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Religión

¿Se puede eludir a la religión?

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Con suma agudeza, Borges advertía que “nombrar es olvidar diferencias” y bien sabemos que sobre este axioma se construyen cada uno de los lenguajes. Por ende, el lenguaje es una ficción que estructura la realidad para más tarde percibirla y pensarla. Análogamente, podemos decir que la religión estructura nuestra realidad social para luego construir nuestra propia sensibilidad.

Entonces, si queremos saber porqué nos desagradan determinados sucesos y nos agradan otros, debemos analizar primeramente nuestra fe; fe en tanto apuesta moral, porque aunque la fe dirige su mirada hacia lo celestial, ella misma no constituye ningún misterio sobrenatural. En otras palabras, tenemos fe en una determinada religión de la misma manera que tenemos fe en la lengua española. Pese al “olvido de diferencias” que nos obliga a practicar un idioma, no por ello lo abandonamos; por el contrario, reforzamos la apuesta. En este sentido, veremos que la religión es un hecho tan ineludible como el resto de los lenguajes. Sigue leyendo

Navidad: reflexiones de una festividad ancestral

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En occidente existen diversas tradiciones que son características de los últimos meses del año y que llegan incluso a traspasar fronteras.  Desde el Halloween anglosajón, pasando por el Día de Todos los Santos, el Día de Muertos en México, o el Thanksgiving Day en Estados Unidos, hasta las festividades propias del mes de diciembre, que nos son comunes en esta parte del hemisferio.

Es acercándonos al final del año cuando, inevitablemente, los medios de comunicación, los establecimientos comerciales y la familia, nos recuerdan que se acerca la Navidad, festividad que pareciera que se prepara con mayor antelación cada año. Ya no es extraño comenzar a ver árboles, luces o decoraciones navideñas en venta desde antes de que pase Halloween.

Sin embargo, esta fiesta que tiene sus orígenes antes de la llegada del cristianismo, ha pasado de ser una celebración con diversos motivos y alcances en regiones específicas del mundo, a convertirse en una festividad celebrada en todos los continentes, salvo en aquellas naciones de religiones mayoritarias ajenas a la cristiandad.

Más allá de los villancicos, de las luces y colores, de los regalos y las vacaciones de cierre del año, esta época es propicia para la reflexión y la introspección, puesto que no podemos soslayar que la Navidad constituye una celebración litúrgica y solemne que, junto a la Semana Santa y al Pentecostés,  es celebrada cada año por millones de fieles de todas las nacionalidades.

Representación gráfica de San Bonifacio talando un roble.

El origen de una celebración

En la actualidad ha sido ampliamente difundida la idea, particularmente por Internet, de que la Navidad en realidad no es una festividad cristiana, sino el resultado de celebraciones ancestrales que giraban en torno al solsticio de invierno y los cambios climáticos que afectaban a las sociedades agrícolas.

Los pueblos nórdicos, particularmente los germanos y los escandinavos, celebraban la Yule, en honor al dios Frey, hijo de Njörðr y hermano de Freya, y divinidad del sol naciente, la fertilidad y la lluvia, el 26 de diciembre, adornando un árbol que representaba al Yggdrasil, el árbol del universo. Se cuenta que San Bonifacio, durante su labor evangelizadora en el siglo VIII en la actual Alemania, plantó un pino como símbolo del amor de Dios y lo adornó con manzanas (representación de las tentaciones) y velas (representando a Jesús como la luz del mundo), antecedentes de las actuales esferas, luces y adornos. Desde Alemania, la tradición del árbol navideño se trasladaría a otras partes de Europa, y de ahí, al resto del mundo.

Por su parte, los romanos desde el siglo III a.C. celebraban, entre el 17 y el 23 de diciembre, las llamadas Saturnales, en honor a Saturno, deidad de la agricultura. En estos siete días de fiesta se intercambiaban obsequios, se organizaban cenas y reuniones y se liberaba temporalmente a los esclavos. Además, tenían la fiesta del Nacimiento del Sol Invicto (Natalis Solis Invicti) exactamente el 25 de diciembre, fecha en que consideraban que culminaba la época más oscura del año, y que conmemoraba al antiguo dios griego Helios, a la deidad siria El Gabal o al dios Mitra, divinidades a las que en diferentes épocas se les denominó Deus Sol Invictus.

Partiendo de esta base, hay que considerar que en los primeros siglos de la expansión del cristianismo, los cristianos no celebraban la Navidad, siendo una de las primeras fuentes que datan la adopción de la fecha la encontramos en Sexto Julio Africano, alrededor del año 221.

El 25 de diciembre como fecha de la Natividad se incorporó al calendario romano a partir del año 336, en los últimos meses de Constantino, a quien hay que recordar como el emperador que legalizó el cristianismo, terminó con su persecución mediante el Edicto de Milán de 313 y convocó al Concilio de Nicea de 325. Para el año 350 el papa Julio I estableció el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, decretándose así ya bajo el papado de Liberio en 354, año en que también la encontramos en el Calendario de Filócalo. Considerándose que así sería más sencilla la conversión de los paganos al cristianismo, el nacimiento de Jesús de Nazaret se ligó en forma definitiva a una antigua celebración pagana, sincretismo que ha perdurado hasta nuestros días.

 

SATURNALES, SOL INVICTO Y NAVIDAD

La fecha del nacimiento de Jesús: Siglos de controversia

Es en los evangelios sinópticos, específicamente en Mateo y Lucas, en los que se habla del nacimiento de Jesús, aun cuando ambos textos no refieren fecha alguna.

En el caso de Mateo (2:1-11), se habla únicamente de que Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, y a continuación se relata la visita de los Magos de Oriente, su adoración y entrega de presentes, y posteriormente la matanza de los niños.

En el caso de Lucas (2:1-20), se refiere que José tuvo que llevarse a María embarazada de Nazaret a Belén, con el propósito de empadronarse en el censo que había ordenado Augusto César. El relato bíblico continúa con el anuncio del ángel a los pastores para que acudieran al pesebre a adorar al niño.

Y ha sido a partir de estos elementos que se ha pretendido, desde hace siglos, determinar la fecha de nacimiento de Jesús.

Dado que el empadronamiento ordenado por Augusto tendría el objeto de reclutar hombres para el servicio militar y fijar impuestos, se estima que es poco probable que se haya emitido la orden en invierno, puesto que el traslado de la población a sus lugares de origen habría enrarecido el ambiente aún más, debido a las difíciles condiciones climáticas a que se enfrentarían durante el viaje, de ahí que se considere que el nacimiento de Jesús no aconteció en diciembre.

Esto es relevante porque es necesario tener presente que el pueblo judío era proclive a la rebelión contra la dominación romana, como lo recordamos en las denominadas Guerras Judeo-Romanas, una de las cuales terminó con el asedio y destrucción de Jerusalén, incluido el saqueo de su Templo, por las legiones de Tito en el año 70. Por consiguiente, la decisión de obligar a la población a viajar en invierno para empadronarse, habría provocado un malestar con posibles consecuencias bélicas.

A partir del versículo que narra que “había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño” (Lucas 2:8), también se ha pensado que era altamente improbable que los rebaños permanecieran al aire libre durante el invierno, ya que la costumbre era que sólo fuera así entre los meses de marzo y noviembre, por lo que se ha considerado que este argumento refuerza la idea de que Jesús no nació en diciembre.

Para calcular entonces la fecha de nacimiento, algunos historiadores y exégetas de la Biblia han partido de la edad que tenía Jesús al morir. Tomando en cuenta que según los Evangelios, tenía 30 años al comenzar su ministerio, como lo vemos en Lucas 3:23: “Jesús mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años…”, y que dicho ministerio duró alrededor de tres años y medio hasta la crucifixión, evento que aconteció durante las festividades de la Pascua judía, se cree entonces que, a través de una cuenta regresiva, Jesús habría nacido a principios de otoño, esto es, en el mes de septiembre.

A otro problema que nos enfrentamos es a la determinación del año de nacimiento de Jesús. Tradicionalmente se había considerado a su nacimiento como el acontecimiento central de una nueva era y que representaba el año cero, pero este año no existe en el calendario juliano ni en el gregoriano. Fue el monje Dionisio el Exiguo quien dató el año de nacimiento de Jesús a partir de un nuevo sistema de numeración en el siglo VI, no obstante el cual, se equivocó al fechar el reinado de Herodes, por lo que al fijar el inicio de la era cristiana con el nacimiento de Jesús, al que situó en el 753 desde la fundación de Roma, cometió un error.

Investigaciones posteriores ubicaron el nacimiento de Jesús entre los años 4 y 7 a.C., a partir de tratar de establecer la fecha en que Flavio Josefo señaló que había ocurrido un eclipse poco antes de la muerte de Herodes, por lo que comenzó a aceptarse la idea de que se produjo la natividad el 4 a.C.

En la actualidad se debate si el nacimiento ocurrió en el 4 a.C. o en el 2 a.C., puesto que se ha acudido a otras fuentes, particularmente a Tertuliano, a Eusebio y a Irineo, quienes trataron de establecer la natividad a partir de acontecimientos de la historia romana: Tertuliano en el siglo II afirmó que Augusto gobernó 41 años antes del nacimiento de Jesús y murió 15 años después; Irineo lo sitúa en el año 41 del reinado de Augusto; mientras Eusebio en el siglo IV lo ubicó en el año 28 desde la victoria de Augusto sobre Marco Antonio y Cleopatra, pero como en otras cuestiones, en este asunto tampoco existe consenso.

Guerras Judeo – Romanas. Soldados romanas saquean tesoros judíos.

Buscando el significado de la Navidad

Con independencia de la falta de precisión histórica, es un hecho que la Navidad representa una de las festividades mayores del calendario litúrgico cristiano en sus distintas confesiones. En el catolicismo escuchamos de la Misa de Gallo y de la Misa de la Aurora, así como la conocida bendición solemne Urbi et orbi que envía el Papa desde la Basílica de San Pedro. Algunas iglesias protestantes ofrecen servicios esos días; en tanto que los ortodoxos, al no usar el calendario gregoriano, celebrarán la navidad hasta enero. Los mormones se unen a la celebración, pero sin reconocer la fecha como la del nacimiento de Jesús, siendo que los Testigos de Jehová no la celebran en absoluto.

En el clásico navideño A Charlie Brown Christmas, Charles M. Schulz hace que el conocido personaje albergue dudas y se cuestione cuál es el verdadero significado de la Navidad. La duda no es trillada: con todo cuanto hemos hablado hasta el momento, ¿cuál es la verdadera significación de esta festividad? Si hemos de tener en consideración el hecho de que se trata de una fiesta originariamente pagana, cuyos elementos cristianos se basan en imprecisiones históricas, ¿cuál es su significado?

¿Acaso sólo el aspecto comercial que inunda los negocios y los mercados con productos y cosas innecesarias? ¿l¡Los mensajes con que nos saturan los medios de comunicación, con un trasfondo meramente mercadológico, que nos remite a Santa Claus y los convenientemente listos regalos y presentes? ¿Los villancicos repetitivos cuyas notas invaden las calles, las casas y las empresas? ¿Las ofertas de viajes a sitios paradisíacos a precios aparentemente bajos? ¿Los especiales navideños de todas las series televisivas, la repetición de clásicos como It´s a wonderful life, Home alone, Miracle on 34th Street, o cuantas versiones existen de A Christmas Carol y comedias familiares?

Quizás, después de todo, exista una significación profunda, a la que de alguna forma toda la mercadotecnia de la época responde. Recordemos, por ejemplo, la conocida como Tregua de Navidad en la noche del 24 de diciembre de 1914, cuando las tropas alemanas y británicas hicieron un alto al fuego para cantar villancicos, intercambiar regalos, recuperar a los caídos y hasta para organizar partidos de futbol, todo en medio de la Primera Guerra Mundial.

La Navidad es capaz de hermanar a pueblos enfrentados en un conflicto porque su significación es aún más profunda que el mero acto de reunirse, incluso puede ser superior a las creencias religiosas más ortodoxas. Durante el siglo XVII los puritanos ingleses prohibieron la celebración tras la caída de Carlos I, argumentando que se trataba de una fiesta pagana celebrada por los católicos, y la inconformidad popular fue tal, que a mediados de ese siglo tuvo que levantarse la prohibición.

La Navidad representa la unión, y si bien pudiera interpretarse como la búsqueda ilusoria de construir una entelequia, lo cierto es que promueve y difunde algunos de los más especiales valores que nos son comunes a los pueblos, especialmente los relacionados a la familia. Por eso no es extraño que cuando escuchemos sobre Navidad, evoquemos nuestra niñez, innegablemente con elementos materiales como los regalos, las decoraciones, el árbol y las luces, pero también nos remonta a esa edad idílica en la que no había problemas, en la que estábamos reunidos los hermanos, los primos, los tíos, incluso los abuelos, y nuestros padres, en torno a una celebración que destacaba, con independencia del nacimiento de Jesús, la unión y la unidad familiar.

Quizás por eso, Taylor Caldwell escribió: “Este es el mensaje de Navidad: Nunca estamos solos”.

Desde México, para todos los lectores de Democresía, ¡Felices fiestas!

El arquetipo del hada

Ciencia/Religión por
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Para la científica planetaria Carolyn Porco: “Todos los átomos de nuestro cuerpo serán enviados al espacio cuando el Sistema Solar se desintegre, para vivir por siempre como masa o energía. Eso es lo que deberíamos estarle enseñando a nuestros hijos, no cuentos de hadas sobre ángeles y ver a su abuela en el cielo”.

Bajo este punto de vista la realidad es un terreno inabarcable en su complejidad relojera, y que por luz propia hace prescindible la mentalidad “mágica” o “supersticiosa” afincada en los cuentos de hadas, la religión o en definitiva el sentir espiritual. Todos estos cuentos son entonces vicios mentales que nos alejan de la verdad y es necesario suprimir como punto de partida del aprendizaje. Sigue leyendo

Mi querido Orugario

Literatura/Religión por
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-De parte de tu cariñoso tío, Escrutopo.

Escrito de manera ingeniosa, muy del estilo al que Lewis nos tiene acostumbrados (The four lovesThe lion, the witch and the wardrobeSurprised by Joy), va sumergiéndonos en treinta y una cartas en las que el diablo Escrutopo alecciona a su joven e inexperto sobrino- el diablo Orugario- en los modos más eficaces de conseguir la perdición de las almas para el cielo, ganándolas para el infierno.

Clive Staples Lewis escribió las Cartas del diablo a su sobrino (The Screwtape Letters) ya convertido a la fe cristiana, y como tal es una alegoría de nuestra vida humana: realidad del bien y del mal, y cómo operan las tentaciones en el hombre. Sigue leyendo

Dante, Nembrini y nuestra humanidad deseante

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Franco Nembrini es un pedagogo italiano nacido en Italia en el año 1955. Es profesor de literatura italiana e historia en la enseñanza secundaria y miembro de varios consejos educativos públicos y privados de la Italia actual.

Lo que más me importa decir acerca de este señor, que me dejó bastante maravillada, es que ha estado en España hace un par de días en la Universidad San Pablo CEU para impartir una conferencia sobre su libro Dante, poeta del deseo (Ed. Encuentro) y espero poder expresar con algo de acierto lo que nos transmitió para que no dejéis de leerle. Mejor dicho, para que no dejéis de leer a Dante. A los dos.

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La Teología del Libro de la Selva

Religión por
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En el último capítulo del Libro de la Selva, Kipling nos presenta a Mowgli con diecisiete años. Hace ya tiempo que mató a Shere Kan, y derrotó a los perros jaros. Ahora está en la plenitud de su fuerza, y todo el pueblo de la selva le teme. Es, como le llamarán más tarde, “un dios de los bosques”, “el amo de la selva”. Llega la primavera. Parece que todo es perfecto. Y, sin embargo… Mowgli tiene el corazón oprimido, y no sabe por qué… Sigue leyendo

Alain de Botton, sobre el ateismo

Ateos de alta cultura

Religión por
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Navega por las redes sociales con éxito inusitado un vídeo del filósofo suizo Alain de Botton predicando el ateísmo. Un ateísmo muy atractivo, sin lugar a dudas, porque se beneficia de todo cuanto de positivo hay en el ateísmo y de cuanto positivo hay en la religión.

Para el orador de Ted el gran problema del ateísmo es su carácter esencialmente negativo –la negación de la existencia de Dios y del valor, por lo tanto, de los sistemas religiosos–. Ese punto se puede conceder. Para revertir esta situación, al parecer, basta con proporcionar a los ateos los beneficios que los fieles de otras religiones encuentran en su religión. Hacer del ateísmo una religión. Sigue leyendo

Mahoma sí va a la montaña: expansión y conflicto de la identidad islámica

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El último estudio del Pew Center lo dejaba meridianamente claro: en 2050, la religión islámica (contando todas sus ramas) podría superar por primera vez, en número de fieles, a la religión cristiana (sumando a todas sus confesiones). Una proyección histórica (en el estudio The Changing Global Religious Landscape, 2017) que situaría a dicha religión con más de 3.000 millones de seguidores (reales o teóricos) y el 31% de la población mundial (desde el 24% de 2015 y un 2% más de la proyección realizada ese mismo año); todo ello consecuencia de sus altas tasas de natalidad (casi 2,9 por mil habitantes), el aumento de conversiones (superior ampliamente al resto) y la creciente islamización de países de cultura mayoritariamente musulmana pero de historia secular o con importantes minorías cristianas (de Turquía al Líbano).

Pero estos datos son un simple acercamiento. Las hipótesis más aventuradas señalan que ya es la más numerosa y sobre todo, la más practicada total (ante la amplia confesionalidad de sus países de referencia, y la ausencia de prácticas institucionalizadas al estilo católico o protestante en beneficio de liderazgos diversos y rezos personales) o relativamente, en especial ante la aparente apostasía generalizada en el mundo occidental, en la vida pública y en la práctica privada (quizás atemperada por el renacer de las Iglesias ortodoxas en numerosos países excomunistas o la aparición de las Iglesia evangélicas neopentecostales en América y Asia). Sigue leyendo

Reflexiones sobre el fósil de un ángel

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Sólo el cristianismo pareciera entrar en puja con el pensamiento científico; probablemente porque es la única religión que se fundamenta en una determinada versión de la historia humana con especial énfasis en el origen de la especie (Romanos 5:12-15). Dicho conflicto resuena particularmente en la sociedad estadounidense, donde el desarrollo científico y el nivel de religiosidad cristiana son particularmente altos.

Esto ha originado un sinnúmero de debates, como aquel que pregunta si debe enseñarse en los colegios la teoría de la evolución o el relato bíblico de la creación. En esta línea, ha quedado como parte del folclore nacional el conocido juicio a John Scopes, un profesor que en 1925 enseñó a sus alumnos la teoría de la evolución, pese a que el Estado de Tennessee prohibía dichas lecciones por oponerse al relato bíblico de la creación. Sigue leyendo

Breve semblanza de Charles Péguy

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No me considero un experto en Charles Péguy. Dudo mucho de que pueda existir un experto en Charles Péguy. Es un autor al que conocí hace años, casi por la puerta de atrás, por su obra de teatro: Jeanne d’Arc. En mi supina ignorancia, leí la obrita en una traducción casera al inglés y no supe encontrar en ella el interés que sí me produjo la novela homónima por entregas de Mark Twain.

Hace poco, otra vez por la puerta de atrás, me acerqué de nuevo al pensador francés. Esta vez de la mano de la Gloria de Von Balthasar. Sea por la razón que fuere el impacto que me ha producido este segundo encuentro ha sido más profundo y, Dios quiera, más duradero. Sigue leyendo

Un Dios para los descarados

Religión por
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Uno de los malhechores colgados en la cruz le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!». Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso». (Lucas 23, 39-43).

Dimas, como lo llaman los evangelios apócrifos, siempre me ha parecido una de las figuras más conmovedoras del relato de la Pasión. Su asombroso caso, el de un criminal convertido en primer santo de la Iglesia, tiene una fuerza irresistible.

Dimas representa una esperanza para aquellos que creen que es demasiado tarde. Y por eso mismo su caso ilustra tan bien la naturaleza de Cristo; la de un Dios que viene a dejarse abusar por el hombre. Sigue leyendo

La Pasión: la película más alegre de la historia

Religión por
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Durante una época, el postureo católico decía que el gran fallo de The Passion of the Christ (Mel Gibson, 2004) era que la abundancia de brutalidad y violencia tapaba por completo la esencia de la historia: el amor de Dios.

Según esta idea, lo realmente importante del relato no se percibía. Así, alguien que no conociera el Evangelio sólo vería la tortura y la agonía de un hombre, pero no captaría el meollo del asunto. Pienso que este modo de pensar es desacertado porque no tiene en cuenta que sólo desde la fe se puede reconocer la divinidad de Jesús. Sigue leyendo

Atención, sencillez y memoria

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Pareciera, a simple vista, que nos encontramos en una situación precaria a muchos niveles. Institucionalmente parece que el mundo, tal como lo habíamos conocido, amenaza con desmoronarse, económicamente no acabamos de remontar, la educación es un desastre, el terrorismo islámico amenaza nuestro estado de bienestar, las noticias más leídas de los periódicos digitales son siempre las más sensacionalistas y, como nos descuidemos, el Real Madrid podría perder el liderato de la Liga, que es lo único que parecía seguro hasta ahora.

Leía hace algún tiempo un artículo de Félix de Azúa en el que expresaba el tedio ante esta precariedad que ya no nos sorprende: es ya imposible que suceda lo inesperado, venía a decir. O lo que es lo mismo: no hay a la vista posibilidad de salvación y por lo tanto la postura adecuada, la que menos sufrimiento conlleva, es la aceptación del aburrimiento. Sigue leyendo

500 años de la Reforma Protestante: la disputa teológica que cambió el mundo

Pensamiento/Religión por
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Martín Lutero clavando en la puerta de una iglesia en Wittenberg las 95 tesis que cambiarían la historia de Occidente. Aunque esta imagen la tenemos todos muy presente, no está claro que haya ocurrido realmente. El simbólico gesto que daría inicio a la Reforma Protestante puede no ser más que una expresiva ficción.

De lo que no hay duda alguna, es que en el 2017 se cumplirán 500 años desde que Lutero escribiera las famosas tesis (aunque él no las llamaría así) y las enviase al arzobispo de su diócesis, iniciando una polémica teológica cuyo desenlace sería imprevisto para todos. Sigue leyendo

Cuando el silencio narra la historia

Cine/Religión por
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Hace unos días, al salir del cine —después de ver el último trabajo de Scorsese, Silencio, un amigo me dijo que había oído a alguien murmurar: “como siempre, la culpa de todo la tienen las religiones”. Una prueba clara de que se puede ver sin observar. Son muchas las críticas que se han hecho a esta película que, de por sí, no es polémica ni pretende serlo. Es profunda, y muchos confunden hoy la profundidad con el afán de debate.

Por fortuna, vivimos en una sociedad libre en la que todos podemos compartir opiniones para después aceptarlas o no. En un cierto grado de discusión -esa meritocracia congénita a la cultura-, es menester obviar la opinión de todos aquellos que no han visto la película o que, a pesar de haberla visto, carecen del instrumental necesario para elaborar una crítica adecuada. Sigue leyendo

Del Evangelio del Monstruo del Espagueti Volador y otras burlas

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Monesvol: así se llama la reciente deidad descubierta en 2005 por Bob Henderson, el aclamado “profeta” de la religión pastafarista. El Monstruo del Espagueti Volador, un lío de pasta adornado con un par de albóndigas, se coló en las conciencias de muchos como protesta frente a la decisión del Estado de Kansas de permitir la lección de las tesis creacionistas junto a las evolucionistas en las escuelas públicas. Un sinsentido para tantos que iban a lograr su revocación tan solo un año después. Pero el nuevo culto iba a trascender lo anecdótico para erigirse como una opción más en el mercado religioso.

En España ya han intentado cuatro veces introducirse en el Registro de Entidades Religiosas, en que son inscritas las confesiones cumplidoras de ciertos requisitos para recibir la protección que nuestro ordenamiento jurídico —por ahora— otorga a los derechos aglutinados bajo la sentencia “libertad ideológica, religiosa y de culto“, del artículo 16 de la Constitución. Sendas tentativas han resultado absolutamente infructuosas, como cabía esperar. O no… Sigue leyendo

Nueve películas que deberías haber visto en navidades

Cine/Religión por
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Una lista de películas que deberían haber sido vistas en Navidad. Bien. Empecemos mal. Obviaré el criterio de la temática navideña para elegir los filmes. Me guiaré por el siguiente mantra: películas que pueden acompañarnos en lo que queda de estas fiestas.

Para ello, he escogido algunas ideas que puede suscitar el misterio de la Natividad y he acudido a películas en las que ese aspecto tenga cierta importancia. Desde diversos puntos de vista podemos afirmar que el acontecimiento de la Navidad es: histórico, surrealista, tierno, sobrecogedor, inesperado, alegre, sanador, salvífico y revelador. Seguro que me dejo algo. Ya me perdonaréis. Sigue leyendo

Feliz Navidad, en la luz o en la niebla

Asuntos sociales/Religión por
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“NIÑOS: ¿Qué tiene tu divino corazón en fiesta?

YO: Un doblar de campanas perdidas en la niebla“.

Lorca, “Balada de la placeta“.

El mundo es tiniebla. Una densa espesura de nada y vacuidad. Vanidad, sentencia Qohelet, el mundo todo es vanidad.

En la noche oscura de san Juan, la del alma que escenifica la sombra de fuera, nada se ve. Quizá no falte la luz al ojo, y sea el objeto que le mostrare la nada. Ante ella, la misma luz que la educe es absorbida y contraída hasta el no-ser, como uno de esos agujeros negros de los astrofísicos: negros como la noche del alma. Quizá no sea sombra, sino vacío. Sigue leyendo

(AP Photo/Michael Sohn)

El ciego que veía el Misterio (sobre las cicatrices del odio)

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Desde que cayó el Muro no había vuelto a Berlín. Me encuentro una ciudad casi desconocida. Aquel Muro, símbolo de una escisión en dos de la humanidad, ha quedado reducido a una cicatriz en forma de reguero de adoquines que atraviesa la ciudad recordando aquel trazado infame. Cuando escribo estas líneas escucho con horror las noticias de un atentado en el mercadillo que rodea los restos de la iglesia memorial del káiser Guillermo, de nuevo otra cicatriz en sin maquillar de los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Hace pocos días que pasé por allí, camino del recinto que en la capital de Alemania han dedicado a la Topografía del Horror, la memoria del nazismo, donde en un tiempo la Gestapo urdía sus planes asesinos. Más horror, muerte, odio. Luego fui a Auschwitz-Birkenau. El gueto de Cracovia. Más vestigios de una ideología de muerte que, lejos de ser pasado, está tanto o más viva que nunca. Porque es la ideología que anula el corazón humano y lo ahoga en el odio, la barbarie, la desesperanza.
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Feliz Navidad, Carmena

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(La Navidad…) «es cristiana y la belleza de esa fiesta es que ha desbordado su contenido y sus valores y ha hecho que sea una fiesta internacional» (1 de diciembre de 2016).

Esta frase no es de la última carta pastoral del obispo de Madrid, ni del último discurso del Papa Francisco en el último ángelus. Es una cita de la alcaldesa de Madrid, la Excma. Sra. Manuela Carmena.

A veces asombra la intuición que tienen los de fuera para explicar lo que hay por dentro. El cristianismo nunca ha tenido el menor reparo en compartir su fe. Se quiera o no, su vocación es católica, término cuya etimología griega apunta a la universalidad (“kata”- sobre; “olos”- todo). Sigue leyendo

Una Navidad ganada a los nazis

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La noche del 24 de diciembre de 1940, en el campo de prisioneros de Tréveries, el filósofo Jean-Paul Sartre se estrenaba como dramaturgo delante de 2000 presos con Barioná, el hijo del trueno.

El ateo beligerante y reconocido como uno de los “padres del existencialismo” elaboró durante 6 semanas el texto con el que Voz de Papel calificó, tal y como reza la portada de su segunda edición, a Sartre como “un ateo que presenta mejor que nadie el Misterio de la Navidad”.

Para dar con esta singularidad, hubo detrás un elaborado trabajo de investigación por parte del Dr. José Ángel Agejas, para recuperar una obra denostada y condenada al ostracismo por los estudiosos de Sartre y cuya edición fue vetada incialmente por el propio Sartre por temor, según John Ireland, a que “si autorizaba su representación, la fuerza de esta obra oscurecería el resto de su producción teatral”. Sigue leyendo

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