El día que se proclamó la República

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La proclamación de la II República, vista por César González-Ruano, testigo directo y excepcional, (Extracto de ‘Mi medio siglo se confiesa a medias’, las memorias del periodista y escritor, publicadas en 1951)

“Entretanto había caído la Monarquía en España. Permitidme que lo diga simplemente así. Yo en nada intervine, ni aquello creo que me apasionó demasiado en un sentido o en otro.

¿Qué ideas políticas eran las mías? Bastante confusas y confundidas. Una vaga demofilia y ninguna democracia sincera. Era redactor de un diario de izquierdas como Heraldo de Madrid, pero al mismo tiempo preparaba mis papeles de familia para cruzarme en la Orden de Santiago, y mi amigo Fernando de la Quadra Salcedo, marqués de Castillejos, ponía todo en orden para que yo pudiera pedir la rehabilitación del marquesado de Cagigal. ¿En qué quedábamos? Yo, desde luego, no hubiera sabido quedar en nada. Ahora pienso que era curiosa, y aun quizá casi patológica, esta falta de sensibilidad política a los veintiocho años.

Oficialmente podríamos decir que yo estaba más en las izquierdas que en las derechas, pero jamás me había planteado a mí mismo si yo era un republicano. Creo que no lo era.

La República vino en Madrid de una manera bastante extraña vistas las cosas desde la calle. Una chusma entre siniestra y pintoresca lo invadía todo gritando cosas absurdas como:

¡Un, dos, tres,
que muera Berenguer! 

o bien como esta otra:

¡Alirón, alirón,
Alfonsito es un ladrón!

Corría por todo Madrid una turbia masa de carnaval sangriento: estudiantes, golfas, obreros y chiquillería astrosa. El desconcierto parece que era enorme y dramático en Palacio, pero esto yo no lo vi. Al otro lado puedo aseguraros que el desconcierto no era menor. Yo estuve aquella famosa tarde, inolvidable pero muy confusa en mi memoria, en casa de Marañón y en casa de Miguel Maura. Yo estuve hablando con ellos y con Fernando de los Ríos y con Azaña.

No sé siquiera cómo fui con ellos en la misma comitiva de autos ―tres o cuatro― que se dirigió a Gobernación. Tan es verdad esto como verdad, aunque no lo parezca, que no recuerde bien los detalles de aquel episodio histórico. Dos únicos periodistas fuimos aquella tarde a Gobernación y entramos con el Gobierno de la República, que aún no existía porque el Rey estaba todavía en Palacio: Miguel Pérez Ferrero y yo. Recuerdo haber llegado junto a Miguel Maura a la puerta cerrada del Ministerio de la Gobernación, donde Fernando de los Ríos la golpeó para que abrieran. La Puerta del Sol estaba hecho un hervidero de gente. Abrieron en Gobernación y Fernando de los Ríos dijo entonces pomposamente:

¡Paso al Gobierno legítimo de la República!

El desconcierto fue tan grande que la Guardia Civil presentó armas y nosotros oímos que en el patio del Ministerio se tocó la “Marcha Real”.

Cómo se fue nuestro rey Don Alfonso XIII y cómo entró aquella República, lo saben todos. Poco interés tendría que yo hiciera aquí descripciones de aquellos momentos.

Recuerdo sólo que entonces con un carnet del Heraldo de Madrid en el bolsillo, y con amistades en el Gobierno recién nacido, sentí miedo y tristeza en la calle.

Madrid se puso feo, denso, canalla. Pasaban masas lívidas de energúmenos que gritaban y pretendían llegar a Palacio para asaltarlo. Salieron unas mujeres feroces que nunca habíamos visto, insultando al Rey y a la Reina con canciones absurdas. Todo aquello encogía el alma”.

  • Imagen: Miembros del gobierno provisional de la Segunda República; de izquierda a derecha: Álvaro Albornoz, Niceto Alcalá-Zamora, Miguel Maura, Francisco Largo Caballero, Fernando de los Ríos y Alejandro Lerroux.

(@FcoDelgadoIrib) Licenciado en Derecho porque sí y Máster en Periodismo porque me apasiona desde poco después de tener uso de razón. Con vocación de periodista-escritor, he publicado libros de poesía satírica, de poesía lírica, de humor, de viajes y de columnas de opinión. Me interesa mucho la política y casi nada de lo humano me es ajeno.