más amplio que el de “guerra santa” que nosotros exclusivamente le atribuimos. Diferencian entre el Yihad menor y el Yihad mayor. El Yihad menor sería la acción externa dirigida a extender el Estado Islámico y el nombre de Alá, que en ocasiones deberá tomar la violencia como aliado (así, la “guerra santa” es una parte del Yihad menor), y el mayor constituye la conversión interna a Alá.

Pues bien: Mahoma debió ser “yihadista mayor” como nadie, no quiero ponerlo en duda. El caso es que también alzó sobre sí la espada en señal de lucha, también degolló y también predicó la violencia. Y señala cómo es posible llegar al Yihad mayor a través del menor, si bien el camino natural, también según su magisterio, debe ser el contrario.

La clave está en el carácter de lucha o de defensa de la fuerza ejercida. Pero, como dije antes, ¿quién interpreta a Mahoma? No es el uso de la razón lo que separa a un buen musulmán pacífico de un buen musulmán terrorista: es la interpretación del Yihad, del mandato de Alá de extender el Estado Islámico. Y repito: como la razón no importa en el universo coránico, sino la revelación de Alá por encima de todo, lo que nosotros condenamos como asesinato un estudioso neutral del Islam debiera atribuirlo a divergencias de interpretación. Fethullah Gülen, uno de los estudiosos más importantes del Islam y de mayor trascendencia a nivel internacional, atribuye el fundamentalismo no al contenido del Islam (del que dice que es contrario), sino a un fallo educativo en la estructura del mundo musulmán, y argumenta que la guerra de Mahoma era defensiva siempre frente al agresor, que amenazaba con la extinción de la Palabra de Alá. Pero, ¡quién sabe…! O si no que le pregunten a Bin Laden sobre pureza religiosa. ¿Cuál es, con Corán y Sunna en mano, la interpretación correcta del Islam? La cuestión es que sólo Alá lo sabe.

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