Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Sergio Fernández Riquelme

Profesor de la Universidad de Murcia, es historiador, doctor en política social e investigador acreditado en análisis historiográfico y social a nivel nacional e internacional.

Sergio Fernández Riquelme has 18 articles published.

Jair Bolsonaro y el concepto de lo político

En Mundo por
Tiempo de lectura: 6 minutos

Decía Carl Schmitt, jurísta político de pasado cuestionado y siempre de radical actualidad, que “el campo de relaciones de lo político se modifica incesantemente, conforme las fuerzas y poderes se unen o separan con el fin de afirmarse”. El siglo XXI, entre globalizaciones que pretenden la uniformización de las formas de vivir y convivir y entre fenómenos identitarios aparentemente reactivos, demuestra, una vez más, esta esencia del concepto de lo político que Schmitt señalaba en la historia: “la distinción política específica, aquella a la que pueden reconducirse todas las acciones y motivos políticos es la distinción de amigo y enemigo” (Der Begriff des politischen, 1932).

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La verdad de George Orwell

En Cultura política/Historia por

Tiempo de lectura: 10 minutosFrente a otros novelistas, Eric Arthur Blair no se equivocó en la fecha. Siempre parece que se equivocan los autores de distopías, por exceso o por defecto, a la hora de situar en el tiempo la fecha de llegada de ese futuro lleno de miedos, marcado por el apocalipsis o habitado por el último hombre. Pero Eric, que había adoptado el pseudónimo de George Orwell, no lo hizo, al situar en 1984 la trama de su inmortal novela del mismo nombre; ese año aun sobrevivía, aunque escondiendo su debilidad terminal, la utopía comunista que denunció casi a contracorriente. Había muerto décadas antes el inspirador del personaje del todopoderoso cerdo Napoleón, pero el Animalismo revolucionario seguía vigente (al menos formalmente) y el todopoderoso Gran hermano perduraba todavía (aunque solo sobreviviría un lustro más a esa fecha icónica). Sigue leyendo

Defensa de España (identidad, mundialización y desafío soberanista)

En España por

Tiempo de lectura: 14 minutosLa Leyenda negra ha calado, mutatis mutandis, en una generación de españoles. Nuestros símbolos son oscurecidos, nuestra identidad parece problemática y nuestra convivencia resulta difícil. Una ficción perfectamente construida, donde el pasado nacional parece una losa comunitaria y no un legado del que aprender, el presente se convierte en conflicto permanente y no en el escenario para crear juntos, y el futuro se vislumbra lleno de amenazas y no de posibilidades. Y sobre ella se ha legitimado el proyecto contemporáneo de destrucción de la idea y de la realidad de la Nación española, desde la descalificación general de su significado identitario y desde la ruptura de su unidad territorial y democrática, siendo Cataluña y su doble proyecto rupturista-expansionista el escenario visible de ello. Sigue leyendo

Goran Bregović y el lenguaje musical de un pueblo

En Mundo/Música por

Tiempo de lectura: 5 minutosUna tierra vista como trágica o mágica, cuna de leyendas históricas aún por descubrir (en su Diccionario Jázaro para Milorad Pavić), reducto de las últimas tradiciones auténticas o de los seculares odios étnicos (en Un puente sobre el rio Drina de Ivo Andrić), de pueblos mezclados o convertidos (en La Boda de Medo Smailagić de Avdo Međedović), de hombres siempre en lucha por su libertad (en Stanoje Glavas de Georgije “Đura” Jakšić) o de un paisaje casi idílico para ojos foráneos (en De la Montaña y bajo la Montaña de Petar Kocić).

Los Balcanes, región donde se produjo la penúltima gran guerra europea, entre 1991 y 1995; el combate fratricida entre los pueblos que años antes formaban la extinta Yugoslavia. Los Balcanes, región durante siglos peculiar o atrasada al mantenerse alejada del progreso occidental ante la ocupación de la misma por la llamada Sublime Puerta, el Imperio Otomano, ya que hasta mediados del siglo XIX no comenzaron a independizarse del poder turco naciones como los serbios, los búlgaros o los griegos. Un lugar, como tantos otros, plural étnica y culturalmente, mezclado en sus pueblos y matrimonios, guardián de viejas leyendas e identidades, en una orografía montañosa de valles durante años casi inaccesibles y de pueblos forjados en la resistencia ante invasores, y en una historia capaz de la mayor de las armonías y de los odios más viscerales. Sigue leyendo

Tecnocracia o democracia: el poder de elegir o elegir el poder

En Cultura política por

Tiempo de lectura: 7 minutosEn democracia gobierna el que más votos ciudadanos obtiene, directamente o a través de pactos postelectorales; eso está claro. Otra cuestión es quién puede participar en la contienda y cómo se obtienen los votos; eso dicen.

En la sociedad civil esa ecuación demoelectoral es más bien diferente, con excepciones en votaciones corporativas internas: ¿quién gobierna en una familia o en una empresa?, ¿quién elige al médico, al trabajador, al entrenador?, ¿cómo se selecciona al policía, al juez, al maestro? La respuesta a cada una de estas preguntas atiende a diferentes dimensiones de elección y selección, objetivas y a veces subjetivas. Otra cuestión es si los sistemas oficiales son los adecuados, si el dinero lo puede todo, o sobre si el clientelismo influye en las decisiones. Sigue leyendo

Un lugar llamado familia (antropología demográfica)

En Asuntos sociales por

Tiempo de lectura: 10 minutos

“El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia”. Gilbert Keith Chesterton

Regiones donde mueren más personas de las que nacen, donde miles de pueblos pequeños desaparecen o están en riesgo, donde las personas mayores son el rostro mayoritario de parques y jardines; podría ser el escenario tras una guerra, tras una catástrofe natural. Sociedades donde la palabra hermano es cada vez menos conocida y usada, donde ser padre o madre se excluye crecientemente del itinerario vital, y donde ser abuelo es, estadísticamente, una posibilidad cada vez más remota; podría ser el escenario de una novela distópica, de una película de ciencia ficción. Lugares donde la mutación antropológica de la demografía contemporánea tiene lugar, como realidad, positiva o negativa según su valoración ideológica, de numerosos países de Occidente u occidentalizados. Sigue leyendo

Mito y Revolución o cuando la ficción supera a la realidad

En Cultura política/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 9 minutosLos mitos que se creen tienden a convertirse en realidad” nos enseñó Orwell. El mito (mythos) se crea para que se crea en él, publicitando a unos y denigrando a otros, y por ello, ha movido y moverá a las masas para un fin concreto. No es solo una simple narración maravillosa, sobrenatural o fantasiosa, de pueblos primitivos sujetos al destino divino o a la intemperie de la naturaleza, fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes heroicos (el “primitivismo religioso” apuntado por Frazer o Tylor). Es, ante todo, una Historia donde los hombres crean personajes arquetípicos o fenómenos deslumbrantes que encarnan aspectos universales de la condición humana a imitar o a superar, desde la extraordinaria admiración o desde la radical animadversión, atribuyéndoles cualidades o excelencias que nunca antes habían tenido. En este caso, la ficción supera, y transforma, la realidad. Para Carpentier, “el mito sólo es reflejo de una realidad” construida. Sigue leyendo

La economía intermedia: cuando Schumacher descubrió que lo pequeño es hermoso

En Economía/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 9 minutosVivir con menos, en una economía a escala verdaderamente humana, que muestre que lo pequeño, lo simple y lo sencillo puede ser bello, útil y suficiente. Producir y consumir conociendo lo que realmente necesita el ser humano, frente al uso y abuso insostenible del mundo agigantado que nos convierte en simples números. Utilizar una tecnología a la medida del hombre: accesible, útil y cercana. Organizar y distribuir los medios y recursos económicos desde un plan comunitario basado en valores morales y no solo en cálculos estadísticos. Alcanzar una alternativa sostenible y práctica entre aquellos que propugnan el ”retorno al hogar” y los que que preconizan la “huida hacia delante”.

El legendario economista E.F. Schumacher [1911-1977], Fritz para los amigos, durante décadas uno de los pensadores más seguidos del mundo, nos hablaba y nos habla de una “economía intermedia” al servicio de hombres que tienen alma y de una naturaleza que tiene límites.

En plena globalización hiperconsumista, frente a pequeñas iniciativas aisladas del mundo y ante la gran etiqueta ecológica creada el marketing y aislada del medioambiente, la “economía intermedia” recupera plena vigencia como medio de reflexión o como instrumento de actuación. Ante las consecuencias del cambio climático, desde la revisión tecnológica, ante la emergencia de la lucha por los recursos, ante supuestas soluciones que o bien parecen meros parches técnicos o bien se desvelan como simples estrategias publicitarias. Algo parecido a decrecer en nuestro consumo y no morir en el intento, como sostenía Latouche; a disfrutar de lo que tenemos antes que frustrarnos por lo que no vendrá, como reflexionó Tolstoi; a volver a vivir con tres acres y una vaca y no perder el tren del mundo, como nos legó Chesterton.

Schumacher fue un alumno ejemplar. Tras una meteórica carrera académica en su Alemania natal, fue becado como economista de futuro con la prestigiosa Beca Rhodes en el New College de Oxford, y con solo veintidós años dio clases en la estadounidense Universidad de Columbia. Emigró a Gran Bretaña tras el triunfo nacionalsocialista, y sospechoso por su origen en plena conflagración mundial, durante años tuvo que trabajar como peón en una granja.

De la mano del economista de moda J.M. Keynes (quién leyó y utilizó el primer gran artículo de Schumacher, Multilateral Clearing) colaboró con él en su trabajo International Clearing Union (1944), trascendental para la elaboración del “Informe Beveridge” (base del actual Welfare State) y del “Plan Marshall” (clave en la reconstrucción de posguerra). Su enorme capacidad de trabajo y de análisis le abrió las puertas, primero de la British Control Commission como Chief Statistician, y después del National Coal Board, trabajando como Chief Economic Advisor durante dos décadas y siendo defensor acérrimo del lobby del carbón (deudor de las principales corrientes neomarxistas del momento, especialmente en clave socialdemócrata). Se había convertido en asesor técnico y estadístico de primer nivel.

Pero su visita a la subdesarrollada Birmania supuso un punto de inflexión. El prestigioso economista y asesor comprobó, in situ, los límites del progreso materialista y las injusticias sociales que conllevaba. Y comenzó plantear esa “economía intermedia” (y moralizada) entre el pequeño productor aislado y el “gigantismo” industrial que aislaba, entre el propietario artesanal y los colosales sistemas que inundaban el mundo de faraónicas infraestructuras y sueños nucleares; era el camino adecuado para un progreso justo y viable.

Así, en este periodo, recuperando las enseñanzas de las comunidades tradicionales y sus valores morales, empezó a escribir sobre una especie de “economía budista” alejada de los supuestos materialistas occidentales tras adoptar esta fe, profundamente influida por las tesis de M. Gandhi y J. C. Kumarappa (la llamada esencia de “la permanencia”). Tras diversos viajes por diferentes países del Tercer mundo (de Zambia a la India, pasando por Tanzania) amplió su nuevo enfoque “metaeconómico”; buscaba aquellos presupuestos morales y filosóficos alternativos capaces de reorientar dicha ciencia y actividad, para volver a considerar a las personas más importantes que los bienes y a la actividad creativa más relevante que el mero consumo. Propuesta que sintetizaba lo racional y lo espiritual (culminación de las “sus etapas  de desarrollo”) para superar la insuficiencia del liberalismo y las restricciones del comunismo. Así, en 1966 fundó el Intermediate Technology Development Group, convirtiéndose además en administrador de la cooperativa Scott Bader Commonwealth.

La vida, incluida la vida económica, precisamente porque resulta impredecible, todavía vale vivirla” proclamaba Schumacher.

Por ello, durante su conversión al catolicismo (que dejó perplejos a sus antiguos amigos budistas y marxistas), publicó la obra que le dio fama universal, su gran best seller Small is beautiful (1973), o Lo pequeño es hermoso; texto influido decisivamente por el chestertoniano Christopher Derrick (así como por el humanismo de Dorothy L. Sayers, las encíclicas sociales y el neotomismo de Jacques Maritain), y definido por The Times Literary Supplement como uno de los cien libros más influyentes de los publicados desde la Segunda Guerra Mundial.

La obra (en puridad una recopilación de artículos), pese a ciertas limitaciones propias del contexto en que se escribió y ciertas predicciones que no se cumplieron, anunciaba el nuevo tiempo histórico que vivimos en el siglo XXI: la tendencia hacia el gigantismo, el imparable crecimiento de las mega ciudades, el desempleo masivo crónico, los patrones insostenibles de uso de la energía, la degradación ambiental o la violencia en la lucha por los recursos.

Fue una de las primeras grandes y fundamentadas denuncias frente a la sociedad consumista (industrial o agrícola), que sobrevivía artificial e insosteniblemente sobre un entorno de fuentes limitadas y sobre la sistemática explotación de los recursos naturales no renovables de los países más pobres de la tierra. Por ello se preguntaba:

“¿Vamos a seguir aferrándonos a un estilo de vida que crecientemente vacía al mundo y desbasta a la naturaleza por medio de su excesivo énfasis en las satisfacciones materiales, o vamos a emplear los poderes creativos de la ciencia y de la tecnología, bajo el control de la sabiduría, en la elaboración de formas de vida que se encuadren dentro de las leyes inalterables del universo y que sean capaces de alentar las más altas aspiraciones de la naturaleza humana?”.

La “batalla occidental contra la naturaleza” debía acabar y los logros del modo de producción debían adaptarse a los límites del “capital natural” finito. Frente a la realidad petrolífera y el sueño nuclear, que desgranaba empíricamente, Schumacher propugnaba esa economía “como si le importarán las personas” (subtítulo de la obra citada), capaz de conseguir la sostenibilidad desde una nueva tecnología intermedia (recuperada de los modos de producción tradicionales) que conllevaba una restricción ética: la trascendencia de los valores morales que preservasen la igualdad y dignidad de todas las personas; la integridad del trabajo humano como el factor económico esencial; el uso de los instrumentos propios del entorno y de la comunidad (más baratos, más realistas y menos contaminantes); el papel central de la Familia como unidad básica de convivencia y formación; y el valor de las comunidades locales como entidades soberanas, si es posible, en una toma de decisiones descentralizada y desde una autosuficiencia creciente respecto a los alimentos y al combustible

Y, en medio de los optimistas que defendían que “todo tenía solución” y los pesimistas que anunciaban “la inminente catástrofe”, para Schumacher:

“Lo que necesitamos son optimistas que estén totalmente convencidos de que la catástrofe es ciertamente inevitable salvo que nos acordemos de nosotros mismos, que recordemos quiénes somos: una gente peculiar destinada a disfruta de salud, belleza y permanencia; dotada de enormes dones creativos y capaz de desarrollar un sistema económico tal que la «gente» esté en el primer lugar y la provisión de «mercancías» en el segundo”.

Obra donde Schumacher pretendía completar los problemas que detectaba en las tesis de su admirado Distributismo de Chesterton, Belloc y Gill. Este modelo acertaba a proponer, entre el Mercado divinizado y el Estado todopoderoso, un modelo basado en la promoción de la propiedad independiente (el llamado “retorno al hogar”); pero el mismo resultaba limitado para Schumacher ya que, a su juicio, solo alcanzaba a representar una “economía pequeña” de escaso impacto. Era necesario, además, un “economía intermedia” que atendiese a “cientos de miles de personas que no pueden tener esperanzas de ser auto-suficientes en la propiedad o en la artesanía“, que llegase a los desposeídos de la tierra y a los explotados por el sistema. Pero una vía media que no podía basarse, como había hecho durante años, en remedios dictados en exclusiva por los expertos especializados; debía fundarse en la previa transformación interna, moral, del hombre y su comunidad:

La gente continúa clamando por soluciones, y se enoja cuando se le dice que la restauración de la sociedad debe venir desde dentro y no puede venir desde fuera”.

Frente al individualismo sistémico construido, a la vez, desde la lealtad al capital y desde la dependencia de lo público, Schumacher oponía una comunidad soberana ligada tanto al minúsculo productor como al gran mundo interconectado.

“La cuestión no es la elección entre «crecimiento moderno» y «estancamiento tradicional». La cuestión más bien radica en encontrar el camino correcto de desarrollo, el Camino Medio entre la negligencia materialista y la inmovilidad tradicionalista. En pocas palabras, encontrar «Los Medios Correctos de Subsistencia»”

El occidental y el occidentalizado debían, por tanto, cambiar en sus valores para poder cambiar el sistema en sus instrumentos. Tenía que reconstruirse el arquetipo del homo viator o “el hombre con un  propósito” con su colectivo y desde la escuela, con una misión interna (atemperando la codicia y la envidia) y con un deber externo (buscando la paz y la cooperación), más allá del compulsivo comprador o del mecánico productor.

Marx, Freud y Einstein eran, a su juicio, “el trío diabólico” del que la modernidad había sacado las lecciones para erigir el rechazo a la asunción de responsabilidades individuales respecto a la comunidad de pertenencia o de referencia: del primero la interpretación revolucionaria del “odio a los demás” como motor de la historia; del segundo la sacralización individualista de la subjetiva “autorrealización interna” alejada de las necesidades de los demás; y del tercero la aplicación moral de su insistencia en la “relatividad de todo”.

Devolver la belleza a lo pequeño suponía recuperar la conciencia de que el hombre depende del mundo natural, de que el consumo no puede ser el único fin y propósito de la actividad económica, y de que el modo actual de producción destruye la naturaleza y genera una sociedad que mutila al ser humano. Un objetivo que debía demostrar, para Schumacher, el error de la que denominaba como dominante religión materialista (la única supuestamente racional), fundada en el culto al consumismo y la idolatría del gigantismo, y generalizada mediante la cultura de la salvación personal (e individualista) basada en el imparable desarrollo de la producción y la sistemática adquisición de riqueza personal.

Y la demostración de la viabilidad de su alternativa intermedia partía de la convicción de que “una onza de práctica vale más que una tonelada de teoría“: había comprobado en países olvidados por el progreso que la producción desde los recursos comunitarios inmediatos para cubrir las necesidades locales era la forma más racional de vida económica: adaptando la tecnología existente (y a descubrir) a las posibilidades intermedias, aumentando la variedad utilitaria de los sistemas instrumentales, generalizando mercados de proximidad al origen productivo, impulsando la educación moral y la comunicación solidaria, fomentando decididamente la vida rural (soñaba con “dos millones de aldeas”), y por ello, difundiendo para todos, libre y gratuitamente, mecanismos técnicos de bajo costo necesarios para el crecimiento autónomo responsable.

Un nuevo modelo de producción y consumo que devolviera la belleza a lo pequeño desde la tecnología intermedia que completaba, posteriormente, con dos principios más. Era necesario un segundo pilar, un nuevo paradigma filosófico y moral en la economía y en la vida; una Guía para perplejos (A guide for the perplexed, 1977) donde subrayaba esos “valores supremos” que permitían conciliar el autoconocimiento individual y la comprensión social en la elección de los métodos económicos. Y sobre ellos había que construir y difundir un “cambio de conciencia” en los hombres y sus comunidades, en las sociedades y en sus políticos, “en el corazón y el alma de cada uno de nosotros”; demostrando a esos “perplejos” que lo consideran imposible o utópico,  que toda reforma política o económica que respetara el medio ambiente pasaba por resolver los problemas vitales de la sociedad industrial, ya que

“el hombre de hoy es demasiado listo para ser capaz de sobrevivir sin sabiduría… Sin sabiduría el hombre se ve obligado a construir una economía monstruosa que destruye el mundo, y a buscar afanosamente satisfacciones fantásticas, como la de poner un hombre en la Luna” (Schumacher, 1981).

Y también era imprescindible un  tercer pilar: el trabajo; pero no uno cualquiera sino un “buen trabajo“. Así se publicó después de su fallecimiento, en septiembre de 1977, A good work, conjunto de conferencias dictadas en Estados Unidos en las que alude nuevamente a la necesidad de modificar las bases materialistas de la economía moderna desde el cooperativismo moralmente responsable; especialmente, porque, cualitativa y cuantitativamente, señalaba que “la fiesta ha terminado” para el progreso entendido en exclusiva de manera material (the party’s over).Una nueva forma de entender la economía necesitaba un nuevo de vivir el trabajo. Siguiendo a Santo Tomás señalaba que “no puede haber alegría de vivir sin alegría de trabajar, la pereza es tristeza del alma” (Schumacher, 1980: 113-115).

Fue admirado por comunistas y cristianos, seguido por líderes africanos y americanos, invitado por la Casa blanca y por el Vaticano, considerado mero conservacionista o valiente eco-guerrero, adulado a la vez por postcapitalistas y postcomunistas, considerado oportunista o elevado a la categoría de profeta. Pero quizás Schumacher, Fritz para los amigos, solo quiso que volviéramos a ver al ser humano en su belleza, por dentro y por fuera.

“No tengo dudas de que es posible dar una nueva dirección al desarrollo tecnológico, una dirección que habrá de conducirlo de vuelta a las necesidades reales del hombre, lo que también significa volver al tamaño correcto del hombre. El hombre es pequeño y, por lo tanto, lo pequeño es hermoso”.

Curzio Malaparte o el lado incorrecto de nuestra historia

En Historia/Literatura por

Tiempo de lectura: 8 minutos“Tengo curiosidad por saber lo que encontraré yo, que busco monstruos”. Estuvo siempre en el lado malo; el lado del provocador y del blasfemo, del revolucionario y del antidemócrata, del golpista y del confabulador, del fascista y del comunista, del refundador del mundo y de la sociedad, de los monstruos divinizados por los hombres y por las ideas. Curzio Malaparte [1898-1957] era el periodista Kurt Erich Suckert, el revolucionario toscano que buscó tanto en lado diestro como en el siniestro, el polémico dramaturgo sin éxito que latinizó su nombre alemán, y el brutal escritor neorrealista más conocido por el nombre de guerra que desde 1925 marcó su destino.

Eligió la “malaparte” no solo como un juego de palabras, entre la ironía y la paronomasia, con el apellido del imperial Bonaparte; lo hizo para ser parte del lado provocador y transformador de la Historia que da la fama y también la quita, como el símbolo de una nueva persona en un nuevo mundo que muchos se dedicaron y se dedican a forjar, a sangre y fuego. Sigue leyendo

Delibes y el fin del mundo

En Democultura/Literatura por

Tiempo de lectura: 8 minutosTodo tiene un final. Los hombres mueren, aunque nieguen esa palabra; nadie se lleva la riqueza a la tumba, aunque se atesore con avaricia; la injusticia podría acabar si un pueblo se dedicaba a ello; e incluso la magia del progreso se agota cuando la contaminación ya no se puede esconder. Mueren los hombres, pero permanece el Hombre en sus dramas y sus esperanzas. La muerte era, para Miguel Delibes [1920-2010] el desenlace inevitable y no siempre justo de una vida no siempre vivida: “al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales”. Sigue leyendo

Mahoma sí va a la montaña: expansión y conflicto de la identidad islámica

En Asuntos sociales/Mundo/Religión por

Tiempo de lectura: 7 minutosEl último estudio del Pew Center lo dejaba meridianamente claro: en 2050, la religión islámica (contando todas sus ramas) podría superar por primera vez, en número de fieles, a la religión cristiana (sumando a todas sus confesiones). Una proyección histórica (en el estudio The Changing Global Religious Landscape, 2017) que situaría a dicha religión con más de 3.000 millones de seguidores (reales o teóricos) y el 31% de la población mundial (desde el 24% de 2015 y un 2% más de la proyección realizada ese mismo año); todo ello consecuencia de sus altas tasas de natalidad (casi 2,9 por mil habitantes), el aumento de conversiones (superior ampliamente al resto) y la creciente islamización de países de cultura mayoritariamente musulmana pero de historia secular o con importantes minorías cristianas (de Turquía al Líbano).

Pero estos datos son un simple acercamiento. Las hipótesis más aventuradas señalan que ya es la más numerosa y sobre todo, la más practicada total (ante la amplia confesionalidad de sus países de referencia, y la ausencia de prácticas institucionalizadas al estilo católico o protestante en beneficio de liderazgos diversos y rezos personales) o relativamente, en especial ante la aparente apostasía generalizada en el mundo occidental, en la vida pública y en la práctica privada (quizás atemperada por el renacer de las Iglesias ortodoxas en numerosos países excomunistas o la aparición de las Iglesia evangélicas neopentecostales en América y Asia). Sigue leyendo

El mal y la redención: los Demonios de Dostoyevski

En Democultura/Literatura por

Tiempo de lectura: 12 minutosEl ser humano conoce el mal, sabe usarlo, en muchas ocasiones lo justifica como necesario o inevitable, e incluso lo llega a equipar con el bien. Pero sabe también que, tarde o temprano, todo mal conlleva una pena, propia o ajena, por la vía del castigo social o por la dolorosa redención personal, muriendo para renacer.

Fiódor Mijáilovich Dostoyevski [1821-1881] comprendió esta realidad en su propia vida y en la de los personajes que construyó para identificar los Demonios de su época; desde ese estudio tan profundo y tan citado del alma humana, y en concreto de una pretendida como singular “alma rusa” (por geografía, por historia, por cultura) que su coetáneo Lev Tolstoi intentó cambiar desde el ejemplo (y al que la posterior Unión soviética ensalzó como promotor, mientras censuraba al “reaccionario” Dostoyevski). Sigue leyendo

Siria: el cuento de guerra de nuestra generación

En Internacional/Mundo por

Tiempo de lectura: 5 minutosCada época tiene y vive su propia guerra. Nuestros abuelos tuvieron su respectiva guerra mundial y sufrieron sus crueles y fratricidas guerras civiles asociadas. Nuestros padres vivieron, en la televisión y en la propaganda, esa guerra declarada “fría” y sus numerosos conflictos “ardientes” en zonas periféricas (y descolonizadas en paralelo) entre las viejas banderas izquierdistas y derechistas. Y cada uno de estos conflictos fue contado, como tragedia o comedia, por los protagonistas de los mismos, desde el dolor que nunca desapareció o desde la risa de aquello humano que se pudo salvar. Sigue leyendo

El gran combate: del deporte a la ideología

En Cuero/Pensamiento por

Tiempo de lectura: 6 minutos

Cuando un ensangrentado y heroico Rocky Balboa (Sylvester Stallone) tiró a la lona a Ivan Danko (Dolph Lundgren) había vencido el “sueño americano”. El humilde dreamer de origen italoamericano, forjado en los suburbios al calor del tema “Eye of the Tiger” (Survivor), derrotaba en la cuarta parte de la saga al hierático y tecnificado mundo soviético. Sigue leyendo

Go hard like Vladimir Putin o cómo la música no amansa a la fieras

En Internacional/Mundo/Música por

Tiempo de lectura: 3 minutos

Putin ha ganado. La victoria electoral de Trump, la tregua en Siria, la dominación de zonas de Ucrania, las victorias de presidentes pro-rusos en Moldavia y Bulgaria, el mantenimiento de los precios del petróleo, el apoyo creciente de movimientos identitarios en Europa Occidental. El 2017 abría con este gran titular, la prensa de medio mundo proclamaba su triunfo sin paliativos. Obama se marchaba, su alter ego mediático e ideológico (y supuestamente geopolítico), y él se quedaba sine die, pero no solo como presidente todopoderoso en una Rusia denunciada como “oscura y amenazante”, sino supuestamente en los parlamentos y ordenadores de las democracias occidentales. Sigue leyendo

Kusturica: la Identidad entre la fantasía y realidad

En Cine/Democultura por

Tiempo de lectura: 4 minutosEn 1991 Emir Nemanja Kusturica perdió su país, y su Identidad. Hijo de padre serbio ortodoxo y madre bosnia musulmana, asistió perplejo a como desaparecía la vieja Yugoslavia, la “unión de los eslavos de sur”.

Su obra y su vida aparecen como ejemplo historiográfico, desde el cine, de la creación y destrucción de la Identidad, personal y colectivamente en nuestro devenir contemporáneo; y sobre todo de cómo ésta afecta a los hombres y mujeres en una vida cotidiana donde lo real (lo que supuestamente vivimos) y lo mágico (lo que hubiéramos deseado que pasara) se conectan indisolublemente. Sigue leyendo

Polonia: la contrarrevolución conservadora en el siglo XXI

En Mundo por

Tiempo de lectura: 9 minutos

  1. Europa y la identidad nacional

El 13 de septiembre de 2016 el Parlamento europeo, en sesión monográfica y extraordinaria, se reunió para debatir, y condenar, la considerada como “deriva autoritaria” del Gobierno de Polonia, dominado desde el año anterior por el partido conservador Ley y Justicia (Prawo i Sprawiedliwość, PiS). Se denunciaba, especialmente desde los grupos socialistas y liberales de la Eurocámara, el proceso de crecimiento de sus posturas eurofóbicas contrarias a los Derechos humanos. Así se cuestionaban públicamente, y en primer lugar, sus intentos de reforma unilateral del Tribunal constitucional; en segundo lugar, el control de los medios de comunicación, tanto  públicos como privados; en tercer lugar, su postura antiinmigración contraria a la acogida de refugiados; y en cuarto lugar, sus medidas de protección de la Familia natural y de limitación del aborto. Sigue leyendo

La elección de la identidad

En Cultura política/Mundo por

Tiempo de lectura: 6 minutos

Nacionalismo identitario vs. liberalismo progresista como dialéctica ideológica en el siglo XXI

Una convocatoria electoral, intrascendente tradicionalmente, señaló la esencia ideológica de la Identidad colectiva en el nuevo tiempo histórico de la Globalización (o Mundialización, en un sentido más completo).

La elección del nuevo Presidente de Austria en 2016, cargo más honorífico y representativo que ejecutivo, llenó las portadas de la prensa de medio mundo. Norbert Hofer, del nacionalista FPÖ, y Alexander Van der Bellen, del minoritario partido ecologista, se disputaban en una reñida segunda vuelta un cargo que durante medio siglo a casi nadie importó. Por primera vez en la Europa postbélica, un candidato más allá de la derecha tradicional podría convertirse en Jefe de Estado de un país occidental. Sigue leyendo

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