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Educación

Educar la mirada: Saint-Exupéry en tierra de hombres

En Antropología filosófica/Educación por
Tiempo de lectura: 5 minutos

A uno no le salen las cuentas. Fascinado por el ideal que nos ofrece la sociedad, y apostándolo todo por ello, te acabas encontrando desolado por un incumplimiento doloroso. Hay momentos en los que uno percibe destellos de belleza que nos sorprenden en lo cotidiano. De un modo imprevisto, como un ladrón en medio de la noche, sucede algo que te eleva, pero al mismo tiempo ensancha aún más el anhelo de tu ser, para volver a estar mendigando sucedáneos de verdad allí donde nos lo ponen a buen precio. Podríamos decir que somos ontológicamente insatisfechos y consolarnos tontamente con el mal de muchos.

Sin embargo, de vez en cuando se cruzan en nuestra existencia personas que parecen no estar heridas estándolo. Viven en medio de la multitud de un modo envidiable porque saben abrazar aquello que hace la vida verdaderamente grande. Están moldeados por el mismo barro corruptible llamado a la eternidad, pero con una mirada hacia la realidad que la transfigura o, quizá, la miran sabiendo que pueden ser transfigurados por ella.

Saint-Exupéry tiene esa mirada elevada, amplia y profunda. Mirada creativa capaz de descubrir el hilo dorado del que está tejido el mundo, hilo de sutura para la herida abierta de nuestro deseo. Con una imagen muy recurrente en sus escritos, él ha descubierto el agua subterránea que “gracias a ti, se abren en nosotros todas las fuentes cegadas de nuestro corazón”.

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El piloto francés escribió su obra Tierra de los hombres en un momento histórico en el que la sociedad francesa estaba desgarrada por un conflicto bélico sin precedentes, y en sus líneas se descubre muchas veces una angustiosa preocupación por los suyos elevada por la esperanza cierta de la positividad de la vida. Sus palabras no se conforman con impulsar el ánimo de sus compatriotas sino que les apremia a alzar el rostro, a dejar de contemplar la técnica bélica como salvación de Europa y descubrir aquello que realmente construye la civilización.

La grandeza de un oficio estriba, tal vez y ante todo, en unir a los hombres: sólo hay un lujo verdadero: el de las relaciones humanas”.

La pretensión educativa de Saint-Exupéry queda recogida al inicio de esta autobiografía. Fue con 26 años, recién incorporado como joven piloto, cuando le dieron el primer trayecto Toulouse-Dakar. La emoción de cubrir este trayecto por primera vez se mezclaba con el temor a las montañas de España que nunca había sobrevolado. El director de la Sociedad Latécoère, Didier Daurat, le preguntó si conocía bien las consignas. Pero éstas no son suficientes para afrontar por primera vez una ruta en la que en días de tormenta estaba “repleta de celadas, de trampas, de acantilados que surgían bruscamente y de torbellinos capaces de arrancar cedros de cuajo. Negros dragones defendían la entrada de los valles, haces de rayos coronaban las crestas”. La realidad se presentaba hostil al joven piloto amedrentado por las historias de los más veteranos. El señor Daurat, antes de despedirle le recordó:

Es muy bonito eso de navegar con brújula sobre España, por encima del mar de nubes; es algo sublime, pero… no lo olvide: bajo el mar de nubes… está la eternidad”.

Un mar de nubes para un piloto esconde la muerte, para un montañero tiene un significado distinto. “Comenzaba a darme cuenta de que un espectáculo sólo cobra sentido dentro de una cultura, de una civilización, de un oficio”. Fue su amigo Henri Guillaumet, a quien rinde homenaje en esta obra, quien le enseñó a mirar de un modo relacional la vida humana. El joven Saint-Exupéry se “había sumido en la aridez de los mapas y no había conseguido descubrir las instrucciones que necesitaba”. Guillaumet le educa la mirada y, abriendo sobre la mesa el mapa de la Península Ibérica, le descubre aquello que una visión cuantificable no permite.

Dibujo de Saint-Exupéry que representa su avería en el desierto.

Pero ¡qué extraña lección de geografía recibí entonces! Guillaumet no me enseñaba España; él convertía España en una amiga. No me hablaba de hidrografía, ni del ganado, ni de la población. No me hablaba de Guadix, sino de los tres naranjos que, cerca de Guadix, bordean un campo: ‘Desconfía de ellos, márcatelos en el mapa…’. Y en mi mapa, desde aquel momento, los tres naranjos eran más importantes que Sierra Nevada. No me hablaba de Lorca, sino de una humilde granja cercana a Lorca. Y aquella pareja, perdida en el espacio, a quinientos kilómetros de distancia de nosotros, adquiría una importancia enorme. Instalados, como vigilantes fareros, en la ladera de la montaña, estaban prestos bajo las estrellas, para socorrer a otros hombres.

Así rescatábamos del olvido, de una inconcebible lejanía, detalles ignorados por todos los geógrafos del mundo.

La geografía española, sin cambiar un ápice, se desvelaba de un modo más humano, mucho más propio. Esta mirada relacional, que no añade irrealidad al mundo, descubre “lo invisible a los ojos” porque tiene en cuenta que la verdad es una mutua relación entre el objeto y el sujeto que se relaciona con ella y con el resto de los seres. ¡Cuánta necesidad tenemos de ser educados en este modo de abrazar, acoger y descubrir las posibilidades que la vida nos ofrece y elevarnos a un modo más auténtico de ser hombres! “Poco a poco, la España de mi mapa se transformaba bajo la lámpara en un país de cuento de hadas”.

Esta vocación de educar la mirada empieza por dejarse guiar por tantos otros que nos han precedido y que, desgraciadamente, han sido reducidos a volúmenes polvorientos de biblioteca, CD’s en peligro de extinción o películas regaladas con los dominicales que jamás serán desprecintadas. Necesitamos ser introducidos en la vida de un modo verdadero, que nos señalen y nos acompañen pero que no nos eviten caminar. “Cada uno de nosotros, en circunstancias insospechadas, ha conocido las más entrañables alegrías. Nos han dejado una nostalgia tan grande que hasta llegamos a añorar nuestras desdichas si han sido nuestras desdichas las que las han propiciado”.

Pero el hombre que se mueve en la paradoja de ser grande y vil puede amordazar su propia nostalgia y sobrevivir sin responder a su naturaleza, alienado socialmente y dejándose llevar por lo que toca. “Esos hombres que se creen hombres y que, sin embargo, por una presión de la que no son conscientes, están reducidos, como hormigas, a ser sólo usados”. ¡Qué alguien nos rescate si caemos en este abismo! Urgen maestros que nos enseñen a pensar con rigor, a penetrar en cada realidad sin reducirla ni violentarla con nuestros esquemas.

Para descubrir el sentido de la vida tenemos que recorrer nuestra existencia guiados por mapas trazados por aquellos que nos han precedido; mapas sin escalas, sin referencias geográficas ni hidrográficas, pero, a modo de imágenes, repleto de escenas iluminadoras que despiertan una y otra vez la nostalgia, “deseo de algo que no podemos describir”, y desvelan nuestro papel en la vida. “Sólo entonces podremos vivir en paz y morir en paz, pues lo que da sentido a la vida da sentido a la muerte”.

Este artículo fue publicado primero en la web del Instituto Newman, con cuyo permiso es reproducido aquí.

Hackers contra la universidad zombie

En Asuntos sociales/Educación por
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Estos días me viene a la cabeza con cierta frecuencia los años en que fui un estudiante universitario, sin más preocupación que aprender de lo que me gusta y conocer chicas guapas. Quizá sea por pura nostalgia, por echar de menos las cañas después de un lunes de clase, las conversaciones profundas hasta altas horas de la madrugada o el despertar de la curiosidad intelectual. Aunque tal vez sea simplemente por el tsunami informativo que ha provocado el TFM fake de Cristina Cifuentes.

La universidad española ha vivido unos últimos años de desprestigio y el número de facultades patrias que se cuelan en los rankings de las mejores es escasísimo. Por si fuera poco, la imagen de la universidad se ha visto salpicada por los tintes del chanchullo, la corrupción y la falta de excelencia con los casos de ‘masters regalados’ que comienzan a aflorar. Sigue leyendo

Padres e hijos: educar desde el exilio digital

En Asuntos sociales/Educación por
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La veo y me atribulo al sentirme devorado por augurios entre cómicos y esperpénticos. Veo a mi hija con el móvil y los cascos puestos sentada junto a mí en el mullido sofá del salón y, por el rabillo del ojo, desde la esquina vergonzante del alma paterna, escruto la pantalla y creo adivinar un pulular de jóvenes que cantan, ríen, bailan en un frenesí digital y hedonista.

A veces, me mira y se sonríe y yo me quedo tranquilo porque esa sonrisa es la confirmación de que el solipsismo tecnológico no la ha devorado como a mí mis cómicos y esperpénticos augurios.

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«Nuestro sistema educativo se basa en el engaño»

En Asuntos sociales/Educación por
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Santiago Moll (@smoll73) lanzaba en Twitter una pregunta puñetera, cosa que gusta de hacer y que yo le agradezco. Pocos estímulos educativos e intelectuales hay tan notables como las preguntas puñeteras, aunque le cuesten la vida a quien pregunta, cosa que aprendimos con Sócrates. Esta fue su provocación:

 

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Esa molesta creatividad

En Asuntos sociales/Educación por
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El proceso de educar es sin lugar a dudas uno de los más complejos y apasionantes a los que se enfrenta el ser humano. La educación necesita de actores que se enfrenten a la ignorancia o la inexistencia absoluta o parcial de cualquier forma de experiencia, con el animo de iluminar el conocimiento ante las encrucijadas que requieran decisiones en el futuro y de construir herramientas eficaces ante los retos que emanan del puro acto de vivir.

Cada ser llegado al mundo, nace sin el discernimiento de lo que es bueno o es malo y sin la capacidad de enfrentarse al dilema moral o ético que se desprende de cada una de nuestras decisiones. Por ello, mientras la educación técnica es acumulativa, pues no se necesita saber que antes de los trenes de alta velocidad existieron los de vapor para entender el funcionamiento y el fin de los primeros, el verdadero dilema es el que se desprende de la educación ética y del reto que representa cada neonato ante la comunidad educativa, social y familiar. Sigue leyendo

Crónicas de un mundo tierno (II): El triunfo del sentimiento

En Asuntos sociales/Educación/Sexualidad por
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Tal vez Sherlock Holmes habría atado cabos sin necesidad de conocer toda la historia. A mí, en cambio, me llevó algo más de tiempo, el tiempo que tardé en acabar de leer uno de los tantos artículos publicados sobre el tema. La sorprendente historia de Trystan Reese, “el papá embarazado de su marido Biff”, puede resultar algo confusa para personas anticuadas, sobre todo si comienzan por el final, como fue mi caso. Sigue leyendo

Educar es enseñar a convivir con el misterio

En Dialogical Creativity/Educación por
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He compartido en algunas notas mi preocupación por recuperar el asombro como la disposición originaria para el aprendizaje y el desarrollo personal. En La Ruta del encuentroJosé Ángel Agejas insiste en que la formación universitaria debe empezar en el asombro, caminar en él y concluir en un nuevo asombro, habiendo aprendido algo por el camino. Catherine L’Ecuyer (Educar en el asombroApego & Asombro) habla del asombro como motor del aprendizaje y de la importancia de mantener viva esa actitud en los niños. Sigue leyendo

La extinción de los paseantes

En Asuntos sociales/Educación por
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El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho

Miguel de Cervantes Saavedra

Leía, hace ya bastante tiempo, que eran pocos los que hoy en día dedican parte de su tiempo a la mera errancia, al paseo desinteresado. Algo similar a un caminar sin rumbo predeterminado, que decide su dirección en un presente radical, y que puede variar a medida que dicho caminar va realizándose. Es, en el fondo, un caminar de lo más puro, es él mismo sin fines ulteriores, que entraña una liberalidad casi desaparecida hoy en día en nuestros andares cotidianos.

Mi abuelo tenía la sana costumbre de pasear casi a diario. Seguramente de él adquirí yo ese hábito, que tanto he hecho mío. Desde que alcanza mi memoria me recuerdo acompañándole en sus caminatas que apuntalaban las tardes de los veranos castellanos. Unos buenos zapatos y su “cachaba”, por si aparecía algún peligro en el camino. Campo, pinares, ruidos y flores. En todo me instruía, precisando los nombres de los distintos pájaros que oíamos o de las distintas zonas que atravesábamos. Sigue leyendo

La mentalidad dialéctica, en las aulas

En Dialogical Creativity/Educación por
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La historia que sigue es pura ficción, pero está basada en hechos reales. Hechos que yo viví como alumno en el colegio y, en menor grado, en la universidad. Hechos que quizá tú también has vivido. Cuento esta historia con tres objetivos:

  • Explorar hasta qué punto la mentalidad dialéctica, centrada en el conflicto, es la mentalidad dominante –en muchos casos de modo inconsciente– en la cultura occidental contemporánea.
  • Incidir en que la lucha contra la corrupción, que ahora nos preocupa tanto, no es una batalla contra un estamento concreto (la casta, los políticos, los banqueros), sino contra una mentalidad que anida en el corazón del hombre contemporáneo.
  • Proponer una mentalidad alternativa, que llamo dialógica, que no sólo es más auténtica, sino también más práctica, constructiva y creativa.

La historia empieza en un aula de enseñanza media. De un vistazo es fácil distinguir en ella dos roles o papeles muy distintos: el primero es el de profesor, ejercido por una sola persona. El otro es el de alumno, ejercido por 25 adolescentes.

Entre estos últimos, si nos fijamos bien y escuchamos sus conversaciones, hay como pequeños sub-roles, etiquetas, casi como profecías auto-cumplidas, que a quien las sufre le hacen más o menos gracia: el payasocalculín, el abusón, la chupap*ll*s, el chulo… En cualquier caso, por mal que estén las cosas, todos saben que ellos son alumnos y pertenecen la misma casta, a la que desde luego no pertenece el profesor, que tiene otros intereses, que es como “de otro planeta”, que nos es “de los nuestros”. Cuando hay que elegir –y siempre hay que hacerlo–, todos saben de qué lado deben estar.
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El triunfo de los torpes

En Asuntos sociales/Educación por
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“Es que hoy, cuando un niño brilla desde el colegio todo el sistema está creado para machacar cualquier destello de brillantez, de inteligencia o de independencia, para que no deje a los torpes atrás. ¿Os dais cuenta del descrédito que la élite tiene y del acoso que hay? Es una de las peores amenazas que tenemos. Nos están dejando sin élites. ¡Es el triunfo de los torpes!” 

Estas bílicas palabras corresponden a Pérez-Reverte y están extraídas del XL Semanal de hace algunas semanas, donde el grupo Vocento tuvo a bien juntar a tres espadachines de las letras como son el autor del malparado Falcó, el nobel Vargas Llosa y el filósofo y escritor Javier Marías.

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La muerte del espíritu

En Educación/Pensamiento por
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“Los alumnos no deben estudiar lo que quieren, sino lo que propicie su empleabilidad”, esta frase del exministro Wert debe haberse pasado por las ilustres cabezas del Gobierno, que ha decidido hacer desaparecer la literatura universal como asignatura optativa en bachillerato a partir de este curso, lo que conlleva su desaparición de Selectividad, o como demonios se haya llamado este año. 

 En general, esto sin duda confirma la decadencia del sistema educativo nacional, y en concreto, constituye otro asesinato más a las Humanidades. La situación no es de ningún modo casual, forma parte de un elaborado plan que falla en su concepto más íntimo: considerar a los estudiantes como un engranaje más en un sistema de mercantilización de servicios. 

La supervivencia de nuestra civilización se encuentra estrechamente ligada a la dignificación del espíritu, al despertar de la sensibilidad. Somos algo más que un buen trabajo y una hipoteca. Esto muestra el principio del fin del cultivo de la intelectualidad, de la inclinación de la condición humana ante la trascendencia. 

Dentro de un tiempo las palabras de Lord Byron, Sófocles o Baudelaire no serán más que fantasmas errantes en las aulas. Las mismas en las que yo pude conocer los amores y desdichas de Hamlet, Madame Bovary, Ulises, o Gregor Samsa. Siempre nos quedará la resistencia de los últimos nostálgicos, que seguiremos confiando en que “Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe”, como decía Unamuno, pues “sólo la cultura da libertad”.

Lo que la risa del niño “dice”

En Educación/Pensamiento por
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Diógenes Laercio cuenta que Heráclito fue sorprendido un día por los efesios mientras jugaba con unos niños en el templo de Diana. Me pregunto si no iría allí el sabio a buscar el Logos en la risa de los niños. Una risa que es la prueba más irrefutable del milagro del ser. Sigue leyendo

Lucha que te lucha

En Asuntos sociales/Cultura política/Educación por
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Este artículo se propone una tarea novedosa: utilizar el razonamiento de la filosofía política no para atacar las grandes cuestiones generales sino para responder a los problemas pequeños, aquellos que pueden ser confrontados con los datos. Hacer algo así como filosofía política a nivel municipal, a partir de una problemática concreta: la que gira en torno al pago de las actividades extraescolares.

Soy profesor universitario y padre de niños en edad escolar así que, posiblemente, haya sesgo subjetivo en lo que voy a decir pero… el inicio de curso me resulta fascinante. Diera la sensación de que la vida misma coge impulso en cada nuevo septiembre y, pese a que fácticamente sabemos que no es del todo así, no deja de ser esperanzador el que unos pocos cambios y movimientos en nuestras existencias sean capaces de generar tantas ilusiones. Sigue leyendo

Pasolini: la educación y un sinceramiento necesario

En Asuntos sociales/Educación por
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Se podría decir que había perdido la fe en Democresía. Tanto artículo rimbombante sobre política exterior me había desinflado hasta el suelo y cuando ya sólo esperaba morir y que recojan mis pedazos llega Luis Gonzalo Díez y arroja una bomba de sentido común sobre los alegres suicidas de la educación actual, pomposos adolescentes que con sus cátedras e informes pretenden adelantar el fin del mundo.

Espoleado por su valentía, me gustaría arremeter a mí también contra los PISA y los OCDE, los Bolonia y los profetas de las habilidades y competencias. La “memorística” y la “educación tradicional” son según los expertos estrategas de la educación, los más repugnantes enemigos de la innovación, la creatividad, el trabajo en equipo, la felicidad garantizada, la posibilidad de trabajar en Amazon, etc. Sigue leyendo

Prohibido aburrirse en clase

En Asuntos sociales/Educación por
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Todo lo relacionado con los viejos usos y maneras de la enseñanza va quedando atrás con esa sensación de vértigo que procura vivir en un tiempo histórico tecnológicamente acelerado. El profesor que habla, el alumno que escucha, la memoria, los apuntes, los exámenes, incluso el mismo concepto de asignatura empiezan a despedir ese aroma vetusto de una especie cultural a punto de extinguirse. El vacío resultante se envuelve con el manto prestigioso de un progreso sin controversia posible, de un evangelio educativo de obligado cumplimiento tanto por su potente base tecnológica como por su orientación pedagógica.

Entre las muchas virtudes de la innovación educativa, se encuentra la proscripción del aburrimiento. Dado que el alumno, más que el conocimiento, es el protagonista absoluto, todo se orienta a la estimulación de sus capacidades, habilidades y competencias, lo cual solo puede hacerse en un entorno proactivo que evite la pasividad del oyente de un discurso manufacturado. Como si esa pasividad fuese consustancial al hecho de escuchar a un profesor disertando sobre un asunto particular. Profesor que, por acomodarse a un estilo antiguo de docencia, quedaría desacreditado al reproducir una pauta de comunicación intelectual con fuertes resabios autoritarios y jerárquicos. Sigue leyendo

Very well, Manuel

En Asuntos sociales/Educación por
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“¿Se imaginan una clase de matemáticas de universidad en la que se enseña a sumar?”

Comenzar un artículo sobre un tema social con datos que lo justifiquen y respalden queda de lo más convincente, ¿verdad? Para éste, he buscado varias fuentes sobre el nivel de inglés en España y debo decir que no me ha costado demasiado, porque todas coinciden: tenemos uno de los niveles más bajos de Europa. Es más: según los datos más recientes (EPI 2015, de Education First), en el último año incluso hemos empeorado. Sigue leyendo

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