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Juan Pablo Colmenarejo: “El periodismo le sobra a todos los populistas”

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Las terrazas ya están puestas. El calor empieza a apretar. El aire acondicionado en el interior de los estudios de COPE atiende poco a las gargantas de locutores y visitantes, claramente marcados con la pegatina oportuna.

Cristina Platero, la productora de La Linterna, nos viene a buscar y nos lleva por esos pasillos de  un blanco un tanto mortecino; que tan pronto pueden hacer las veces de medio de comunicación como clínica de un dentista venido a más.

Vamos al estudio de “por si las cosas fallan en el principal”. Lugar repleto de micrófonos, logos y sillas para muchos tertulianos.

“Ahora baja Juan Pablo”, nos marca con una sonrisa Cristina.

Esperamos. Preparamos las cámaras. Actualidad, periodismo, populismo y una vez más periodismo. De esto queremos hablar con Juan Pablo Colmenarejo, periodista español con un amplio recorrido en RNE, TVE, Onda Cero, COPE y ABC.  Antes de que hayamos terminado con los tiros de cámara, entra -el que por una vez es el entrevistado- con seguridad en el estudio. Saluda a todos.  Uno por uno. Apretón de manos contundente que viene a declarar que, de primeras, todo en su carácter es contundente.  Su periodismo, sus gestos, su caminar, la determinación de sus observaciones que admiten réplicas pero hasta cierto punto. Trae mirada y reloj de radio. Los treinta minutos de pregunta y respuesta serán clavados. La Linterna empieza en dos horas.

A raíz de los acontecimientos de los últimos meses ¿Qué papel crees que han jugado los medios de comunicación en la llegada de determinados movimientos o personajes de corte populista, como es el caso de Donald Trump?

Yo creo que no han tenido ningún papel. El candidato se ha relacionado con los votantes directamente. Se ha saltado el papel de intermediación con mucha habilidad e incluso con brusquedad. No hay que dejar de reconocerle la habilidad de tener una estrategia a un tipo muy faltón.

Pero vamos al fondo. Se ha saltado la red intermedia como estructura de la sociedad. Y esto es lo que el populismo trata de desmontar. Trump ganó las elecciones contra la opinión pública de la costa oeste. La opinión de la prensa ha dado igual, la opinión de las televisiones, que en Estados Unidos llega a muchísimos hogares, ha dado igual. Y él, con sus tweets y apariciones en televisión, ha conectado directamente con el público. Yo creo que la reflexión nos la tenemos que hacer nosotros, no Trump.

Ahora la cuestión es cómo recuperar el terreno para que la gente vuelva a mirar el periodismo como lo que es; un referente y un lugar donde se ejerce el derecho y el deber de informar día a día.

Eso es lo que nos ha llamado la atención. Precisamente un articulista nos ponía el dedo en ese punto. ¿Dónde ha estado el periodismo? ¿por qué se le pasó esta parte de la realidad que finalmente ha sido mayoritaria?

Bueno. No creo que sea tanta la culpa del periodismo. No hay que flagelarse tanto. Simplemente es observar y determinar que el fenómeno de Trump, como cualquier otro populismo, es muy simple. Es ir al sentimiento de la persona. Directamente. Apelar a ello y pedir su voto.

No hay ningún tipo de planteamiento racional o incluso, democrático o de respeto a la ley. Simplemente es una solución muy fácil a un problema muy difícil. Yo te la doy. Y ya está. Y ni el periodismo ni ninguna institución intermedia puede hacer nada.

Hace unos meses estuvo en España el director del Washington Post, Martin Baron. Tuve la oportunidad, además de la entrevista que le hizo Herrera en COPE, de tener un encuentro con él y otros periodistas y nos explicaba que durante la campaña electoral de Estados Unidos se ha producido –ellos han detectado– un regreso por parte del público al periodismo.  Por la necesidad de saber la verdad. Y por la necesidad de confiar en que alguien va a contar los hechos que Trump quiere ocultar.

Ante el populismo, se abre una oportunidad fantástica de recuperar el periodismo, de trabajar mejor y plantearle al público que el periodismo no le va a fallar.

A partir de ahí, yo creo que se abre una oportunidad fantástica de recuperar el periodismo en estos tiempos donde determinadas oleadas de planteamientos, de políticos que se han colado dentro de la democracia, tratan de desmontar todas las estructuras intermedias.

 

 

Al final la labor del periodismo es estar ahí. Ser mucho más riguroso, trabajar mejor, insistir en cuestiones básicas que pueden parecer antiguas y plantearle al público que el periodismo no va a fallar. Que el periodismo va a contar la verdad. Que su obligación es contar los hechos. Y da igual las consecuencias.

Porque se ha visto que a veces el periodismo ha sido un poco timorato. Y yo creo que estamos pagando el precio de eso. De haber estado demasiado cerca del poder en algunas ocasiones. Y nos ha pasado por encima a todos. A los que estaban en el poder y a los que han hecho un periodismo acomodaticio o han pensado que no ocurre nada, que el público siempre va a estar ahí. Bueno pues de repente pasa alguien haciendo una cabriola y él público se va. Porque el público no tiene la obligación de estar informado. Tiene el derecho.  Y somos nosotros los que tenemos que llamarle la atención sobre ese derecho.

Vaya…

Es que es así. No es obligatorio estar informado.  Nosotros sí que tenemos esa obligación, porque es nuestro trabajo. Pero el público no tiene la obligación. Nosotros tenemos que ser esa conciencia del público para recordarle que es mejor para la calidad de vida individual y de la democracia en general que la información llegue con rigor, con veracidad, con firma, con crédito y que la información no sea algo que se expande de manera incontrolada por las redes sin que nadie sepa muy bien quién es la fuente, cuál es el origen, porqué sale eso, a qué hora sale eso, quién es capaz de poner a circular un rumor y cargarse una candidatura presidencial.

El público no tiene la obligación de estar informado, somos los periodistas quienes tenemos que recordarle que es mejor que la información llegue con rigor.

Es decir: muchas cosas que yo creo que en Estados Unidos, que siempre va diez años por delante del mundo, ya se están dando cuenta. La forma en la que los colegios están volviendo al cuaderno y el lápiz. A volver a tomar apuntes con lápiz y cuaderno. Pues allí también hay un momento en el que la prensa está volviendo a tener un papel fundamental. Todas las informaciones que vamos sabiendo de  Trump ahora, lo sabemos por  los periódicos. Y nada de lo que sale le gusta. Por lo tanto, están acertando.

También hay una visión  y es que el periodismo es lo que alguien no quiere que se conozca.

Claro. Y Trump no quiere que se conozca nada. Y Trump, y los miles de Trump que hay por el mundo disfrazados algunos de empresarios ricos y sin escrúpulos como él, o de jóvenes comunistas que nadie entiende cómo después de tantos años y tantas desgracias alguien puede creer en eso; o de xenófobo y racista como en Francia.

El populismo es una herramienta. Una herramienta que utiliza determinada gente para sumar a su causa lo que sea. Y da igual. ¡Veteranos de Irak, conmigo! Todas las causas que haya sueltas en el mundo, el populista pone el imán. Y da igual que sea Trump o los jóvenes comunistas de Podemos o la ultraderecha en Francia. Atraen todas las causas que le vienen bien para su fin. Y el periodismo, sobra en todos casos.

Ahora: también parece a veces que el periodismo solo tiene una función crítica, como agitador de masas. Muchas veces ha caído en juicios rápidos, en un creer que no hacía falta explicar las cosas, que seguramente ha tenido mucho que ver con la crisis institucional que se vive en España.

Pero no lo digas en pasado. La tentación de ir por el camino corto está ahí. Y afecta desde la cúpula hasta la base de los medios de comunicación.

Siempre la clave del buen periodismo ha estado en los editores. En que estos entiendan lo que es una empresa informativa. Y es muy difícil entender que es una empresa casi como las demás. Que sí, que es una empresa. Pero casi como las demás. Que tiene un sentido vocacional para desarrollar una función dentro de la sociedad. Que esto queda muy bonito dicho así pero que solamente nos daremos cuenta de la relevancia que tienen esas empresas cuando desaparezcan. O cuando desaparecen. Lloramos sobre la leche derramada.

 

El periodismo, la influencia, la credibilidad. Cuesta dinero. En el sentido de que hay que invertir. Tener una empresa que sea capaz de estar en la sociedad y tener una presencia. Todo eso cuesta dinero. Como cualquier empresa. Y evidentemente, todo empresario quiere ganar dinero. Y que la empresa sea rentable, evidentemente. Nadie pone dinero para perderlo.

Partiendo de la base de que es una empresa como todas las demás, pues ahí juega el papel el editor. Y que el editor entienda la profesión y que quiera la profesión. Y la profesión no es cualquier cosa. No es poner un tweet.  ¿Y hemos llegado a esa dinámica? Sí, hemos llegado. Totalmente. Pero eso tiene un límite…

Y ¿podemos atribuir esta situación a una falta de recursos?

Bueno, pero es que eso forma parte del juego. Que le haya perjudicado estructuralmente al periodismo este aspecto, yo creo que no. Eso forma parte de la elección del público. Si no le gusta lo que hace este medio de comunicación porque hace esto, pues se irá a otro. No creo que esa sea la causa fundamental de la situación del periodismo. Ni de la prensa escrita, ni de las televisiones. En la radio española tenemos un modelo propio y sobrevivimos razonablemente  todavía. Está el mundo en internet que es muy amplio. Es un refugio para muchos compañeros que escriben y hacen información en prensa escrita.

El periodismo no tiene toda la culpa de un deterioro de las instituciones. Tiene la proporción que le corresponde.

Y, dándole la vuelta al planteamiento, ¿cómo podemos hacer que nuestras crónicas y nuestros análisis creen espacios de encuentro?

Lo que tenemos que hacer es hacerlo bien y contar las cosas con veracidad y buscar los hechos por encima de otras circunstancias. Hay que volver a la esencia. Lo clásico es lo que no se puede hacer mejor. Y la mejor forma de salir de una situación como esta y de mejorar la calidad de nuestras informaciones es volver al procedimiento clásico: sé una cosa y la cuento. Y si la sé es porque la sé. Porque tengo este tipo de fuentes, porque la he comprobado, porque he levantado setenta teléfonos y sé que esto que te estoy contando es verdad. No es simplemente un “al parecer”. Hay que borrar el “al parecer” del lenguaje del periodismo.

Yo creo que el procedimiento clásico de comprobar la veracidad de los hechos es una fórmula que no tendría por qué fallar. Bien es cierto que hay que acoplarse a los nuevos medios de comunicación, a los nuevos sistemas de comunicación, por supuesto. Pero cuanto más desaparezca el periodismo, cuanto más desaparezcan los medios tradicionales, peor calidad tendrá la democracia. Y esto se está viendo.

Mi responsabilidad no es cambiar el funcionamiento interno de los partidos políticos. Mi parcela es otra. Yo tengo que informar y opinar sobre ello. Y para esto es fundamental la existencia de una prensa libre e independiente, y cuando digo independiente me refiero a que puedan funcionar económicamente bien y sin depender de nada y de nadie.

Una de las consecuencias de la “precarización” de los medios ha sido la selección de los temas, el limitarse a hacerse eco de declaraciones políticas siendo a veces más plataformas de difusión que de contrapoder o de crítica. ¿Qué relación tienen o han tenido políticos y medios?

Citaré a José María Carrascal: a los políticos hay que tenerlos alejados para vigilarlos de cerca. Nuestra labor no es hacerse eco de lo que dice un político “x”. Nuestra labor no es ser taquígrafos, ni notarios que damos fe de una cosa.

Somos otra cosa. Nosotros tenemos acceso a información y la contamos a los demás. Así de sencillo. Cuanto más contemos más transparente es aquello de aquel que trata de ocultarlo. Hay que volver a los básico y sencillo.

Nuestra labor como periodistas no es ser taquígrafos ni notarios que dan fe de una cosa.

Nosotros en Democresía tratamos cuestiones (o dejamos de hablar de ellas por comprender que son verdaderamente complejas) que muchas veces se nos escapan de las manos como para opinar o decir algo a la ligera. ¿Qué papel juega la preparación intelectual en la labor del periodista?

Decía un profesor que toda noticia es periodismo de investigación porque toda noticia requiere una comprobación.

Hay que saber de lo que se habla. Hay que leer permanentemente, formarse constantemente. El periodismo no consiste simplemente en sacarse una licenciatura. Hay que estar pendiente de todo para contar al público la actualidad.

Yo no me atrevo a abrir la boca sobre determinada cuestión si antes no me he preparado otras tantas, habiendo ordenado mi cabeza para saber decirlas. Manejar fuentes de información orales y escritas forma parte del día a día del periodismo.

¿Pasa la subsistencia de la prensa por dar cada vez más espacio a los bloques de opinión?

En este mundo en el que las noticias fluyen a toda velocidad y una noticia publicada en un periódico al día siguiente ya no tiene ningún sentido, la prensa escrita está tratando de sobrevivir con el mejor de los contenidos que puede. Que puede ser reportajes, opinión, noticia elaborada, noticia explicada… formatos que permitan sobrevivir a la prensa escrita.

Pero el periodismo, lo que es el periodismo, contra una noticia no tiene por qué cambiar. No creo que estemos en peligro porque pensemos que todo el mundo sabe todo. No todo el mundo sabe todo. Porque no tienen la obligación de saberlo todo. Tiene que haber gente que se dedique a estar pendiente de un montón de cosas para luego explicársela lo mejor posible a los demás.

 

No creo que haya que cambiar las esencias del periodismo porque la tecnología vaya tan deprisa. La prensa escrita está intentando sobrevivir como puede. La televisión tendrá que sobrevivir como pueda con la que se le viene encima. La radio tiene su modelo propio, intentamos sobrevivir como se puede. Lo dicho antes: cuanto más clásico sea el método de trabajo y más se recoja los cánones de lo que es el periodismo en la actuación diaria, mejor. No veo otra salida. Y eso partiendo de la base de gente bien formada, con criterios claros y sabiendo muy bien al mundo al que se enfrenta.

¿Crees que desde el periodismo se pueden trazar puntos de encuentro?

Yo creo que la persona tiene que estar en el centro de toda la actividad del periodismo. Hablamos para personas. Y la dignidad de la persona incluye el tratamiento de las informaciones, de cómo las damos, cómo las contamos, cómo hablamos de determinadas cuestiones que en este momento se habla de una manera descarnada de ellas. Sin ningún tipo de medida ni sentido común.

Saber que te están escuchando personas. Que puede haber personas que no crean en lo que estás diciendo. Pero hay que respetar a quien tienes en frente. Hay gente que piensa de muchas maneras. Mi labor en la radio es dar una serie de criterios que le sirva a alguien pero sobre todo, respetando. A veces hay una sensación de vale todo que pone los pelos de punta.

En estos momentos se habla de muchas cuestiones de manera descarnada, sin ningún tipo de medida o sentido común.

El lenguaje de lo políticamente correcto es de lo peor que hay. Eso ha afectado al periodismo como a las otras capas de la sociedad.  La creación de eufemismos para hablar de cosas que desde el periodismo tenemos una obligación de combatirlo. Las cosas son lo que son. Y querer ocultarlas para hacerlas más suaves. En fin…Y al revés.

Se banalizan y trivializan determinadas situaciones que son auténticos disparates. Por eso la tarea del periodismo en una democracia es de las más decisivas que hay. Mantenerlo vivo y con determinadas coordenadas es fundamental. No se puede agotar el periodismo. Es imposible que se agote. Es imposible, es imposible.

Siempre y cuando haya una serie de editores que lo respalden que entiendan la empresa informativa. Que sirve para algo. Sirve para influir, sirve para crear opinión, tiene un sentido. Y por supuesto tiene que ser una empresa que no pierda dinero. Tiene que ser la suma de todas esas cosas.

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