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Un reclamo humano: “Dame tu cosita”

En Asuntos sociales/El astigmatismo de Chesterton por
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La irrupción de la primavera, desde hace casi cuarenta años, crea un extraño binomio. A la venta estacional de aerosoles y corticoides en las farmacias se le suma el chorro de tráfico que origina la presentación del hit del verano

Este evento, que no dispone de un día internacional (todavía) ni de una gala de postín al modo de los Oscars o del Balón de Oro, se cuela al principio como una anécdota exótica en tu timeline. Tu amigo o amiga más fiestera -puede que los dos a la vez- lo postean sin mucho entusiasmo. Lo dejan caer con las mismas expectativas que cuando comparten una noticia sobre un atentado pergeñado a miles de kilómetros de distancia en África o Asia. Saben, porque la experiencia así les tutela, que pasará indemne e inmaculado por los dedos más o menos grasosos de trolls y fans.

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Este nuevo hit viene de algún contacto desconocido -Facebook los llama “amigos”- de la Gran Colombia de Bolívar. Ésta es la factoría de donde salen los pasos a bailar a los pies del chiringuito de turno; con la camisa a medio abrochar, exhalando vapores de mala vida, en cualquier tugurio cerca del alba.

Al principio crees que es una extravagancia de algún diseñador gráfico de segundo grado. Algo para un trabajo malo de clase. Pero después,  como el fundamentalismo en una sociedad ignota, ves que te va cercando entre tus círculos. En los perfiles de tus redes sociales se suceden una serie de contorsiones y meneos imposibles. Y todo porque una criatura deliberadamente asexuada te solicita en oración imperativa que le des tu cosita.


Antes, los Del Río, Georgie Dann, King África y Paulina Rubio sabían que habían cosechado todo un éxito cuando las televisiones regionales les pedían sus actuaciones a tema único en la gala del verano. La tele, la radio y la siempre benevolente audiencia ponderaban el éxito. Ahora, lo miden los challenge, que no es otra cosa que un montón de humanos dedicando esfuerzos físicos, temporales e intelectuales para reproducir los pasos de un alien. Cuanto más calcado esté el movimiento, peor vayas vestido o más carne muestres, más caliente estará tu contador de visitas y más probabilidades tienes de ser incorporado a las impresiones o valoraciones de algún YouTuber. Lo que en paralelismos arcaicos sería aparecer abriendo el telediario.

Hecho el análisis morfológico, he querido sublimar por imposición “López Quintasiana”, a El Chombo y su “obra”.

Hay dos elementos, igual que la primavera, que me han llamado poderosamente la atención de este videoclip.

En primer lugar, la piedra angular de la canción: “dame tu cosita”. Las convulsiones armónicas y la elaboración de la letra me hacen deducir desde el primer segundo que el bicho quiere mi genitalidad. Vale, pero ¿qué pasa si existiera cierto “acontecimiento pluridimensional”, cierta realidad ambital donde muchos niveles se entreveran y “la cosa” me quiere estar diciendo cosas más elevadas? ¿qué ocurre si considero que existe un poder simbólico e integrador en el bicho, que en mitad del desierto, meneándose sin ser visto ni valorado por nadie salvo por los que están detrás de la tercera pared de una galaxia extraña, me pide algo más que imitarle? ¿Y si el monstruo está pidiendo un abrazo a su manera rumbera?

El otro elemento en el que he considerado oportuno incidir es el “bienvenidos a la cripta” con el que empieza la orgía musical.

Existen dos acepciones para el término cripta. La primera es la consideración de un espacio donde enterrar a los muertos. La segunda habla de un lugar ubicado bajo el altar en algunas iglesias; normalmente destinado al culto o veneración de alguna reliquia.  Las dos valoraciones entroncan con la muerte, con lo tabú, con la veneración y con lo trascendente.

¿Es el bicho un muerto y resucitado bailón? ¿un Lázaro del siglo XXI? ¿El Chombo nos está dando escatología en vena?

Estas especulaciones, posiblemente igual de disparatadas que ponerte a bailar frente a tu smartphone buscando un no sé qué de vanidad, las debe tener en cuenta El Chombo. Debe saber que es posible que alguien piense en esto. O bien por ociosidad o bien por la perplejidad de un mundo que se fagocita con dieta de memes.  Porque, tergiversando a Javier Krahe, “no todo va a ser darte mi cosita”.

El marcapáginas de los libros de mi madre, aquel que le llevaba un señor del Círculo de Lectores en un carrito, decía: “la obra deja de pertenecerle al escritor en el mismo momento en el que cae en manos del lector”.

Pues eso El Chombo. Que me has dado toda una mañana para darle al tarro y no para echarme unos bailes. Gracias.

 

 

 

Personaje enclenque, perteneciente al lustrado con grasa de pato sector de la hostelería, trato de avivar, a la luz de un mal estudiado Chesterton, las paradojas que salpican las alegrías y penas de lo cotidiano. Cuando me pongo serio escribo como Ricardo Morales Jiménez.

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