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Chema Medina

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Caso Miguelianos (III): Ángeles y demonios

En Asuntos sociales por
Tiempo de lectura: 10 minutos

 

«Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba, 
que compartía mi pan, 
es el primero en traicionarme».

Salmo 40.

 

Confusión es esa sensación incómoda que provoca en nosotros la arbitraria mezcolanza de incoherencias. Inconexiones a lo menos. Cuando tales elementos, además, son antitéticos —se excluyen unos a otros—, evoluciona en perplejidad. Imagínese usted la estupefacción al contemplar el descenso de la nieve a treinta y cinco grados en un mes de julio.

Cuando la antítesis enfrenta lo más sublime a lo más abyecto, lo más santo a lo más demoníaco, lo ínclito a lo deleznable, el espectador enmudece; cáense los brazos, flaquean las piernas, resbala la barbilla, el corazón se hiela.

Es el aturdimiento de los videntes del insólito abrazo de Dios y Satanás.

(Lo que se expone en el artículo procede de información facilitada por las partes defensoras de Miguel y otras pruebas documentales a las que ha tenido acceso Democresía. No hemos tenido oportunidad de contrastar la versión con los acusadores).

 

No hubo visto demonios Gabriel cuando decidió involucrarse en una naciente asociación católica, que lo conquistó con su celo apostólico y su anhelo proselitista. Con el tiempo daría en llamarse «Orden y mandato de san Miguel».

Recibió el sacramento de la Confirmación allá por el año 2001, ha diecisiete años. Al poco conoce a un hombre, Miguel Rosendo da Silva, y comienza a cambiarle la vida. Se interesa por las cosas de Dios, por la verdad del hombre y la vocación a algo mayor, veraz, superior a cuanto hubo conocido. Tras un breve lapso algo más alejado de la vida sacramental, retorna a la celebración de la Eucaristía, vuelve a rezar, se involucra más y más en la misión apostólica de la Iglesia, colaborando en la catequesis y en otras actividades misionales.

Tampoco advierte rastros infernales, misas negras o posesiones diabólicas en adelante, y en 2009 —tras ocho años en contacto con el grupo— decide consagrarse en el ámbito de la nueva realidad eclesiástica, que caminaba en curso a su aprobación en cuanto orden religiosa. Estudiaba Ingeniería de Telecomunicaciones.

Su madre, sin embargo, descontenta con la vocación de su hijo, trata de apartarlo. Gabriel no accede a sus pretensiones, por lo que decide acudir a una instancia superior; en 2006 escribe una misiva a José Diéguez, entonces Obispo de la diócesis de Tui-Vigo: que «le están comiendo el coco» y se llevan a mi hijo.

Don José contacta con Juan Diz, presbítero de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz —entidad estrechamente vinculada al «Opus Dei»— y primer consiliario de la asociación, y le ruega que investigue y le informe. Tras un tiempo prudencial, Juan responde al Obispo que todo lo aprecia bueno y sano, y así se lo comunica este a la madre, que no se da por vencida y escribe a la Nunciatura eclesiástica, con idénticos resultados.

Es la primera acusación de sectarismo contra «Orden y mandato de san Miguel». Ahí quedó la cosa, pero con el tiempo resurgirá la verdad para unos, la burda calumnia para otros.

Gabriel, a marzo de 2018, sigue alabando ante esta revista la labor de la asociación disuelta, a la que sigue espiritualmente vinculado, con gran dolor y mayor esperanza.

En nuestra entrevista he juzgado absurdo preguntarle si alguna vez ha visto a Belcebú escurrirse tras una esquina, en la oscuridad de la casa madre.

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El poder de convocatoria de la agrupación de fieles es asombroso; en los noventa comienza a organizarse un círculo con inquietudes, y en 2003 se dotan de estatutos y reciben la bendición de don José Diéguez, cabeza de la diócesis, que ya ha aparecido antes en esta historia.

Ya son asociación privada de fieles.

En 2005 hay quienes advierten una vocación divina, y deciden consagrarse en el seno de «Orden y mandato». Y, finalmente, en 2009 festejan la aprobación de unos nuevos estatutos, con los cuales el nuevo Obispo Luis Quinteiro la constituye como asociación pública de fieles, siguiendo un proceso natural ordenado a convertirse en orden religiosa.

Llega a aglutinar en su derredor a unas doscientas personas.

De izquierda a derecha, Isaac de Vega, Luis Quinteiro (actual Obispo de Tui-Vigo) y Miguel Rosendo.

Hubo un cambio de consiliario en el año 2006: aparece en escena una figura emblemática y de indudable importancia en el devenir de la asociación, de su presidente Miguel y de los fieles ligados a ellos. Se trata de Isaac de Vega, sacerdote asimismo de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz —ligada al Opus Dei—.

Es capellán en la cárcel de La Lama; dedicado principalmente a la pastoral penitenciaria, recurre a la asociación buscando ayuda en su misión. La obtiene. Entonces comienza la relación, que va estrechándose más y más, entre el presbítero y «Orden y mandato de san Miguel».

Llega, decíamos, a ser muy estrecha; en 2007 celebra su cumpleaños con ellos, y con ellos convive durante un mes. Los partidos de fútbol —él, acérrimo madridista— se ven en la casa madre, con la familia de Miguel y el resto de fieles, ocasiones en que (a decir de algunos de ellos) comienzan a experimentar el genio explosivo del nuevo consiliario.

Poco a poco, Isaac va acumulando las tareas propias de un asistente eclesiástico, con gran implicación personal en la entidad religiosa. El cargo, canónicamente, lo recibe del Obispo en 2009 —cuando la asociación, recordamos, adquiere el estatus de «pública de fieles»—. Pero más de un año antes su integración en la estructura del grupo ya era completa: tenía plena conciencia del recorrido tanto del grupo como de cada uno de sus constituyentes; pasaba cuatro días a la semana con ellos y se unía a los viajes que organizaban.

Paralelamente, parece que Isaac desarrolla negocios contrarios al ordenamiento jurídico y a la moral cristiana más elemental. Lorena, consagrada, hija del portavoz de la ilegítima acusación popular en el proceso penal, fue una de las encargadas de colaborar con el cura en la pastoral penitenciaria. Recurrentemente comunicaba sus dudas al capellán: qué hacemos aquí, Isaac; por qué solo tratamos con los convictos por narcotráfico; nunca he advertido un atisbo de arrepentimiento en ninguno de ellos; me siento idiota hablando de Dios a quien se deleita decididamente en el pecado, y otras del estilo. Por respuesta, que el celo por las almas no hace acepción entre pecadores; que mientras haya posibilidades de salvación para uno de ellos, su labor merece la pena; que Dios ha venido a redimir también a los narcotraficantes.

Un día, Lorena descubre en su cuarto una bola de hachís del tamaño de su cabeza. Isaac, que siempre fue muy celoso de sus espacios y su intimidad, le asegura que era de un preso, que lo hubo descubierto y se lo confiscó.

Otras fuentes, cercanas a Isaac de Vega, ajenas al entorno de «Orden y mandato de san Miguel», y cuya identidad nos exigen que no se revele —se sienten amenazados—, aseguran que Isaac hacía negocio con los narcotraficantes del clan de los charlines y que solo trataba con presos por tráfico de drogas, que se lucraba con dinero de tal origen ilícito —nos hablan de «grandes cantidades»—, y que recibía de ellos no pocos favores de índole sexual.

Muchos de los miembros del clan que han cumplido condena lo hicieron en la cárcel de La Lama, cuya pastoral penitenciaria estaba a cargo del sacerdote.

Las irregularidades en esta prisión alcanzaron extremos asombrosos: Isaac conseguía favores para los narcotraficantes y hasta llegó a gestionar para ellos permisos penitenciarios, con resultados en ocasiones más que sospechosos, como aquellos de 2008 de que se hizo eco la prensa (entre otros casos, Interviú), en que cuatro presos de la misma banda, con sus respectivos permisos gestionados por el capellán, escapan de prisión en el espacio de cuatro meses. Cuatro. Los informes de la Junta de Tratamiento de la prisión, y los de la policía, fueron decididamente contrarios: existía un elevado riesgo de fuga y se trataba de presos peligrosos —condenados por introducir 124 kilos de cocaína y tenencia de armas de fuego—.

Desde el entorno de la asociación pública de fieles aseguran que el consiliario realizó gastos destacables en favor de aquella, que les parecían inalcanzables para un presbítero, y que llevaba un alto nivel de vida.

¿TODAVÍA NO SABES DE QUÉ VA ESTE ESCÁNDALO JUDICIAL? LEE EL PRIMER ARTÍCULO DEL “CASO MIGUELIANOS”. POR CHEMA MEDINA

Con tal integración en la asociación, es llamativo que Isaac no hubiera advertido ningún desorden hasta unos cinco años más tarde —según su propia dicción, denuncia al Obispo los excesos de los «miguelianos» en diciembre de 2012—.

Comienza una serie de movimientos para reunir un grupo de víctimas o, a lo menos, de atacantes. Miembros de «Orden y mandato de san Miguel» nos aseguran que Isaac comienza a llamar casa por casa a los padres de los integrantes, y consigue apoyos para su denuncia. Apoyos que se verán reflejados en un informe cuestionable de un investigador privado (del que nos ocuparemos en ulteriores artículos), que sirve de fundamento al subsiguiente proceso penal. Apoyos entre los cuales figura el de un párroco de Madrid.

Otro escándalo eclesial, de menor entidad y a cientos de kilómetros al sur, consumaría el proceso. Nos situamos en la archidiócesis de Madrid; dos sacerdotes en ella incardinados —Eduardo Lostao y Juan Luis Castón— e Ignacio Oriol son simpatizantes muy cercanos a la asociación.

Coinciden en su primer destino en la diócesis: Juan Luis llega de Getafe en el año 2011, y el entonces Obispo Antonio María Rouco Varela le destina como vicario a una parroquia del entorno de Moratalaz. Ignacio acaba allí también —habiendo abandonado recientemente la Legión de Cristo—, así como Eduardo, que entonces aún era seminarista. Y surgen determinados conflictos con los catequistas y con el párroco: con los unos, de índole dogmática e ideológica; con el otro, por evidencias de hurto.

Robaba. Juan Luis le descubre y le denuncia al Obispado, cuyo regente decide resolver la situación destituyendo al párroco y separando a Juan Luis.

Antonio M. Rouco Varela se lo lleva a otra parroquia, en otro lugar relativamente lejano al anterior, y lo acompaña Eduardo —a Ignacio lo mandan a Aravaca—. Miguel Rosendo, desde Galicia, les ruega que atiendan también un grupo de matrimonios del entorno que residen en la capital.

Juan Luis habla con el Obispo auxiliar, Fidel Herráiz —que volverá a salir en esta historia (actualmente es Arzobispo de Burgos)—, pidiéndole permiso para acceder a las peticiones de Miguel, que se lo concede. Procede de la misma forma con su nuevo párroco, JML. Así queda configurada la pastoral de los tres curas.

Ocurre que JML también robaba. «Pero muchísimo», matiza Juan Luis para esta revista. Juan Luis, que ya conoce la cantinela episcopal, reúne en esta ocasión pruebas económicas fehacientes, con la colaboración de algunos feligreses —Juan Luis trabajó para «JP Morgan», y uno de tales fieles era un general de brigada retirado que había trabajado como interventor de la Armada. No les resultó especialmente complicado—. Acreditan un mínimo de 25.000 € anuales que JML se embolsaba de los fondos de la parroquia.

Acuden de nuevo al Arzobispo. Nos situamos en la transición entre A. M. Rouco Varela y C. Osoro. Ninguno quiso escucharlos: el primero los despacha con frases como «aquí haya café para todos», o «ni vencedores ni vencidos», y el segundo continúa la misma línea de su predecesor, en ocasiones con formas coléricas y prepotentes. Juan Luis insiste.

Paralelamente, JML estalla. Llega a gritarles en la parroquia que fue secretario de uno de los Vicarios episcopales de Madrid, y que si él caía, caerían muchos. De hecho, acude en numerosas ocasiones al Obispo durante este proceso.

En esta situación, muy tensa, JML tiene noticia de lo que empieza a labrarse en Galicia, en relación con Isaac de Vega, Miguel Rosendo y «Orden y mandato de san Miguel». Advierte asimismo los vínculos entre la asociación pública de fieles y Juan Luis y Eduardo, y decide viajar al norte. Estos dos últimos —junto con José Ignacio Martín Sánchez, un tercer presbítero muy ligado a «Orden y mandato», y de quien hablaremos en futuros artículos— nos aseguran que JML se entrevista con Isaac y colabora en la hechura.

 

LEE EL SEGUNDO ARTÍCULO DEL “CASO MIGUELIANOS”. POR CHEMA MEDINA

Es JML quien aporta el ingrediente final; en el contexto de fuertes presiones en el ámbito interno eclesiástico —también en próximos capítulos—, fabrican la guinda del pastel: satanismo.

Después de más de cinco años de estrecha relación entre Isaac y Miguel Rosendo da Silva y la asociación que promoviera, no solo aparecen supuestos abusos y agresiones sexuales, coacciones, delitos contra la integridad moral, contra la Hacienda Pública o blanqueo de grandes capitales de orígenes antijurídicos, sino que ahora también se realizaban prácticas satánicas. Se llega a asegurar que Miguel decía ser la encarnación de san Miguel, el arcángel —a veces, del mismo Dios—; que entraba en posesión padeciendo convulsiones y balbuciendo lenguas extrañas, al tiempo que practicaba, dicen, exorcismos y rituales dudosos sobre miembros de la entidad religiosa.

Y JML erige como ministros del infierno a Juan Luis, a Eduardo y a Ignacio; con el tiempo se les conocerá en los medios de comunicación como «la Trinidad satánica». Consigue una fenomenal bomba de humo, desquitándose contra sus colegas —sus hermanos en el presbiterado—, y atrayendo sobre ellos la atención que se hubo posado sobre él, y que tan poco le convenía. La campaña de desprestigio continúa y se intensifica, hasta marginar a unos en Galicia y a otros en Madrid: don Carlos Osoro llega a retirar a sus sacerdotes el sueldo durante cuatro meses —hasta que don Fidel, Obispo auxiliar, interviene en su favor—. Pasan más de dos años en tinieblas, sin saber de su Obispo, sin dignarse este a escucharles, sin interesarse por ellos lo más mínimo. Ni una sola llamada de tantísimos sacerdotes amigos, cuando no se tornan beligerantes.

Mientras, el proceso se desarrolla. Los defensores de Miguel y «Orden y mandato» enmudecen, por obediencia filial a su nuevo Obispo Luis Quinteiro, cómplice en la trama por circunstancias que posteriormente se expondrán, que les exhorta a guardar silencio. Durante dos años. Años que se aprovechan, evolucionando las acusaciones y adquiriendo forma hasta dar con Miguel en prisión, en diciembre de 2014. Y disolverse la asociación.

Hasta aquí este capítulo de la novelesca pero realísima historia de los ángeles que son demonios.

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Caso Miguelianos (II): Las escandalosas irregularidades procesales

En Asuntos sociales por
Tiempo de lectura: 6 minutos

«No pensaba yo que tus proclamas
tuvieran una fuerza tal que, siendo mortal,
se pudiera pasar por encima de las leyes
no escritas y firmes de los dioses.
No son de hoy ni de ayer sino de siempre estas cosas,
y nadie sabe a partir de cuándo pudieron aparecer.
No había yo de, por temer el parecer de hombre alguno,
pagar ante los dioses el castigo por esto».

Sófocles; «Antígona», a Creonte, rey.

Tenemos nuestras razones para eludir ahora la presentación de Miguel Rosendo da Silva, y la asociación pública de fieles que fundara décadas atrás. Las barbaridades judiciales que se están sucediendo en el proceso penal, y la urgencia de su denuncia, nos han obligado a posponerlo, alterando el orden lógico de este relato.

Pero confiamos en la virtud de nuestro lector. Si bien es imposible amar a quien no se conoce, no es éste requisito de la prudencia y la justicia. Valore en tales términos las tropelías que seguidamente exponemos, y juzgue si son acordes a Derecho. Es más: allende la ley positiva, valore si son acordes a la dignidad humana, fuente de los derechos fundamentales enunciados en nuestra Carta magna (art. 10.2 CE), y pilar fundamental del ordenamiento jurídico. Sigue leyendo

Caso Miguelianos (I): Se llama Miguel Rosendo da Silva

En Asuntos sociales por
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«¡Un hombre al mar! ¡Qué importa!
El buque no se detiene por eso.
El viento sopla; el barco tiene una senda trazada,
que debe recorrer necesariamente».

«A veces no podía más; pensé en acabar con mi vida porque la vida así no es vida, es un infierno». Lo dijo Romano Liberto Van Der Dusse, cuando el Tribunal Supremo suspendió la injusticia que lo hubo llevado a prisión. Más de doce años.

Doce años.

Un caso similar al de José Antonio Valdivieso; nueve años inmerecidos de cárcel, y desoladores esbozos anímicos en sus informes psiquiátricos, que testimonian una ruptura vital, un desastre existencial:

«sentimiento de incomprensión por parte de quienes le rodean, del sistema judicial y de los profesionales que lo atienden en prisión»; «grave intento de suicidio de alta letalidad —ahorcamiento— y baja rescatabilidad (sic) —busca un sitio aislado y solitario en el que no haya testigos que puedan rescatarlo—»; «conductas autolesivas»; «hostilidad y desconfianza hacia el mundo, aislamiento social, sentimiento constante de vacío y dependencia de sus padres y su novia, sentimientos de estar en peligro o amenazado mostrando frecuentemente actitud de vigilancia e irritabilidad, y embotamiento afectivo».

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José Antonio habría escuchado en clase de filosofía aquello del «Gorgias» de Platón, que más vale padecer la injusticia que cometerla. Pero hay una diferencia cualitativa importante entre la horca de Judas y la que el madrileño se preparó en su celda.

«Pero lucha todavía.
Trata de defenderse, de sostenerse, hace esfuerzos, nada.
¡Pobre fuerza agotada ya, que combate con lo inagotable!».

Esta clase de barbaridades fue la que más asombró a los ilustrados. Las primeras conquistas en el proceso de democratización de Europa consistieron en rebuscar entre los maestros latinos e instaurar los derechos de defensa en el proceso penal. Que nadie puede ser condenado sin haber sido previamente oído, el «habeas corpus», y por Dios, la consabida presunción de inocencia: que la carga de la prueba recae en la parte acusadora y no en el acusado, que no existe culpa mientras no se acredite lo contrario, que nadie está obligado a la «probatio diabolica» de no haber delinquido para continuar en libertad.

«Hay pájaros en las nubes,
lo mismo que hay ángeles sobre las miserias humanas;
pero, ¿qué pueden hacer por él?
Ellos vuelan, cantan y se ciernen en los aires,
y él agoniza.
Se ve ya sepultado entre dos infinitos, el océano y el cielo;
uno es su tumba; otro su mortaja».

Siéntese ahora, que cierro la puerta, y le traigo un taco de folios y un flexo y dos fotografías, de Romano y José Antonio. Mírelos a su cara de papel, que evoca virtualmente angustias realísimas en alguna parte, actuales, ardorosamente vivas. Escuche, quizá, a José Antonio decir a los Magistrados de la Audiencia de Madrid, con santa ira y pocas ganas de ser educado, que le importa una puta mierda sus buenas intenciones. Y reconozca que tiene razón.

El taco de folios lleva por título un nombre, una vida, un presente y un futuro. Y lleva también un pasado de casi cuatro años en prisión. A José Antonio le bastaron tres para echarse una soga en derredor del cuello.

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Desgranando el caso de los Miguelianos: capítulo I

Se llama Miguel Rosendo da Silva, y aunque aún no se ha iniciado la fase oral del proceso, ya es culpable para la media España que se ha embriagado de la alienante teta de las grandes cabeceras. Si le resulta más fácil, porque su nombre ya le evoca lejanos ecos de «miguelianos», «secta satánica», «fetos humanos en frascos de cristal», «delitos contra la Hacienda Pública» o «repetidos abusos sexuales», tape la portada. Dele un seudónimo; que se llame Pepe o Manolo o Margarita o Elvira. O José Antonio, o Romano.

Algo así es lo que significa que Jueces y Magistrados han de ser «independientes (…), sometidos únicamente al imperio de la ley», en el artículo 117.1 de la Constitución española.

Y en el taco de folios que le traigo, y que le voy a dosificar las próximas semanas, va usted a leer verdaderas barbaridades: una versión de los hechos contada por una de las partes que no ha hallado, lamentablemente, tanto eco en la prensa. Va a descubrir cosas curiosas: mujeres violadas, víctimas de Miguel, que según los correspondientes exámenes periciales ginecológicos son vírgenes más puras que manantiales de alta montaña; un relato sobre el lado más negligente y oscuro de la jerarquía eclesiástica española, y el atropello del Derecho canónico; asombrosas irregularidades judiciales que conforman un todo aberrante, admirable, inverosímil. Y danzando en derredor de tamaño aquelarre, ocultas motivaciones de algunas partes acusadoras.

No va a descubrir elementos de culpa ni de inocencia; de todas formas, por fortuna o por desgracia, no es a usted a quien corresponde enjuiciar el caso. Pero sí encontrará una retahíla tal de irregularidades que rasgará sus vestiduras, atónito, y se preguntará en qué oscuro rincón yacen la imparcialidad, el sentido común, las garantías y la justicia.

Acaso sirva para desmentir la gravísima presión mediática que sufre una de las partes en este proceso, inaceptable en el ideal Estado social y democrático de Derecho con que se nos llena la boca orgullosa. Acaso sirva para cobrar conciencia de las exigencias de la dignidad humana, y de los más elementales dictados del Derecho penal, o canónico.

No sirve para exigir la condena del malhechor o la absolución del inocente. Su foro es la Audiencia de Pontevedra. Sirva para elevar un clamor por el respeto a los derechos procesales y sustantivos de los procesados, aun si a la postre resultaren culpables.

El respeto al proceso, a los derechos de defensa de posibles culpables, habría librado a Romano y a José Antonio de tan salvaje injusticia.

«¡Oh destino implacable de las sociedades humanas,
que perdéis los hombres y las almas en vuestro camino!
¡Océano en que cae todo lo que deja caer la ley!
¡Siniestra desaparición de todo auxilio!
¡Muerte moral!
La mar es la inexorable noche social
en que la penalidad arroja a sus condenados.
La mar es la inmensa miseria.
El alma, naufragando en este abismo, puede convertirse en un cadáver.
¿Quién lo resucitará?».

Víctor Hugo, «Los miserables».

 

 

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De trapos, fotografías y la madre que os parió

En Cataluña/Cultura política/España por
Radicales queman la bandera de España en Plaza Cataluña
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Leía esta mañana los tuits de una actriz de teatro a la que venero, cuyo nombre no revelo por las voces que aquí siguen: que no era ella de ‘banderitas’, decía, afeando que a la repulsiva revuelta contra todo en Cataluña le siguiera el ondeo de rojigualdas en tropel. Y lo de repulsiva lo digo yo, que parece que en el mundo feliz de su cabeza la cosa era también idílica, rosada y celeste. Sigue leyendo

La mísera vida de ciudad

En Democultura/Pensamiento por
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Lo decía el gran Dámaso Alonso, aquel poeta enhollinado de la era franquista: subía la demografía en la capital española y se situó por primera vez sobre el millón de habitantes. Los residentes de la gran villa aplaudían orgullosos de que su ciudad creciera, y esbozaban sonrisas de altanería y superioridad. Y mientras los titulares de los diarios afamaban el nombre de Madrid, él escribía en Hijos de la ira:

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres, según las últimas estadísticas.

¡Ah! ¡Cadáveres…! Madrid era un sepulcro, y sus habitantes sacos de hueso y ceniza. Sigue leyendo

Del Evangelio del Monstruo del Espagueti Volador y otras burlas

En Asuntos sociales/España/Religión por
Tiempo de lectura: 5 minutos

Monesvol: así se llama la reciente deidad descubierta en 2005 por Bob Henderson, el aclamado “profeta” de la religión pastafarista. El Monstruo del Espagueti Volador, un lío de pasta adornado con un par de albóndigas, se coló en las conciencias de muchos como protesta frente a la decisión del Estado de Kansas de permitir la lección de las tesis creacionistas junto a las evolucionistas en las escuelas públicas. Un sinsentido para tantos que iban a lograr su revocación tan solo un año después. Pero el nuevo culto iba a trascender lo anecdótico para erigirse como una opción más en el mercado religioso.

En España ya han intentado cuatro veces introducirse en el Registro de Entidades Religiosas, en que son inscritas las confesiones cumplidoras de ciertos requisitos para recibir la protección que nuestro ordenamiento jurídico —por ahora— otorga a los derechos aglutinados bajo la sentencia “libertad ideológica, religiosa y de culto“, del artículo 16 de la Constitución. Sendas tentativas han resultado absolutamente infructuosas, como cabía esperar. O no… Sigue leyendo

Silencio y nos salvaremos

En Pensamiento por
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Los hombres, si conocemos, deformamos. Esta es la gran verdad sobre la mirada del único ser con capacidad intelectual —presuntuoso término este derivado del latín “leer dentro (de lo real, se entiende)—.

La idea, que en griego significaba “lo que se ha visto“, es algo así como la suma de dos factores: el objeto real que se presenta y la estructura subjetiva con que se entiende lo de delante. Las flores que posee tu mujer son aquellas que le estás regalando, ¡oh atentísimo marido!, con algo de ella misma. Si está enfadada, probablemente sean muy distintas las tuyas de las suyas, siendo únicas ahí fuera. Sigue leyendo

Y quizá por eso «amor» suena a «noche»

En Filosofía/Pensamiento por
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Hará un par de semanas abrí mi portal de Facebook y apareció lo siguiente en mi sección de noticias. Un dramático Pessoa augurando pesimismos sobre el amor y etcétera.

La revista lanza en la publicación una interpelación final en la que no quiero detenerme demasiado. Solo dejo esta perspectiva a modo de aforismo, con la gratuidad del opinante irresponsable que ni reflexiona ni argumenta siquiera, y basta: que el amor es tan egoísta como altruista; si se ama se hacen propios los bienes y los males del amado, y así le identificamos con nosotros. Se unen sendas venturas cuando dos se quieren. Eso de negarse uno mismo para afirmar al otro en soledad es, si no imposible, una monstruosidad. Monstruos los espiritualistas que llegaren a destruir el amor propio —para lo cual se hace necesario anhelar no la muerte sino nunca haber existido—. Sigue leyendo

Feliz Navidad, en la luz o en la niebla

En Asuntos sociales/Religión por
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“NIÑOS: ¿Qué tiene tu divino corazón en fiesta?

YO: Un doblar de campanas perdidas en la niebla“.

Lorca, “Balada de la placeta“.

El mundo es tiniebla. Una densa espesura de nada y vacuidad. Vanidad, sentencia Qohelet, el mundo todo es vanidad.

En la noche oscura de san Juan, la del alma que escenifica la sombra de fuera, nada se ve. Quizá no falte la luz al ojo, y sea el objeto que le mostrare la nada. Ante ella, la misma luz que la educe es absorbida y contraída hasta el no-ser, como uno de esos agujeros negros de los astrofísicos: negros como la noche del alma. Quizá no sea sombra, sino vacío. Sigue leyendo

Disciplina de voto: ¿sí o no?

En Cultura política/España/Pensamiento por
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En las últimas semanas la famosa y controvertida disciplina de voto ha regresado al escenario político español. Ha sido en las entrañas del PSOE: la Comisión Gestora ha decidido sancionar a los díscolos que se apartaron del común sentir del partido. En el PP una de las últimas fue la de los expedientados no sancionados en la famosa “reformita” del aborto, que sin embargo acabó con su exclusión en bloque de las listas en las siguientes elecciones. El debate está candente: ¿es favorable este sistema a la democracia? Sigue leyendo

No hay caramelos para los ateos

En Filosofía/Pensamiento por
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“Esperad… El sabor… Y ya se escapa…”;

“Manzana llena, pera y plátano, grosella… Todo esto habla en la boca de la vida y de la muerte“.

Rainer Maria Rilke, Sonetos a Orfeo.

Comienzo este artículo paladeando un caramelo de naranja, una de mis frutas preferidas. Adoro el sabor ácido de los cítricos y esa indescriptible reacción en la lengua. No puedo entender por qué en el tarro que sobró de la repartición de Halloween sobreviven numantinamente tantos de los míos. ¡Oh, otros!, siempre seréis una incógnita. Sigue leyendo

Confesiones de un escritor borracho

En Pensamiento por
Tiempo de lectura: 4 minutos

Recuerdo que una vez en el colegio un profesor, no recuerdo de qué asignatura, me preguntó a quemarropa: “¿tú cuál crees que ha sido el mejor invento de la Historia?“. No me detuve a pensar un solo momento acerca de la cuestión, convencido como estaba entonces de que la sabiduría consiste en haber reflexionado sobre todas las cuestiones –y haber obtenido respuestas– en un tiempo ignoto pero siempre anterior al de la inquisición de terceros. Contesté altaneramente que el candidato perfecto había de ser el coche.

El profesor había estado aguardando con cierta curiosidad mi resolución, como si intuyera que había de sorprenderle, y cuando me escuchó hizo una mueca de aceptabilidad y resignación y se marchó. Sigue leyendo

Hay poetas que solo leemos en otoño

En Democultura por
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Se fue ya el verano, la estación orgiástica en que se disipan las obligaciones y florecen por doquier los latentes anhelos, esos que hibernan de crepúsculo a crepúsculo y amanecen solo al calor del mediodía.

Vacaciones, descanso u holgazanería, el tiempo de vacío en que cabe al fin la realización de los hombres. Donde alcanzan el ser los proyectos gestados en el invierno, bajo la gelidez de la nieve que sabe a nada, a modo de solución fantástica al tedio que anegara la ciudad –los corazones en la ciudad–. Mañanas en que se alza el sol como jugando en casa, y no con la timidez fugaz de diciembre; con decisión y poderío, dominando el cielo con báculo de fuego, inundando la vida de calor y movimiento, hasta abrasar la piel y aun el alma. Sigue leyendo

El pecado de Dorian Gray

En Democultura/Literatura por
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Al igual que ocurrió tras la invasión enciclopedista en Europa, la revolución industrial, y con ella el utilitarismo y hasta el atractivo por lo horrendo –aún más que indiferencia respecto a lo bello–, iban a desencadenar una huida radical hacia la experiencia estética, en búsqueda de la felicidad, de la satisfacción de los anhelos más profundos del hombre. Así fue con Oscar Wilde.

Escribe una única novela el dramaturgo inglés (casi un guión teatral en prosa), con frecuencia considerada como el mejor ejemplo de la corriente literaria del esteticismo: “The picture of Dorian Gray“. El relato, muy original, pivota en torno a tres personajes principales: Dorian, Basil Hallward y Henry Wotton –o Harry, la forma medieval–. Basil es pintor, y decide retratar al joven Dorian, de incomparable hermosura. Misteriosamente, el cuadro se convierte en imagen del alma del modelo; tras la seducción que obra en él lord Henry, un perfecto hedonista, la obra irá mutando y perdiendo su pulcritud al ritmo de la destemplanza del muchacho, hasta ilustrar un viejo decrépito. Sigue leyendo

Los hombres libres de Jones

En Cine/Democultura por
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Dijo uno que el racismo se cura viajando. Pero no a los Estados Unidos de América.

El 16 de septiembre llega a la gran pantalla Los hombres libres de Jones(“The Free State of Jones” es el título original), un relato basado en hechos reales, sumergido en la contienda que iba a enfrentar en 1861 a los Estados de la Unión con los Confederados del sur. Sigue leyendo

O el hombre o la ley

En Democultura/Literatura por
Tiempo de lectura: 5 minutos

Negó una vez Unamuno que fueran personajes quienes tomaban tiempo y lugar en sus novelas; eran personas, vivas, de carne y hueso; seres de entidad semejante a la nuestra –a la suya–, llevadas a escenarios extremos en la pluma innovadora de su autor. De su Creador, y aquí sitúa el vasco el centro de la reflexión que iba a identificarle con Augusto Pérez, el núcleo de su “Niebla“. Sigue leyendo

Oda a la gran desconocida

En Filosofía/Pensamiento por
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El otro día me topé de nuevo con Pedro Antonio de Alarcón, uno de mis novelistas preferidos. Ahí estaba, en mi mesilla de noche, interpelándome desde el lomo blanco que lo envolvía; “novelas completas”, se podía leer aún. Lo abrí y escogí una de las que todavía me quedaban por leer: El Capitán Veneno. Y entre hojas desenfadas, aun cómicas –que vivamente recomiendo–, me encontré con esta perla: Sigue leyendo

La Niza virtual

En Asuntos sociales por
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El otro día encendí el televisor y tuve una epifanía. Retransmitía la cadena un reportaje especial sobre el atentado de Niza, cuyo recuerdo aún nos conmociona, y centraron el objetivo en un hospital de la zona.

Explicaba un facultativo que desde la masacre se había producido una oleada de donaciones de sangre, y que seguían llegando ciudadanos generosos a sus puertas a pesar de que habían emitido un comunicado público afirmando que poseían suficiente.

En ese momento la cámara se posó sobre una mujer –ni alta ni baja, ni gorda ni flaca, ni vieja ni joven–, a la que con toda seguridad habían interrogado sobre los móviles de su conducta, que así respondía: “ya, si ya sé que no hace falta más sangre, pero es mi forma de acercarme a las víctimas y mostrar mis condolencias“. Sigue leyendo

Una de gays, exhibicionistas y lenguas de piedra

En Asuntos sociales por
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Cuenta Cervantes del Quijote que embistió un buen día con su lanza a un solitario barbero, por portar lo que no fuera más que una bacía y el caballero confundiera con el Yelmo del rey Mambrino, el cual había de hacerle invulnerable.

Mucho tiempo después, a las puertas de la famosa venta en que se hospedaban nuestro valeroso aventurero y su confabuladora comitiva, un curioso reencuentro iba a revolver la conciencia de la víctima. El barbero arremetería contra Sancho y el digno Quijote tachándolos de ladrones de bacías y adargas de mula, y estos por convencimiento y sus seguidores por jira, jurando ser el artículo el auténtico Yelmo de Mambrino, acabarían por confundirlo; era imposible que fallaran en sus razones tantas personas de tal honradez y condición: era propietario de una pieza fantástica, y trabajó por luengo tiempo con ella su profesión, sumido en la profunda ignorancia de la entidad del elemento. Sigue leyendo

La santa venganza os hará libres [CONTRARRÉPLICA]

En Filosofía/Pensamiento por
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Hace unos días apareció publicada en esta misma revista una asombrosa réplica a mi artículo “La venganza os hará libres“, de nuestro anónimo y genial colaborador Ignatius Reilly. Sin desperdiciar la ocasión de manifestar mi admiración al autor y felicitándole por su publicación, escribo esta tercera entrada profundizando en la cuestión en tres direcciones concretas, que considero necesarias para una correcta comprensión de la venganza. Y nauseando y vomitando –como él hiciera– sobre su pijama rosado que un día oliera a miel y jazmín. Sigue leyendo

[Más de] Cuatro aspectos en los que has perdido la soberanía

En Elecciones 26J/España por
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Una de las grandes pegas del mandato representativo, como avisara Rousseau, es la eventual alienación de la soberanía nacional en la clase política, si se difumina el vínculo institucional entre mandante y mandatario –ciudadano y diputado–. Al final, acaba convirtiéndose el período de elecciones no ya en el único momento de libertad y democracia (así decía el teórico francés), sino en una negociación mercantil, en la que las partes –votantes y partidos– negocian sus intereses, y no están dispuestas a dar más de lo necesario como contraprestación para conseguir lo suyo. Sigue leyendo

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