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Periodismo en la pendiente de la degradación

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Aunque con el comienzo de un nuevo año lo lógico sea mostrarse optimista, en el caso de la evolución del periodismo me temo que yo peco de pesimista. Por lo que voy viendo y leyendo en los últimos tiempos, el periodismo sigue degradándose al irse situando al mismo nivel que el espectáculo o el entretenimiento.

Y esa frivolización y adulteración se hace más patente si cabe en el caso de la televisión. En los tradicionales noticiarios son cada vez más los deportes y los sucesos, y la que podríamos llamar información general queda convertida en una pobre secuencia de imágenes y de llamativos titulares.

Por ejemplo, en cualquiera de los desgraciadamente cada vez más numerosos atentados terroristas las emisoras de televisión se limitan a repetir las imágenes más espectaculares, sin tomarse la molestia de incluir una explicación, de hablar del presunto Estado islámico, de señalar los objetivos de los terroristas, sin tratar de conocer las causas, sin mencionar los valores éticos de la cultura democrática atacada… Solo las llamativas imágenes, una y otra vez.

En este desolador panorama cabe hacer una diferenciación entre las cadenas de televisión del sur de Europa y las del resto del continente, en las que los noticiarios mantienen la estructura clásica y el orden de las informaciones de acuerdo con un criterio de servicio público. En el Reino Unido, en Alemania e incluso en Francia predomina el derecho a la información a la hora de estructurar los noticiarios de televisión, teniendo en cuenta los valores de la actualidad política, de la actualidad social, de la actualidad económica y de la actualidad cultural, mientras que los sucesos, los deportes, los escándalos o las noticias del corazón se sitúan en posiciones menos relevantes.

Siempre habrá quienes defiendan la estructura de los noticiarios del sur de Europa diciendo que la televisión, por sus características, se presta más al espectáculo y al entretenimiento. Pero yo sigo creyendo que la credibilidad de una emisora se gana con una buena información general.

Muchos de los elementos característicos de la televisión se utilizan, además, para noticias de relativa importancia, con alarde de recursos innecesarios para explicar algo que puede contarse de una forma más simple: ruedas de corresponsales para informar sobre los accidentes de tráfico de un fin de semana, ruedas para dar cuenta del ambiente en las playas cuando comienza el verano, ruedas para saber el estado de las pistas de esquí en invierno… Recursos que raramente se destinan al tratamiento periodístico de noticias de mayor enjundia.

Y a esta moda se han apuntado los diarios impresos, dedicando cada vez más páginas a los deportes o a los cotilleos que a la información general. Y todo ello dentro de la indiferencia hacia el fenómeno que muestran los políticos, olvidando su responsabilidad en la garantía del derecho de los ciudadanos a la información, amparándose en que en la libertad de expresión no debe interferir el Estado.

Lo cierto es que cada vez es mayor la adulteración del periodismo, su degradación, su empobrecimiento con tal de satisfacer a la audiencia. Y todo ello propiciado además por la precarización del empleo de los periodistas, por la reducción de las plantillas, por la bajada de los salarios, por la caída de los ingresos publicitarios, por la reducción de la difusión de los medios impresos.

Es difícil pensar que en algún momento se va a revertir este proceso de degradación del periodismo, que la auténtica información vaya a convertirse en un pilar de la opinión pública, que el periodismo vaya a recuperar la credibilidad perdida. Solo nos queda la esperanza de pensar que a lo mejor es cierto eso de “año nuevo, vida nueva”.

 

Periodista y director de la revista Aquí Estamos. Antiguo director de RNE y de Radio Exterior. Exdirector de los Servicios Informativos de RNE y exsubdirector de los SSII de TVE.

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