Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Cine

Disney y la reinvención de los clásicos: qué cabe esperar de Mulán

En Asuntos sociales/Cine por
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Hace poco hemos visto El libro de la selva (Jon Favreau 2016) la nueva versión del “clásico” de Disney (a su vez adaptación de la novela de Rudyard Kipling) esta vez en acción real mezclada con acción digitalmente real. Más recientemente se estrenó una nueva versión de otro “clásico” Disney, también en acción real, La bella y la bestia (Bill Condon 2017). La compañía está preparando cerca de una veintena de nuevas versiones en acción real de sus “clásicos” (ya saben que la condición para que una película Disney adquiera la dignidad de “clásico” Disney es que la propia compañía así lo declare).

Teniendo en cuenta los precedentes antropológicos y estéticos de las dos obras mentadas, la vorágine sociológica de nuestros días y la pérdida de rumbo ideológico del gigante del entretenimiento, veo conveniente y posible hacer una predicción industrial sobre las futuras adaptaciones de los “clásicos” Disney. Sigue leyendo

El vampiro más elegante

En Cine/Democultura por
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Hace 61 años moría el gran actor húngaro Blaskó Béla Ferenc Dezső (1882-1956), que ha pasado a la historia como Bela Lugosi. Había nacido en la Transilvania del Imperio de los Habsburgo –aún no se había perpetrado la destrucción que consumaría el Tratado de Trianón– en el territorio de lo que hoy es Rumanía. Provenía de una familia de la pequeña burguesía -su padre era empleado de banca- y luchó en la I Guerra Mundial como teniente de infantería en el Ejército Imperial y Real. Como tantos jóvenes de su tiempo —recuerden la descripción de aquellos años turbulentos que nos legó Koestler— se acercó a la izquierda. Sigue leyendo

One Tree Hill: un lugar al que pertenecer

En Cine/Series por
Tiempo de lectura: 4 minutos

Llevo mucho tiempo pensando en escribir sobre One Tree Hill, una de esas series que le marcan a uno la existencia. No es una serie digna de figurar en las listas de mejores series de las páginas de cine de referencia (lo que la hace de alguna forma especial), pero en mi caso llegó en el lugar y momento adecuado y le guardo el cariño suficiente como para que hoy me vea en la necesidad de escribir sobre ella.

Para los que no la conozcáis, la serie narra las historias de unos adolescentes en el pueblo ficticio de Tree Hill, Carolina del Norte. Aunque los protagonistas, lugares y acontecimientos obedezcan a los arquetipos y clichés clásicos de toda serie de High School americana (jugadores de basket, animadoras, taquillas, un montón de tragedias, el prom…), la realidad es que la serie logra profundizar en los estereotipos, logrando, además de un afecto hacia los personajes, su desarrollo. Sobre todo porque es una serie profundamente moral, donde el bien y el mal están delimitados.

No se llama One Tree Hill por casualidad. Todo gira en torno a la comunidad, en la que no podemos hablar de coexistencia, sino de convivencia. No existe ningún individuo aislado (salvo alguno que se lía a tiros en la tercera temporada), sino que la comunidad, organismo vivo frente a la sociedad mecánica, se va alimentando del propio devenir del pueblo y de las historias de cada personaje. No es un pueblo diluido conceptualmente en abstracciones supranacionales. No hay ni Unión Europea ni Globalización. Cuando uno de los personajes viaja a algún lugar fuera de Tree Hill ¡parece como si fuera a irse a algún mundo remoto!

Es moral también en lo relativo al comercio. En One Tree Hill no hay McDonald’s ni Starbucks ni Amazon. Están el café de Karen, el taller de Keith, los restaurantes junto al río…

Río que si seguimos su curso nos lleva hasta la cancha donde entrenan los amigos, unidos por su amor al baloncesto. Esa es otra. Los personajes salen mucho de sus casas, pero estos hogares, lejos de ser refugios, están abiertos al mundo. Los amigos y familiares van a verse entre ellos, van a buscarse… (hoy ya no es tan evidente, como antaño).

One Tree Hill se estrena en 2003, y los chavales tienen en torno a los dieciocho, lo que implica que habrían nacido en la última mitad de los años ochenta. Es la primera generación de los llamados millennials. En la serie no hay redes sociales, pero se dan formas primitivas de los dispositivos que manejamos hoy: el ordenador caja, el Nokia ladrillo, un chat tipo Messenger… No tienen gran relevancia, por suerte. Porque los personajes, rollos sentimentales aparte, buscan sin descanso una única cosa: encontrar su vocación. Esta es la gran tensión de la serie, el motivo por el que creo que es tan valiosa. One Tree Hill nos enseña que cada uno está llamado a ser uno mismo. Ya desde los créditos iniciales nos lo dicen en la canción: «I don’t want to be anything other than me».

En un magnífico artículo sobre la vocación, Higinio Marín decía que:

«buena parte de la vida nos va en acertar a preferir lo que realmente somos y a persistir en esa dirección, aunque también sea del todo preciso saber abandonar los espejismos de un yo preferido pero irreal. Distinguir entre lo uno y lo otro es más bien algo que nos pasa cuando ya se ha superado la dificultad, es decir, cuando la vida discurrida nos ha dado pruebas al respecto. Por eso la juventud es el periodo donde se concentran todas esas incertidumbres y desorientaciones.»

Y concluye así:

«Quien tiene la perfección como pasión de su oficio se cansa pero no se fatiga, pues ésta es la pena de los que recorren la vida sin descubrir qué ni quiénes les llaman.»

El título de la serie (tomado de la canción homónima de U2) se menciona en uno de los capítulos cuando la madre de uno de los protagonistas le dice a su hijo en una entrañable conversación: «There’s only one Tree Hill, and it’s your home.» Esta frase (que le repetirá nueve temporadas después una de las protagonistas al hijo que tendrá) es algo esperanzador para él. Frente a la radical inhumanidad de ser un engranaje de un sistema, una madre le promete a su hijo que hay un lugar donde es querido, que es lo mismo que decir hogar. Donde no hay vínculo, donde no hay raíces, donde no hay amor, no hay hogar. Su madre le está comunicando la esperanza de vivir en comunidad.

El profesor Evaristo Palomar recoge en una síntesis bellísima sobre la tradición lo siguiente:

«La tradición, como esperanza desde la presencia de lo pasado, es la memoria de una comunidad, que es inmediatamente perceptible, al presente, en la familia a través de su permanencia en el tiempo, desde la casa. La vida en cuanto que es, no es sino su derramarse dándose a los demás en fecundidad: ser, amor y donación. Por esto, el dolor en el compromiso de lo concreto y del “próximo”, desde la entrega, da paso a la alegría y al fervor que edifica la comunidad. (…) La tradición es la comunidad en tiempo y tierra. Lo que encierra implícitamente que la fuente de la tradición es el amor, pues toda comunidad se engendra por la amistad, y la amistad es el mismo amor en cuanto se manifiesta y funda por la intercomunicación, obrando según el propio bien la unidad en la común, en mutua reciprocidad.» (Sobre la Tradición, Tradere, 2011).

No sé si One Tree Hill pasará a la historia, pero sí sé que a mí me ha hecho mejor persona de lo que lo han hecho grandes series que hoy figuran entre las mejores. Series de indudable calidad cinematográfica, pero que tengo la impresión de que son en su mayoría nihilizantes. Quizás a nuestro tiempo le hagan falta grandes relatos de esperanza…

Frank Capra y ‘El secreto de vivir’

En Cine por
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Frank Capra aterrizó en el cine con la esperanza de ganar algunos dólares. Le cogió el truco y obtuvo muchos éxitos. Soñaba con ganar un Oscar. Obtuvo cuatro nominaciones por Dama por un día (1933) y, mientras ponía todo su empeño en promocionar esa película, rodó sin mucho interés Sucedió una noche (1934). La primera no obtuvo ningún Oscar; la segunda, pese a las regulares críticas iniciales, se convirtió en la favorita del público. Fue la primera película en ganar los cinco Oscar más importantes: director, película, guión, mejor actor y mejor actriz.

El vértigo del éxito le pudo. «Una vez alcanzada la cumbre del Everest, vayas donde vayas es siempre hacia abajo», escribió. Su orgullo y su miedo al fracaso le provocaron una enfermedad que estuvo a punto de acabar con su vida, hasta que un extraño hombrecillo fue a visitarlo a su casa y le dijo: Sigue leyendo

Amor y liberación en el cine de Hayao Miyazaki

En Cine/Democultura por
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De los ocho millones de dioses que acuden a la casa de baños de la bruja Yubaba, no es probable que entre ellos encontremos a Eros. Pero la razón de esta ausencia es su falta de tiempo: el dios griego no se toma descanso en la filmografía de Miyazaki. El amor humano es uno de sus grandes temas, y el genio japonés, de una u otra manera, acaba por invocarlo en todas sus películas. Es verdad que aparece en compañía de otros  amores, como el amor filial y sobre todo la amistad. Pero siempre hay un lugar reservado para Eros. ¿Cómo no iba a tener este amor un lugar privilegiado en el imaginario de un artista que sustenta su universo en el poder transformador de la mirada? Sigue leyendo

El amor, según Kenji Mizoguchi

En Cine/Democultura por
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No he visto ninguna película de Mizoguchi (Tokio, 1898- Kioto, 1956) que no sea para enmarcar. Todas ellas encierran un valor en sí mismas, porque expresan las sensibilidades más profundas del ser humano. Es más, me gusta pensar en esa época de los grandes cineastas japoneses: Ozu, Mizoguchi, Kurosawa y Kobayashi, como la época del cine humanista. Y, tiene sentido, si nos damos cuenta del periodo de tiempo que lleva el cine entre nosotros. Pero la labor de Mizoguchi no es comparable a la de ninguno de sus homólogos; básicamente, por el ritmo de trabajo que se imponía a sí mismo. Sigue leyendo

Literatura, poesía y cine. La verdad en un juego de mentiras

En Cine/Literatura por
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Artículo escrito por Ane Armentia Touza y Laura Martín García.

La verdadera historia del cine es el nombre que recibe el documental realizado en 1995 por los cineastas Peter Jackson y Costa Botes. El director de El señor de los anillos demostró tener una imaginación desbordante antes de adentrarse en la Tierra Media y hacer de un libro casi una religión. La única verdad dentro de este documental se encuentra en el título.

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Christopher Nolan, pintor de batallas

En Cine por
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Con el reciente estreno de Dunkirk (2017), el director británico nos trae una de las experiencias cinematográficas más absorbentes de los últimos años.

De modo similar a lo que hiciera Richard Attenborough con la operación de Market Garden en A bridge too far (1977), Christopher Nolan se ha propuesto pintar un fresco monumental del desastre bélico de Dunkerque. Una obra colosal en el apartado técnico, con una estructura basada en la multiplicidad de puntos de vista y un reparto estelar.

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La Ultralidad

En Cine/Cultura política/Pensamiento por
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Aunque no sea muy ortodoxo, ni tampoco muy recomendable, me gustaría empezar este artículo avisando de que varias de las polémicas que surgirán en los siguientes párrafos llevan meses fuera de circuito. Sin embargo, a pesar de que esta aparente ser una estrategia poco inteligente, me parece que permite analizar esas mismas polémicas con mayor profundidad y, sobre todo, nos ayuda a mirar los problemas venideros con un ánimo más democrático

Pretendo fijarme en un pequeño detalle de Los odiosos ocho, la película de Quentin Tarantino. El filósofo Slavoj Zizek ya utilizó la película para escribir un provocador artículo que reflexionara sobre el antioccidentalismo de algunos refugiados que llegan a Europa. En el inicio de ese artículo, Zizek narra una escena de la película, ambientada unos años después de la Guerra de Secesión norteamericana, en la que el Mayor Warren, un soldado negro de la Unión, describe a un antiguo general confederado que “mató al racista de su hijo, responsable de muchas muertes de negros”, después de haberlo obligado a caminar desnudo en medio de un frío gélido y de haber abusado sexualmente de él, bajo la promesa incumplida de entregarle una manta si acataba sus órdenes. Así, concluye Zizek, “en la lucha contra el racismo tampoco hay buenos tipos, están implicados todos con la máxima brutalidad”. Sigue leyendo

Cannes y los amantes 

En Cine/Democultura por
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Siempre he pensado que si tuviera que ir a algún festival de cine iría a Cannes. No me refiero a una elección a punta de pistola, evidentemente. Simplemente, a veces me gusta imaginar una vida en la que todo es posible y elijo lo que me da la gana. Me encanta. Me imagino levantándome a media mañana, asomándome a la terraza de mi habitación en el Hotel Carlton y encontrando el Mediterráneo entero para mí. En la terraza de al lado está Cary Grant ofreciéndome un pitillo. Junto a él aparece Grace Kelly y está tomando algo de champagne para desayunar. No llevo aquí ni media hora y ya me apetece cotillear, beber, amar y fumar como en Buenos días, tristeza.  Miro a los lados, parece que de cualquier rincón saldrá Jep Gambardella dispuesto a dar un largo paseo en el que podamos hablar de la nostalgia.

Esta semana se ha montado una enorme polémica con el festival de Cannes, aunque ya ni siquiera recuerdo lo que era una polémica de andar por casa, si soy sincero. Almodóvar contra Netflix. El primero defiende las salas de cine, el segundo defiende que pueda verlo mientras hace sus necesidades. En concreto, el director se refería con dureza a la negativa de la productora (y plataforma de vídeo en internet) a mostrar sus películas previamente en las salas de cine de Francia. Todo ello ha conllevado que se desatara la furia en las redes, como siempre. Sigue leyendo

Taxi Driver, hombre occidental en busca de sentido

En Cine por
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“Por la noche salen bichos de todas clases: furcias, macarras, maleantes, maricas, lesbianas, drogadictos, traficantes de droga… Tipos raros. Algún día llegará una verdadera lluvia que limpiará las calles de esta escoria”. Este demoledor texto surgió de la alcoholizada mente de Paul Schrader en 1973.

‘Taxi Driver’ (1976), la obra maestra de Martin Scorsese, se gestó en la perturbada psique de un Schrader divorciado, desempleado, perdedor, alcohólico y “a punto de volverse un psicópata”, en sus propias palabras. Bien es cierto que las drogas han sido fuente de inspiración para exultantes autores, como Hemingway o Bukowski. Aunque también es verdad que a otros, como Edgar Allan Poe, les anulaba por completo. Sigue leyendo

El hombre que mató al Joker

En Cine/Democultura/Pensamiento por
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Una indagación en el parentesco dramático y temático entre El caballero oscuro y El hombre que mató a Liberty Valance.

[AVISO: ARGUMENTOS DESTRIPADOS]

Vaqueros y superhéroes han dejado una profunda huella en el imaginario mitológico estadounidense y han moldeado la cultura popular moderna. Por ello, y a pesar de una aparente disparidad, no es casual que existan grandes semejanzas entre el cine de superhéroes y el western. La relación de espejos entre las películas El Caballero Oscuro (Christopher Nolan, 2008) y El Hombre que mató a Liberty Valance (John Ford, 1962) es uno de los ejemplos más representativos, por tres motivos principales. El planteamiento dramático y los personajes de la segunda entrega de la saga de Nolan tienen su equivalente directo en el clásico de Ford. Temas como la justicia, la violencia y el relato público también reciben un tratamiento muy similar en ambas películas, sobre todo en el desenlace. Y por último, la iconografía del Caballero oscuro bebe directamente, si no del Hombre que mató a Liberty Valance, de la cinematografía más característica del western: la del duelo.

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Llenarse la boca de **** comida basura

En Cine/Democultura por
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En el arranque de Trainspotting, Renton, un joven escocés enganchado a la heroína, huye hacia Dios sabe donde de Dios sabe quien.

La película que puso en el mapa a partes iguales a su director, Danny Boyle, y a su protagonista, Ewan McGregor, tiene la categoría por parte de la crítica popular de “película de culto”.  Los criterios que entonces se enarbolaron, para darle esta “etiqueta de oro”, residen en el crudo retrato que fue capaz de plasmar en su momento de la juventud escéptica y hastiada de comienzos de los 90, la problemática social que generó la drogadicción en aquella generación y cuenta en su haber -algunos dicen que de forma magistral- con la cualidad de llevarnos en un relato igual de oscuro que “Réquiem por un sueño” pero con una sonrisa negra de principio a fin. Sigue leyendo

5 razones que hacen de Moonlight una buena película… ¿Pero para un Oscar?

En Cine/Democultura por
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Después del jaleo de sobres coprotagonizado por Faye Dunaway y el guaperas de los 60 Warren Beatty , “Moonlight”, la película de Barry Jenkins, fue elegida como el mejor film del año pasado en el bochorno planetario de los Oscar.

Con la distancia prudencial que nos otorga el espacio-tiempo, que nos ayuda a alejar a los haters incondicionales garantes del dogma de la academia hollywoodiense, me encuentro en disposición de comentar cinco puntos que hacen de Moonlight una película importante pero no merecedora del máximo galardón del cine actual por toda la controversia que lleva varios años girando alrededor de la Academia. Sigue leyendo

Logan: El final de una era

En Cine/Democultura por
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Por fin ha llegado la película que todos los seguidores de la saga X-Men (y especialmente de Wolverine) estábamos esperando. “Logan” representa más que un póster que enmarcar en la pared de la productora; representa el fin de una era, un punto y final de una saga que vio la luz por primera vez hace ya diecisiete años y con la que muchos crecimos.

James Mangold (director) y Hugh Jackman (actor que interpreta a Wolverine) han hecho los deberes. Se han encargado de alimentar a los fans, pedigüeños y hambrientos, con una película maravillosa que no solo cumple con las expectativas, si no que rompe con las anticuadas reglas de la saga para proporcionar una historia que habla por sí sola. Sigue leyendo

Taylor Sheridan: del fracaso a los Oscar

En Cine/Democultura por
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En cuestión de seis años, Taylor Sheridan pasó de quedarse en paro a estar nominado a los Oscar por el guión original de Comanchería (Hell or High Water, 2016).

Tirador, Guardaespaldas, Tim Lewis, Joel Banks… ¿Les suenan estos nombres? Los personajes episódicos a los que Taylor Sheridan (Texas, 1970) ha interpretado la mayor parte de su carrera carecen de resonancia alguna en la mente del espectador. Títulos como Sicario (Denis Villeneuve, 2015) o Hell or High Water (David Mackenzie, 2016), en cambio, han logrado el aplauso unánime de crítica y público. ¿Qué ocurrió para que, en cuestión de unos años, Sheridan pasara de una carrera frustrada como actor secundario a ser uno de los guionistas de moda en Hollywood? ¿Cómo se explica este ascenso meteórico?

El punto de inflexión: aprendiendo a escuchar a la industria

Hasta 2010, el mayor logro en la carrera de Sheridan había sido el papel de Sheriff en la serie Sons of Anarchy. A pesar de ser un personaje secundario que funcionaba más bien como antagonista de los moteros protagonistas, se trataba de una posición profesional bastante ventajosa. Un trabajo que, proporcionalmente hablando y en una industria tan feroz y precaria como la del espectáculo, está al alcance de muy pocos.

Sin embargo, Sheridan no terminaba de consolidarse como actor en Hollywod. Su carrera no despegaba. El síntoma más inequívoco de su estancamiento llegó con la negativa de Kurt Sutter, aclamado showrunner de Sons of Anarchy, a renovar su contrato al alza. Teniendo en cuenta que Sheridan iba a tener su primer hijo, ya no se trataba de una cuestión meramente artística o profesional. Sabía que necesitaba el dinero para criarlo; no podía conformarse con el sueldo de antes.

Entonces fue cuando, en palabras del propio tejano, aprendió a “escuchar a la industria”.

El salto de fe: escribe de lo que sabes

Lo más lógico, podría pensarse, hubiera sido aceptar el mismo contrato y continuar en la serie mientras buscaba otro papel. Pero Taylor Sheridan tomó una decisión mucho más arriesgada: sentarse a escribir. Si nadie parecía creer en su capacidad interpretativa, quizás era el momento de dar un giro a su carrera.

Con un hijo en camino, Sheridan dimitió de Sons of Anarchy y empezó a teclear.

Según cuenta, él nunca había escrito un solo guión. Pero había leído muchos; algunos muy malos. Y sabía no tanto lo que debía hacer, sino los errores o fallos más comunes que no debía cometer. La segunda clave de su escritura, totalmente alejada de los manuales de guión o de cualquier estudio académico de narrativa, fue su propia experiencia.

Como tejano, Sheridan conocía de cerca la guerra contra los cárteles de la droga en la frontera con México. De aquí nació su primer guión: Sicario. Un atmosférico y soberbio thriller de acción dirigido por Denis Villeneuve –cuya notable Arrival está nominada en la presente edición de los Oscar– y protagonizado por Emily Blunt, Benicio del Toro y Josh Brolin.

Pero lo más impresionante no eran ni el director, ni el estelar reparto, ni la intrínseca calidad narrativa de Sicario. Tampoco su rotundo éxito mundial. Lo alucinante es que Sheridan había conseguido que produjeran y estrenaran su primer guión, hecho insólito en la carrera de un guionista.

‘Comanchería’: la revelación definitiva

Después de recibir el premio del Sindicato de Guionistas de Estados Unidos por Sicario, Sheridan siguió bebiendo de la fuente de la experiencia. Esta vez en clave más socio-económica y con envoltorio de western moderno. El guión de Comanchería, a la que luego cambiarían el título por Hell or High Water, también fue vendido. Y producido.

Tras ganarse el favor inmediato de Chris Pine, joven estrella acostumbrada a proyectos más comerciales y “convencionales” como la saga Star Trek, el proyecto echó a andar. Ben Foster se subió al carro y, como guinda al pastel, Jeff Bridges también se incorporó a la película. Dirigida por David Mackenzie, Hell or High Water acumula cuatro nominaciones a la presente edición de los premios Oscar. A mejor película, a mejor actor de reparto (Jeff Bridges) y a mejor edición. ¿Adivinan la cuarta?

Independientemente de que Taylor Sheridan gane el Oscar por el guión original de Hell or High Water, su asombrosa trayectoria constituye un premio en sí misma. A los 47 años y después de remar durante más de dos décadas en Los Ángeles, Sheridan por fin ha descubierto su vocación. Y de la manera más fructífera que pueda imaginarse.

Ahora acaba de rodar su primer filme como director (Wind river, 2017), con Jeremy Renner y Ashley Olsen de protagonistas. El ascenso continúa.

 

Cuando el silencio narra la historia

En Cine/Religión por
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Hace unos días, al salir del cine —después de ver el último trabajo de Scorsese, Silencio, un amigo me dijo que había oído a alguien murmurar: “como siempre, la culpa de todo la tienen las religiones”. Una prueba clara de que se puede ver sin observar. Son muchas las críticas que se han hecho a esta película que, de por sí, no es polémica ni pretende serlo. Es profunda, y muchos confunden hoy la profundidad con el afán de debate.

Por fortuna, vivimos en una sociedad libre en la que todos podemos compartir opiniones para después aceptarlas o no. En un cierto grado de discusión -esa meritocracia congénita a la cultura-, es menester obviar la opinión de todos aquellos que no han visto la película o que, a pesar de haberla visto, carecen del instrumental necesario para elaborar una crítica adecuada. Sigue leyendo

La Misión: el precio de la redención

En Cine/Democultura por
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Llega para todo hombre el instante en que la decisión tan simple de parpadear o cerrar los ojos marca para siempre su destino, porque, ¿y si el recorrido de su vida le ha llevado intencionadamente hasta ahí buscando una respuesta?

La pregunta se convierte inevitablemente en certeza, tanto en la situación que esa pregunta (o hecho) genera, como en la respuesta a esa realidad que interpela en forma de pregunta. La radicalidad de este binomio hace al hombre reconocerse como tal, le despoja de circunstancias que quedan transformadas en un escenario de libertad. Un escenario en el que, frente a frente consigo mismo,  tiene los pies en la frontera de la cima y el abismo. Sigue leyendo

Kusturica: la Identidad entre la fantasía y realidad

En Cine/Democultura por
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En 1991 Emir Nemanja Kusturica perdió su país, y su Identidad. Hijo de padre serbio ortodoxo y madre bosnia musulmana, asistió perplejo a como desaparecía la vieja Yugoslavia, la “unión de los eslavos de sur”.

Su obra y su vida aparecen como ejemplo historiográfico, desde el cine, de la creación y destrucción de la Identidad, personal y colectivamente en nuestro devenir contemporáneo; y sobre todo de cómo ésta afecta a los hombres y mujeres en una vida cotidiana donde lo real (lo que supuestamente vivimos) y lo mágico (lo que hubiéramos deseado que pasara) se conectan indisolublemente. Sigue leyendo

Nueve películas que deberías haber visto en navidades

En Cine/Religión por
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Una lista de películas que deberían haber sido vistas en Navidad. Bien. Empecemos mal. Obviaré el criterio de la temática navideña para elegir los filmes. Me guiaré por el siguiente mantra: películas que pueden acompañarnos en lo que queda de estas fiestas.

Para ello, he escogido algunas ideas que puede suscitar el misterio de la Natividad y he acudido a películas en las que ese aspecto tenga cierta importancia. Desde diversos puntos de vista podemos afirmar que el acontecimiento de la Navidad es: histórico, surrealista, tierno, sobrecogedor, inesperado, alegre, sanador, salvífico y revelador. Seguro que me dejo algo. Ya me perdonaréis. Sigue leyendo

Podium “raruno”de las mejores películas de 2016

En Cine/Democultura por
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Una vez concluido el 2016, uno hace balance de lo bueno y lo malo y respecto al cine piensa si mereció la pena ir a las salas. Y la verdad es que sí, siempre hay cabida para la sorpresa. A continuación tres películas que posiciono, muy personalmente, en el podio de historias que merecen ser escuchadas; dispuestas a zarandear nuestra poca paciencia y capacidad universal de prejuzgar.

 

Medalla de BRONCE

VAIANA

 

Disney volvió a finales de año con fuerza, con una nueva cinta que nos da la sensación de estar ante lo mejor de Pixar. Humor, aventura y amistad brillan tanto que hay que ponerse gafas. Vaiana es la película de animación más completa en lo técnico hasta la fecha, cada año se superan y este no iba a ser menos.

Firme candidata al Oscar de la academia en su categoría, la trama posiciona al espectador en una época muy lejana y poco conocida. Se trata de los pueblos nómadas que vivieron en la polinesia, la islas más remotas del Pacifico Sur.

La riqueza del relato mítico aparentemente simple sobre cómo el hombre expande la semilla de la vida a través del viaje hacia el “más allá” y su relación de armonía con la tierra, nos habla sobre la capacidad innata del hombre para abordar la aventura de redescubrir la razón del pueblo, su tradición.

Vaiana, la princesa destinada a reinar su tribu, establecida sedentariamente durante ya demasiados años en su isla, no puede quitarse de la cabeza una idea. ¿Hay que conformarse con lo establecido? La llamada del mar/vida no ha hecho más que empezar.

 

Medalla de PLATA

ALOYS


La opera prima del suizo Tibias Nölle rebosa de una personalidad encomiable. Se trata de una obra sensorial muy bien medida, donde el sonido y la fotografía son clave para comprender como funciona la cabeza del protagonista, los procesos mentales de un hombre que parece haber renunciado a la realidad misma.

Aloys (Georg Friedrich) es un solitario detective muy reservado. Su vida carece de relación alguna con su entorno, pero una serie de circunstancias le forzaran a percibir la realidad fuera de su obsesiva cabeza, logrando desvelar lo que parece ser el sentido del encuentro.

Pudiera pensarse que se trata de una película carente de ritmo y significado, o incluso achacar la falta exasperante de no evolución del protagonista a lo largo de la trama. Pero pese a ello, destaca en la recreación de los procesos mentales de nuestros anhelos, insinuando el desasosiego que trae consigo el pensamiento posmoderno que nos limita a ser meras islas en el océano de la humanidad, que al reducir la realidad a nuestra escala mental vivimos dos veces la misma realidad, siempre deseando que la interior e ideal sea la experimentada.

Asistimos a la mente de Aloys, donde progresivamente va desvelándose así mismo en el metafórico bosque de la vida. Puente a la realidad, hacia el fascinante marco espacial donde verdaderamente se desarrolla la trama, en esa gris centro Europa recreada con austeridad, rectitud y soledad. 

La película nos recuerda que en los lugares más retirados de la mente es  el amor la luminosa respuesta que integra nuestro ser ante la falta de belleza en nuestra vida, buscando el sentido, saliendo de nosotros mismos para sentir que vivimos, que vivimos de verdad. Muchos, aunque se sorprendan, creen que lo hacen pero ni siquiera han estado cerca. 

 

Medalla de ORO

LA LLEGADA


Sin duda, la mejor película de ciencia ficción del año que como drama puede posicionarse aun más alto. Es de esas películas que recomiendas conteniéndote para no cometer spoiler e ir a la cárcel de los aguafiestas de historias.

El tema central de la historia se desvela de una manera portentosa a lo largo de la historia, dejando finalmente un poso, un buen sabor de boca. Lo propio del buen cine. Cine de autor redondo en lo argumental y en lo técnico.

Doce naves extraterrestres aparecen repartidas por todo el mundo. En Estados Unidos, una filóloga y un físico deberán descubrir las intenciones de los extraterrestres antes de que el ejército corte el diálogo y se produzca una crisis mundial. Hasta ahí puedo, y debo, escribir.

La película reacciona ante el actual “estereotipismo” del cine donde se corre el riesgo de encorsetar las historias a hilos demasiado comunes para sorprender. El director, Denis Villeneuve, tiene un sentido del cine muy distinto a lo ordinario y por ello le otorgo la medalla de Oro.

Aquí continua la critica integra de “La Llegada”

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