Carles Puigdemont, “como uno más”

en Cataluña/España por
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Una de las cosas que más me divierten de YouTube es la capacidad que tiene de relacionar contenido random en reproducción automática. Estaba viendo un vídeo de un caballero que ha tenido una experiencia espiritual intensa en determinado movimiento religioso en España y un par de segundos después me encuentro un concierto de Sopa de Cabra con Carles Puigdemont a la guitarra.

Leyendo los comentarios del vídeo me encontré con la perogrullada que justifica estas líneas.

— Me encanta ver a Carles Puigdemont como uno más.

Por norma general, a muchos ciudadanos candidatos a votantes les suele gustar ver a los políticos fuera de su quehacer diario y descubrir que hacen cosas “como uno más”. A Rajoy de cañas, a Pedro Sánchez de escalada, a Saénz de Santamaría bailando con Trancas y Barrancas o a López Aguilar, en su momento político más excelso, tocando con la banda que amenizaba el programa de Andreu Buenafuente. A mí, personalmente, me importa más bien poco incluso soy un tanto escéptico pues cuando se mezcla la política con mandangas se produce una acción populista y, por principio peyorativo, un tanto vacua y fútil.  Ojo. Entiendo la gracia, pero si cogiese un mismo ejemplo de un personaje de la cultura como puede ser Vargas Llosa esquiando o dándose piquitos con Isabel Preysler, pues, francamente, mi primer juicio de dicho reportaje sería que estoy ante una tontuna irrelevante.

Los lectores con el colmillo más retorcido de este tipo de prensa de papel couché pensarán lo mismo de los historiadores de la anécdota, que se pirran por lo que merendaba el emperador Julio César antes de tratar de indagar y aportar al avance de la ciencia histórica el lugar exacto donde se produjo la Batalla de Alesia, todavía hoy imposible de localizar con precisión.

Ocurre, por tanto, que este grupúsculo de “curiosos” (que no son pocos) se encuentra obnubilado por las corbatas y  las hombreras y por el fenómeno de que dichas corbatas y hombreras puedan ir al gimnasio, pasear, acudir a tu cine o ser un amante reconocido de la filatelia. Gente corriente que hace una sublimación de lo cotidiano en gente que debería ser corriente y que sencillamente, de forma circunstancial, ocupa un lugar de cierta relevancia mediática.

El “me encanta ver a Carles Puigdemont como uno más”, a la luz de las razones presentadas hasta ahora, tiene en la actualidad su guasa.

Primero porque aquellos que defienden la deriva del president, que presumiblemente son los que mejor podrían encajar en la mundanidad como fenómeno digno de artículos y reseñas twitteras (los que suelen fascinarse porque Puigdemont toque la guitarra), son los que critican al final que Puigdemont sea uno más.  Porque si verdaderamente fuese uno más debería estar entre rejas. Del mismo modo, aquellos que defienden la “inocencia” del sublevado exigen que se le reconozca su fuero suprimido, su dignidad como líder de la engañifa del procés y que se le trate de forma distinta a cualquier ciudadano ante tamañas fechorías.


Es interesante cuanto menos que los dirigentes de Unidos-Podemos le hayan dado a las recientes detenciones de los miembros del antiguo govern un barniz de heroísmo a la venezolana, exigiendo su liberación, llamando a los quebrantaleyes como “opositores” o presos políticos. Dialéctica muy distinta fue la utilizada con los Bárcenas, Correas, Granados y González, a los que, con toda la lógica del mundo, se exigió que fueran procesados en igualdad de derechos y responsabilidad que cualquier ciudadano de a pie.

Todo esto me lleva a pensar que la internauta responsable del “me encanta ver a Carles Puigdemont como uno más” ha sido abducida por la Nave del Misterio en los últimos dos años y está al margen de cualquier acontecimiento ligado con la actualidad. Eso o estamos ante una cínica de campeonato y nadie se lo ha hecho saber. Desvergüenza tal, absurdo tan grande, solo se puede dar cuando uno está hipotecado por esa extraña empatía por “los hombres grandes” que hacen cosas comunes y que, al más puro estilo del hidalgo de La Mancha, “le traen a uno sorbido el seso”.

Quizás, a fin de cuentas, sea verdad lo que decía Bergson cuando refería que la intuición es un método cognoscitivo mucho más poderoso que la razón. Y una intuición pervertida por el maquillaje de lo televisivo, por el segundo relato, por la manipulación en definitiva, es un asunto delicado para el revoltijo de hechos y sensibilidades en el que nos hayamos.