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Cataluña

Independentismo o hedonismo

en Cataluña/Cultura política/España por
Tiempo de lectura: 5 minutos

¿Se puede ser independentista y hedonista? Separarse de España, ¿no obliga a romper con aquello que Benjamin Constant denominaba “la libertad de los modernos”, es decir, “la seguridad de los goces privados”, “el goce pacífico de la independencia privada”? Los modernos somos hedonistas y vivimos entregados al hiperconsumismo, descrito por Gilles Lipovetsky como la fuente de la identidad moral hoy en día hegemónica. Para nosotros, la única independencia objeto de adoración es la privada, la que fluye de ese mundo anodino y prosaico constituido por el trabajo, la familia, los amigos y las diversiones en que saciamos nuestra sed de espíritu…

Un independentista, en principio, es más antiguo que moderno ya que por él transpira la devoción al deber que da cuenta de su grandeza. Los movimientos de liberación nacional se nutren del heroísmo del patriota, quien, llegado el momento, afrontará la elección entre esclavitud dichosa y libertad dolorosa, entre el deseo de la amada y el amor a la nación sin titubeos ni dudas. Llegado el momento, la libertad y la nación prevalecerán sobre la felicidad y la amada. Este es el cuento épico de todo nacionalismo a la altura de su misión histórica. Un relato donde, evidentemente, no hay lugar para “la libertad de los modernos” y sí un amplio espacio para lo que Constant, no sin melancolía, llamaba “la libertad de los antiguos”. Esa libertad virtuosa y ascética que lleva al patriota a renunciar al amor, la familia, el trabajo y las diversiones y a hacer desaparecer su acomodada individualidad en la gran ola del entusiasmo ideológico, de la política de la fe, con toda su carga de dolor y sufrimiento justificados por las voces ancestrales.

Montesquieu venía a decir, cuando especulaba sobre las diferentes morales políticas, que la virtud implica un acto de voluntad por el cual se renuncia a vivir bien (independencia privada) para ser mejor (independencia política). Lo que nunca se le habría pasado por la cabeza a Montesquieu, ni a Constant, ni a Lipovetsky; como tampoco a líderes nacionalistas de la talla de un Patrick Pearse o un Ho Chi Minh sería pensar que “la libertad de los modernos saldría indemne del enfrentamiento con el Estado opresor.

La gente normal tenemos otras prioridades que la épica política, somos más “homo felix” y “homo consumericus” que cualquier otra cosa.

Tal enfrentamiento exige, en pura lógica, unas dosis de ascetismo y férrea voluntad completamente ajenas a la ética de la felicidad que, según Lipovetsky, define a la sociedad y el hombre actuales, un “homo felix” y, también, un “homo consumericus”, mas no un hombre del deber y la virtud. Y ello a pesar de que tal enfrentamiento sustituya el alzamiento violento y armado por la insurgencia democrática y pacífica. Pues la urna y el voto, en términos de la estrategia nacionalista del 9 de noviembre del 2014 y del 1 de octubre del 2017, no son actos propios de la normalidad política, sino de una excepcionalidad política que, abiertamente, pretende diseñar una nueva realidad, la de la independencia, a las bravas, saltándose todos los diques constitucionales y legales establecidos en un Estado de derecho con el fin de evitar el lado salvaje de la voluntad popular. Tal excepcionalidad política, pese a que se pretenda suavizar mediante la falaz invocación a la democracia y el falaz rechazo de la violencia, demanda una virtud netamente antiliberal que aspira a convertir el sueño de algunos en norma de obligado cumplimiento para todos. Lo que hace indispensable poner en juego una energía ideológica y estar dispuesto a una entrega fanática y entusiasta cuyo coste en términos de sufrimiento solo puede justificarse en nombre de un imperativo político categórico. Justo el principio moral más opuesto que existe a la ética de la felicidad que predomina en nuestra sociedad.

Cuando veo a las masas independentistas, estudiantes universitarios en horas de asueto gritar sin el más leve asomo de autoironía “prensa española manipuladora”, padres y madres organizando actividades lúdicas en los colegios ocupados como si de una yincana se tratara, jóvenes que practican la estética de la resistencia al mismo tiempo que guasapean con el móvil y quedan para el fin de semana, no puedo dejar de verme a mí mismo y a los que son como yo. Es decir, a gente que, en la vida, dada nuestra mediocridad, tenemos otras prioridades que la épica política, somos más “homo felix” y “homo consumericus” que cualquier otra cosa. Esos estudiantes, padres, madres y jóvenes con los que comparto casi todo, menos las minúsculas diferencias culturales que, supuestamente, nos separan, ¿han dejado de ser modernos, han renunciado a la satisfactoria libertad de estos tiempos consumistas, se han convertido a la religión cívica del sacrificio por la patria o, por el contrario, esperan ingenua, pacífica y democráticamente que la independencia se logre sin alterar e incluso perfeccionando su estilo de vida hedonista?

El independentismo catalán no solo se ha saltado la Constitución, sino las reglas gramaticales más elementales de todo movimiento de liberación nacional

Cuesta encontrar en la historia artefactos ideológicos como el independentismo catalán. Un artefacto que predica la unión entre dos extremos contrarios, la independencia y el hedonismo, esto es, la exigencia moral de la libertad antigua, que permea las luchas nacionalistas contra Estados opresores, y el ejercicio poco ejemplar, pero muy placentero de la libertad moderna, inherente a una sociedad ajena a las pasiones políticas. Esos dos extremos unidos inopinadamente por el independentismo catalán representarían, al fin, dos nociones éticas opuestas, dos tipos de hombre situados en las antípodas el uno del otro. Dándole la vuelta a los argumentos de pensadores serios como Montesquieu, Constant y Lipovetsky y contradiciendo la evidencia histórica suministrada por la Pascua irlandesa de 1916 y la guerra de Vietnam, entre otros ejemplos de épica nacionalista, el independentismo catalán habría sembrado una intencionada confusión al proclamar que la ruptura con España sería posible sin necesidad de que los catalanes se transformaran en héroes políticos y abandonaran su estilo de vida moderno y hedonista, sin necesidad de que expusieran su trabajo, sus bienes y su libertad al sacrificio invocando la causa sagrada de la autodeterminación.

¿Se imaginan a Patrick Pearse y Ho Chi Minh aleccionando a irlandeses y vietnamitas contra el imperialismo sin abrirles los ojos a lo que tal lucha significaba y les demandaba? Incluso la insurgencia democrática y pacífica obliga a asumir un coste real en la vida de las personas que les ha sido escamoteado a las masas independentistas catalanas por sus líderes. Los cuales, sabiendo perfectamente a qué sociedad se dirigían y conociendo el tipo humano prevaleciente en la misma, se han cuidado muy mucho de reconocer en público lo que un Pearse y un Ho Chi Minh dejaban claro en cada una de sus intervenciones y escritos: que la independencia tendría un precio que únicamente la abnegación por una causa más grande y valiosa que uno mismo y su plácida existencia sería capaz de pagar.

El independentismo catalán no solo se ha saltado la Constitución, sino las reglas gramaticales más elementales de todo movimiento de liberación nacional, los heroicos y terribles valores en que se inspira, la moral antigua, severa e implacable, impuesta por el culto de las voces ancestrales. El procés ha acontecido como si la tierra prometida fuese una emulsión natural y espontánea del “goce pacífico de la independencia privada”, una performance realizada desde “la seguridad de los goces privados”, una posibilidad más de disfrute ofrecida por el hiperconsumismo capitalista, verdaderamente proteico en su infinita versatilidad, a los herederos de Wifredo “El Velloso”.

 

Solo los animales nos salvarán

en Cataluña/España/Pensamiento por
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Desde que tengo uso de razón, he mirado por encima del hombro a los animales en tanto representante de una especie noble para la cual burros, cerdos, perros y hormigas no pasan de ser oscuros y anónimos siervos de la gleba. Durante mucho tiempo, he dado por supuesto que el Antiguo Régimen que separa jerárquicamente a la especie humana del resto de especies animales formaba parte de la Gran Cadena del Ser y, por ello, era incontrovertible.

Mas todo cambió revolucionariamente un sábado de noviembre cuando regresaba a casa después de un largo y ensimismado paseo galdosiano por la ciudad de mis amores. Puede decirse sin asomo de exageración que sufrí una catarsis, que experimenté una revolución interior fruto de la cual fue el derrumbamiento de mis certezas aristocráticas y etnocéntricas respecto de los animales no humanos. Sigue leyendo

Carles Puigdemont, “como uno más”

en Cataluña/España por
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Una de las cosas que más me divierten de YouTube es la capacidad que tiene de relacionar contenido random en reproducción automática. Estaba viendo un vídeo de un caballero que ha tenido una experiencia espiritual intensa en determinado movimiento religioso en España y un par de segundos después me encuentro un concierto de Sopa de Cabra con Carles Puigdemont a la guitarra. Sigue leyendo

“Hasta las últimas consecuencias”

en Cataluña/España por
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El pasado jueves 26 de octubre, el diputado de la Candidatura de Unidad Popular (CUP), Benet Salellas, vino a indicar en su turno de intervención durante una sesión en el Parlamento Catalán que llegarán “hasta las últimas consecuencias”.

Esta frase, “hasta las últimas consecuencias”, tiene un eco particular según la situación en la que sea reproducida.

No suena igual cuando tus trastadas de preadolescente se aproximan al gamberrismo puro y duro y tus padres prometen correctivos severos para enderezar el hombre que estás llamado a ser; que no es otra cosa que un tipo normal.

“Hasta las últimas consecuencias” en defensa de una nación vituperada por las huestes hitlerianas, como era el caso de Gran Bretaña tras el desastre de Dunkerque, tiene que sonar necesariamente diferente en boca de W. Churchill.

Y, del mismo modo, no puede sonar igual cuando quien pronuncia esta frase forma parte de una agrupación política que no condena el terrorismo, que cada vez que les ponen un micrófono (o un megáfono) delante todo lo que se escucha es una mezcolanza de comunismo rancio y dialéctica tumefacta. Alguien que tiene de su lado una guerrilla callejera que además de cuenta de Twitter también va equipada con mochila violenta a manifestaciones o a lo que se preste.  “Hasta las últimas consecuencias”, dicho así, toca esa fibra -para los que desdeñamos la perversa interpretación de la lucha de clases- que hace que te sacuda algún que otro escalofrío.

Cada intervención parlamentaria, cada mención en redes, cada puño en alto desde el estrado,  desprende un tufo a victimismo que asusta al más pintado. Y , quizás, lo más preocupante es que lo único que contiene esa peste histérica es una olla a presión.

Hoy se ha formalizado, con fallo en el recuento de votos (cosa habitual en la cuestión catalana), la nueva y breve república del noreste de España.  Ratificado el 155 en el Senado y presentado un recurso ante el Constitucional tras la fechoría “secreta” que han llevado a cabo setenta diputados del parlamento en el día de hoy, es cuestión de horas que todo el zarandeo de masas y verborrea enloquecida se desvanezca tras un sopor colectivo por el poder del Estado de derecho.

Los gestos quedarán contrariados, como el de la farfullera de Omnium Cultural cuando lanzaba su máquina de mentiras en inglés. Los que han raptado la estrella de oriente y se la han pegado con una plancha caliente a la Senyera,  quedarán confundidos, como los obreros de Babel.

Y mientras la Policía y la Guardia Civil actúan, deteniendo a estos y aquellos, TV3, la “vergonya” nacional de Josep Borrell y de tantos y tantos catalanes,  apurará todo lo posible para seguir con el relato del martirio político, haciendo con infografías y tertulianos arrabaleros equiparaciones imposibles y disparatadas con los casos de Eslovaquia, Quebec y hasta los pueblos saharahui y palestino.

A quienes enfilan, desde una minoría social de facto, un camino hacia la locura les recomiendo un vistazo a aquellos que se pasearon por ella y volvieron acongojados. Quédense para este caso tan solo con los primeros segundos de este bloque de la entrevista de Évole a Rekarte, el etarra arrepentido, quien después de 22 años de cárcel -de nacionalismo exacerbado y aleatorio llevado hasta el explosivo- cayó en la conclusión de que ninguna idea inoculada desde la abstracción de una futura nación merece más la pena que una vida vivida en libertad y de respeto al otro.

“Es que para mí es todo una mentira al final. (…). ¡Pero qué hostias! Si estamos aquí todos mezclados”. 

A estas alturas de los hechos, aunque no hayamos llegado ni al mes desde el 1 de octubre, el único diálogo y encuentro que parece verdaderamente posible con los que cargan y cargarán las mochilas de odio y resentimiento ante lo imposible, es desde el arrepentimiento y reparo institucional. Esperemos estar a la altura para la acogida de los que han perdido, verbigracia Santi Vila, y perderán la dicha. De lo contrario, la próxima generación nos recordará como aquellos que no supieron escribir su historia y terminaron por empezar un conflicto que, como todos, con humanidad y entendimiento de la dignidad del otro seguramente habría sido evitable.

Imagen de portada recogida de la cuenta oficial de Arran

Si quieres saber qué opinamos de la crisis en Cataluña, visita nuestro especial AQUÍ.

De trapos, fotografías y la madre que os parió

en Cataluña/Cultura política/España por
Radicales queman la bandera de España en Plaza Cataluña
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Leía esta mañana los tuits de una actriz de teatro a la que venero, cuyo nombre no revelo por las voces que aquí siguen: que no era ella de ‘banderitas’, decía, afeando que a la repulsiva revuelta contra todo en Cataluña le siguiera el ondeo de rojigualdas en tropel. Y lo de repulsiva lo digo yo, que parece que en el mundo feliz de su cabeza la cosa era también idílica, rosada y celeste. Sigue leyendo

Teopolítica catalana: una aspiración a abrazarlo todo

en Cataluña/España por
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Es arriesgado tratar de explicar un fenómeno político de masas según un número limitado de causas. Los acontecimientos multitudinarios de los últimos años en Cataluña y, especialmente, de los últimos meses, tiran por tierra cualquier análisis que pretenda reducir el “problema catalán” a una demanda económica, a un simple movimiento de protesta por la corrupción, de mayor “libertad” política, o a un intento encubierto de revolución.

No parece improbable que, pese a la ilusión de homogeneidad que imprimen las banderas, entre los centenares de miles de personas que han salido a la calle haya por lo menos otros tantas perspectivas acerca del presente, cada una con sus matices y, a menudo, no compatibles las unas con las otras. Sigue leyendo

Autodeterminación: la verdadera y la falsa

en Cataluña/Cultura política/España por
derecho a la autodeterminación de los pueblos
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El lamentable espectáculo público al que venimos asistiendo estos días (¡y lo que nos queda!) nos lleva a reflexionar sobre conceptos fundamentales, como la autodeterminación, cuyo significado nos parecía hasta hace poco inequívoco. Asistimos a fenómenos si no totalmente inexplicables al menos completamente inusuales. El pasado 8 de octubre, en Barcelona, casi un millón de pagadores de impuestos vino a reclamar a quienes los administran y viven de ellos no que renunciasen a sus privilegios, sino que, por favor, se quedara todo como está.

Éstos, como es bien sabido, se hallan embarcados en un proceso (el “prusés”) solo comparable en incógnitas al viaje de Colón (del que, como ahora, lo único que se sabía seguro al comenzar es que estaba financiado con fondos públicos), y sobre cuyas motivaciones (¿sentimentales?, ¿económicas?,…) posiblemente ya ni sus propios promotores están seguros. La clave del asunto está en la autodeterminación, concepto que, pensábamos, se refería a la capacidad de decidir por uno mismo. La RAE precisa que estas decisiones pueden darse en un plano personal o bien en referencia a una colectividad política. Sigue leyendo

El hogar catalán y el castillo español

en Cataluña/Cultura política/España por
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El problema catalán ha puesto sobre la mesa una clásica cuestión política que tiene que ver con nuestro entendimiento de qué es una democracia. Montesquieu y Rousseau ilustrarían dicha cuestión de manera paradigmática. Permítanme reconstruir la polémica entre ambos mediante la metáfora del castillo y del hogar. Metáfora que remite a la vida castellana, serena y apacible, de Montesquieu en La Brède y a la vida errante, agitada y desgraciada, de Rousseau. Perseguidor infatigable de un hogar utópico que colmase su yo, fuese el de una república al modo de Esparta o el de un grupo familiar, autónomo y autosuficiente, como el de Clarens.

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Contra el movimiento de los astros

en Cataluña/Cultura política/España por
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Fue Hannah Arendt quien señaló el origen del término revolución. Contra lo que pudiera parecer, la adopción de la palabra revolución no venía a significar un movimiento de ruptura, una sacudida violenta e imprevista impulsada por un puñado de voluntades encendidas, sino, precisamente, un devenir de fuerzas que escapan a todo control del ser humano, irresistible, como el movimiento de las estrellas en el cielo nocturno.

Arendt utilizaba esta imagen para explicar la experiencia de la Revolución Francesa y el descubrimiento de sus impulsores y protagonistas de haber desatado unas fuerzas de la historia del todo desconocidas hasta entonces. Tanto escapaba el fenómeno de la revolución a una mera relación de causa y efecto que los mismos que la habían puesto en marcha acabaron siendo devorados por ella, para ser sucedidos por nuevos líderes que al poco terminarían también pasando por el cadalso.

Los acontecimientos de los últimos días en Cataluña y las reacciones que uno, como espectador, alcanza a observar y meditar, dan cuenta de que el famoso procés catalán va adquiriendo el tono y las dimensiones de un movimiento revolucionario. Por todas partes veo amigos y personas que en una situación cualquiera hubieran permanecido al margen de cualquier problema político, y que, poco a poco, van siendo arrastrados por el movimiento inefable de unos astros que –como una mueca de la historia– en Barcelona se han hecho omnipresentes. Sigue leyendo

Pancho Sánchez y la utopía catalana

en Cataluña/España por
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Antonio Santos explica en su magnífico libro ‘Tierras de ningún lugar’ que las utopías, aun siendo necesarias para que sigamos avanzando, son contradictorias y desatienden e ignoran la complejidad de los humanos. Es más, son totalitarias. Quien acuña la palabra ‘utopía’ por primera vez fue santo Tomás Moro con la publicación en 1516 de la obra del mismo nombre. En este libro, el pensador retrata el que sería un sistema de organización ideal.

Sin embargo, esta sociedad idílica donde todos conviviríamos felices y sin malestar es en realidad un auténtico Estado totalitario donde no se permite la disidencia y la población está sometida a múltiples obligaciones y prohibiciones: no se permite la propiedad privada, no es posible viajar, dentro ni fuera de la isla, sin recibir un salvoconducto especial, la infidelidad está penada con la muerte, se regula la hora a la que deben acostarse y despertar los ciudadanos, etc. Sigue leyendo

Repaso ideológico en el aula

en Cataluña/España/La angustia de vivir por
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Decía Cicerón que instruirse es el verdadero alimento del alma, instruirse siempre. Los niños van a clase estos días en medio de huelgas, padres gritando al televisor y cargas policiales. Repentinamente, el colegio se ha convertido en un santuario, un remanso de paz en el que encontrar conocimiento, amistad y tranquilidad entre tanto revuelo. El otro día escuché a un niño en el bus decirle a su madre: “Mamá, ¿por qué ahora siempre estás hablando de política?”. El chaval lo comentaba tranquilamente, como una mera observación mientras barajaba sus cromos de fútbol.

Los maestros son una de las figuras más relevantes de nuestra sociedad. Al fin y al cabo, se les deja a cargo de parte (sí, simplemente de parte) de la educación de los hijos. En ellos, los estudiantes han de encontrar a una persona capaz de inspirar, crear, fascinar, cultivar y demás infinitivos, cursis, pero muy reales. Los chavales no piden más, van allí a encontrar algo de conocimiento, reírse, comentar sobre el partido de liga del pasado fin de semana, quizás echarle una miradita a alguna chica y largarse. Sin embargo, los niños en Cataluña se encuentran con algo muy distinto (chicos, chicas, mayores y pequeños). Sigue leyendo

Ante el vértigo y manipulación en Cataluña; Democresía y encuentro

en Cataluña/España por
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Todos estaremos de acuerdo en que lo que ha ocurrido en Cataluña durante la jornada de ayer y lo que cabe esperar en los próximos días es, desde cualquier punto de vista, descorazonador.  Por los heridos y por los atropellos a la democracia. Urnas tiradas por el suelo, votos arrojados como si fueran colillas, activismo político con niños en los colegios, policía viéndose forzada al uso de la fuerza y aplicándola con una contundencia sobrecogedora…

 

 

Parece más necesario que nunca, que de igual manera que la clase política tiene la obligación moral de promover un diálogo escenificado y con los puntos a tratar extraordinariamente claros entre las partes de una misma nación, los ciudadanos deben asumir la corresponsabilidad  de construir un nuevo marco de convivencia cuando las relaciones están dañadas. Sigue leyendo

La Pareidolia nacionalista

en Cataluña/España por
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La pareidolia consistente en el reconocimiento de patrones significativos como rostros humanos, caras o formas, en estímulos ambiguos y aleatorios como objetos inanimados, siendo una deformación psicológica de la realidad a través de la percepción visual.

Cuando una elite políticosocial se anquilosa en las instituciones que dan forma a una suerte de gobierno, se produce una calcificación de la maquinaria que rige los destinos de una sociedad, pasando de tener unos intereses universales a unos intereses sectarios y excluyentes. Éstos, empiezan sólo a producir en beneficio de una casta apoltronada en un poder que suele desarrollar sus actividades en un oscurantismo favorecedor para una corrupción endémica. Fue Tácito quien dijo que “Cuanto más corrupto es el estado, más leyes necesita”, pero no es tanto el nivel cuantitativo de sus entramado legislativo sino el cualitativo que hace referencia a la calidad de las normas que lo rige. Sigue leyendo

Se acabó

en Cataluña/España por
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O tendría que acabarse. Diez millones de papeletas incautadas. El sistema informático para el recuento de los votos del 1 de Octubre, tumbado. Cualquier fondo público que se pudiera desviar al secesionismo, intervenido y controlado por el Ministerio de Hacienda.  Los artífices de la organización del 1-O, los ejecutores de los portavoces públicos y mediáticos, detenidos. Sigue leyendo

Al pan, pan, y al separatismo, separatismo

en Cataluña/Periodismo por
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Al pan, pan, y al vino, vino” es un refrán español que aconseja hablar sin rodeos y llamando a cada cosa por su nombre. Creo que debe aplicarle al fenómeno político que tiene como escenario Cataluña.

Dentro de la serie de errores que se han producido y se producen en el caso catalán, uno de ellos ha sido el de no utilizar correctamente los términos. Y en este caso, los partidarios de la separación han ganado la partida y han conseguido que casi todos los periodistas y medios de comunicación usen las expresiones “independencia”, “independentismo”, etcétera. Sigue leyendo

Cataluña y España: regreso al tú y el yo

en Cataluña/España por
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Hay ocasiones en que la verdad llama a la puerta. Abrimos airados y replicamos: “¡Largo de aquí! Estoy buscando la verdad”. Esta reflexión aparece en ‘El zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta’ de Robert Pirsing. Un libro extremadamente popular en los 70.

La verdad lleva años llamando a la puerta del Gobierno central, pero este ha preferido darle con el picaporte en las narices. Esa verdad es un nacionalismo catalán que año tras año ha crecido de manera rampante. ¿A cambio de qué? De unos votos para esto, de un apoyo para aquello. Sigue leyendo

Por qué el procés en Cataluña no es democrático

en Cataluña/Cultura política por
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Los sucesos de los últimos días en Cataluña tienen el aroma de un destino trágico. La persistencia de mis paisanos en avanzar hacia el abismo –creo sinceramente que lo es– nos deja al resto de catalanes con la sospecha de que algún dios se ha conjurado contra nosotros y de que la caída en las garras de las más ocultas fuerzas de la historia fue anunciada mucho antes de que empezara la obra, antes de que se pudiera hacer nada para evitarlo.

Acentúa su carácter trágico la dificultad para encontrar en todo ello culpables en el sentido más grave del término. No dudo ni por un momento de que, salvando un puñado de actores interesados a quienes sí es atribuible responsabilidad grave, la inmensa mayoría de quienes abogan por la ruptura con España a costa de la ruptura de la ley –entre ellos amigos y personas cercanas a mí– lo hacen en nombre del bien y de la democracia, sin saber que las fuerzas que están dispuestos a liberar no traerán ni lo uno ni lo otro. Sigue leyendo

Los dos círculos de la democracia

en Cataluña/Cultura política/Pensamiento por
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Perdonen que uno vuelva al manido tema catalán, pero si una virtud tiene tal turbamulta es permitirnos pensar qué es y qué no es una democracia, explorar y llegar a comprender mejor nuestro sistema político y, quizá lo más importante, sus límites. Aquel punto más allá del cual nos precipitamos al vacío.

El manido tema catalán me ha llevado a percibir que nuestras democracias representativas giran en torno a dos círculos. Uno sería lo que cabe denominar el círculo liberal. Este estaría vinculado con el imperio de la ley, la división de poderes y el pluralismo. Es un círculo yo diría que oscuro, que solemos pasar por alto, pero en el que reposa el significado más profundo de nuestra democracia. Es decir, aquellas ideas y procedimientos que, decantadas por siglos de luchas y conflictos, nos han permitido alumbrar un sistema de libertad en el que tenemos el derecho, como diría Odo Marquard, a ser diferentes sin sentir miedo. Sigue leyendo

Un mártir por la independencia

en Cataluña/España por
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El independentismo catalán ha vuelto a envidar al Gobierno de Mariano Rajoy, envite que se vería reducido a intento si pretendía Puigdemont dirigir el dardo, en forma de ley, contra el Estado democrático. Tanto es así que la supuesta ley de desvinculación de Cataluña de la España opresora, sólo exigiría al Gobierno lo que anunció la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría: recurrir tan pronto alguien se atreva a rubricar esa ley.

Las instancias judiciales serán el escenario para una nueva pelea entre la etérea pretensión de cuperos, junteros y esquerros con la realidad de la democracia y de un país como España: el cumplimiento de la ley vigente en la Constitución. A la hora de contemplar el problema territorial de España, en particular con Cataluña, se trata de saber que España es una nación indivisible que reconoce la diferencia de los territorios que lo forman, no de esgrimir únicamente un sentimiento como respuesta a ver a quién le late más fuerte la carótida. Lo que España es hoy, que reza la Carta Magna, es lo que realmente tratan de petardear algunos sectores políticos catalanes. Sigue leyendo

Que sustituyan a Guardiola

en Cataluña por
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Carles Puigdemont no ha sido recibido en Bruselas ni Marruecos, Venecia le dio largas y Estados Unidos se desentendió de él. Es normal que ahora Cataluña tenga que buscar un representante internacional que sí sea recibido por otros mandatarios. Pero este afán les ha precipitado a delegar este rol de importancia a alguien del mundo del deporte, ¿creará la república catalana un ministerio de deportes antes que de gobierno? Al fin y al cabo han asumido que esta faceta tiene mayor calado que su esfera política.

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