Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Cine

Lo que Netflix ofrece a los jóvenes

En Cine por
Tiempo de lectura: 4 minutos

¿Qué ofrece Netflix al público joven? ¿Tan solo mero entretenimiento comercial o algo más a lo que hincarle el diente? La pregunta tiene su importancia, si consideramos el crecimiento de la audiencia de esta plataforma. No sería extraño que, persiguiendo un éxito fácil, Netflix cediera a la tentación del sensacionalismo y los fuegos de artificio. ¿Es eso lo que está pasando o, por el contrario, pretende hacerse un hueco en la cultura joven con un mensaje propio? En caso de que así fuera, ¿cuál sería ese mensaje? En este artículo, analizaremos tres productos de Netflix que, por su impacto y su vocación de crear tendencia, nos darán una pista de qué aguas navegamos. Sigue leyendo

Cold War: la belleza se resiste a morir

En Cine por

Tiempo de lectura: 2 minutosEn alguna ocasión me he peleado con Dostoievski. ¿Cómo podrá la belleza salvar al mundo, según afirma categóricamente el príncipe Myshkin en su novela El idiota, si es el propio mundo quien se ha encargado de asesinarla? ¿Es acaso este ideal una suerte de ave fénix que emergerá de entre el plástico, la chabacanería, las pantallas electrónicas y el burdo artificio para redimirse y redimir a un hombre que lo vendería por un puñado de monedas? Tras visionar Cold War (2018), la enésima maravilla salida de las manos de ese genio de otro tiempo que es Pawel Pawlikowski, comienzo a entenderlo todo. Sigue leyendo

La broma de Sitges o una sociedad que agoniza

En Cine por

Tiempo de lectura: 3 minutosHe dudado mucho en escribir esto. No quiero dar publicidad al hecho referido, ni tampoco poner el grito en el cielo, escandalizándome como tantos otros por algo que, en realidad, no es más que una mediocre travesura de recreo del comedor. Que va, para nada. El hecho en sí no me escandaliza, ni tampoco lo que subyace (en mi humilde opinión de mierda, como dirían Los Punsetes) detrás de todo. El hecho de que en la última edición del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya (a.k.a  Festival de Sitges), celebrada hace unas semanas, se haya proyectado una especie de fake de un famoso youtuber me parece, simplemente, un síntoma evidente de cierto sistema que agoniza en su propia decadencia. Sigue leyendo

Wonder Woman, mito y reinvención de Occidente

En Democracia y Superhéroes por

Tiempo de lectura: 7 minutosEste artículo ofrece multitud de información sobre el argumento de Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017). Queda usted avisado.

La cinta de la Mujer Maravilla fue muy esperada por motivos extracinematográficos. Resulta inevitable que los intereses políticos y sociales acaben marcando la trayectoria de alguna que otra película; qué se le va a hacer. Además, la buena o la mala recepción de un filme no siempre se debe a su factura artística. Por suerte para Wonder Woman, muchos de los que entonces esperaban que la historia fílmica de Diana reivindicara la superheroicidad femenina recibieron lo que buscaban. Me alegro por ellos. Sigue leyendo

Marty McFly, el primer neoliberal de la pantalla grande

En Cine por

Tiempo de lectura: 3 minutosEl cine de Hollywood ha tenido más o menos dos etapas a lo largo del siglo XX, si se entiende este tipo de cine como una especie de diario íntimo del capitalismo contemporáneo. Durante la primera mitad del siglo XX, uno de los géneros predilectos de Hollywood era el Western. Gran parte de nuestros padres o abuelos tienen como referente a Clint Eastwood o la idea del llanero solitario, aquel personaje que intenta conquistar y hacer justicia en un territorio aún salvaje. Es el objetivo central del capitalismo de esa época, es decir, insertar el espacio planetario a las lógicas de la economía mundial (colonialismo). Sigue leyendo

J.M. Cotelo: “Soy un documentalista al que nunca han gustado los documentales”

En Cine/Entrevistas por

Tiempo de lectura: 25 minutosLas próximas líneas no corresponden a una entrevista aunque la categoría de la página así lo indique.

No lo es porque el personaje evita que lo sea. Hay un número más que generoso de respuestas no acotadas con metáforas que caen con más o menos fortuna en el asunto en cuestión. No hay una línea temática prefijada y parece que el tiempo poco importa en este habitáculo de la calle Alfonso XII, en pleno centro de Madrid.

Juan Manuel Cotelo no prepara guiones, se los encuentra. Dice sentirse incómodo en los preparativos, en el papeleo, en el ir agitando la hucha para producir sus películas. También con las preguntas, con lo excesivamente elaborado, pues esto ahoga, o así lo entiende su interlocutor, la maravilla de lo espontáneo.  No tiene ni la más mínima intención de salirse de la etiqueta de “ultracatólico” -signifique eso lo que signifique- y no pretende atraer a las salas donde se pasen sus películas a cinéfilos o entendidos del séptimo arte; pues lo suyo es entretener y tocar el corazón.

Su última película, “El mayor regalo”, nos posibilita un rato con él. En esta casi hora de conversación da la sensación de que pasa de todo estando con las piernas cruzadas.

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Lo que queda después de una buena película de terror

En Cine por
Tiempo de lectura: 3 minutos

Es Halloween. Mucho se ha escrito sobre el origen de esta tradición que ha devenido en sábanas blancas, tintes rojos y calabazas de plástico. 

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John Ford: amor a primera vista

En Cine por
Tiempo de lectura: 4 minutos

Como decía Graham Greene en su célebre novela, una historia no tiene ni principio ni final, sino que elegimos el momento de la experiencia desde el cual mirar hacia atrás o hacia adelante. En un momento determinado de mi vida conocí a John Ford. Desde entonces soy más feliz. Nunca tuve un padre o unos abuelos que me pusieran películas, pero gracias a Dios, navegando por la Red me topé con José Luis Garci y Eduardo Torres-Dulce, que han sido como ese padre, o esos abuelos, que me han enseñado lo que es el cine.

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Nuestros manjares cinematográficos (I)

En Cine por
Tiempo de lectura: 2 minutos

A los democresianos nos pirra el cine. Por eso nos marcamos, gracias a los textos publicados por nuestros colaboradores, este viaje desordenado a través de los mejores creadores de historias. Repasamos actuaciones y personajes extraordinarios, aventuras fantásticas, y el enigmático mundo nipón. 

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Humphrey Bogart, la mirada melancólica

En Cine por

Tiempo de lectura: 5 minutosBogie era un cínico. O más bien, llevaba una coraza de cínico. Intentaba mostrar que tenía tan poca fe en el mundo como la que tenía de sí mismo. Pero bajo ese disfraz de tipo duro, mirada férrea, cigarrillo inseparable y noches de copas, se encontraba un melancólico. Alguien que empatizaba y se preocupaba de sus amigos, su familia, su país y la gente en general.

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El cine, umbral de la experiencia mística

En Cine/Democultura por

Tiempo de lectura: 4 minutos

Malick comparte la convicción del filósofo Stanley Cavell (The World Viewed) o del cineasta experimental Nathaniel Dorsky (Devotional Cinema) de que existe una conexión directa entre metafísica y representación cinemática” (“One Big Soul“, Les Cahiers du Cinéma-España, sept. 2011).

Más allá de que consideremos apropiado el calificar a Terrence Malick de cineasta metafísico, su Árbol de la vida supone una ocasión estupenda para retomar algunas preguntas esenciales en torno al cine, al arte y al sentido de la vida. Toda manifestación artística tiende, en general, a representar las inquietudes existenciales del ser humano y a intentar enriquecer su experiencia vital. Entonces, ¿qué tiene el cine de específico que contribuya a esta misión universal del arte? Aunque pudiera parecer improbable, podríamos decir que existe una estrecha relación entre la esencia formal del cine y la capacidad contemplativa del ser humano. Sigue leyendo

El apocalipsis sostenible

En Cine/Economía por

Tiempo de lectura: 3 minutosUna empresa que fabrica ascensores en Portugal está al borde de la quiebra. Tras varias semanas sin recibir pedidos, unos acreedores irrumpen por la noche en la nave y se llevan los materiales del almacén. A la mañana siguiente, el gerente del lugar desaparece y llega un equipo de recursos humanos de la oficina central. Vienen a negociar los despidos del personal contratado. Con lo que quizás no contaban era con la férrea resistencia de los empleados a abandonar sus puestos de trabajo. Sigue leyendo

El día en que mi abuelo conoció a Sophia Loren

En Cine/La angustia de vivir por
Tiempo de lectura: 3 minutos

Era festivo. En Madrid caía la tarde con el brillo especial que regalan esos días en los que el invierno no acaba de morir y la primavera no acaba de nacer. Por lo capital todo iba un poco como siempre: la mitad de la gente indignada por algo, la otra mitad tomando copas en las terrazas y el Madrid accediendo a finales de Europa. Yo paseaba con mis brazos ocupados. A un lado tenía enroscada a mi rubia favorita. Al otro, sostenía mi ejemplar recién comprado de Insert Coin, el último libro de José Luis Garci. Como ven, una escena muy a lo Holden Caulfield, aunque aquí nadie pensaba en los patos del Retiro (que yo supiese).

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Javier Aller: el marciano inmortal

En Cine por

Tiempo de lectura: 2 minutosJavier Aller se fue hace unos días. Regresó al planeta surrealista que pertenece. El primer avistamiento de su persona en nuestro planeta fue en el año 1998 con El milagro de P. Tinto donde debutó en el cine interpretando un fastidioso marciano adicto a la gaseosa.

Aller desde entonces nunca dejaría de interpretar en sus películas la misma actitud vital bizarra y sencillamente genuina. Sigue leyendo

El escritor que no quiso ser el “Rey del Bacon”

En Cine/Democultura por

Tiempo de lectura: 2 minutos“Simplemente no quiero escribir relatos como todos los demás. El héroe de guerra no siempre tiene un desfile. A veces, se vuela la cabeza. Quiero crear una nueva forma de escribir. Una forma moderna sobre la sociedad moderna en la que el dolor de nuestra existencia se expone honestamente para ser visto”.

Probablemente “Rebelde entre el centeno” sea una película para escritores y sucedáneos. De la misma manera que “Los archivos del Pentágono” fue una película para periodistas y etc. Esto se debe a que todos los artefactos cinematográficos que ocurren en los 103 minutos de película están pensados para seducir y curar de espanto al que quiera consagrarse a juntar letras, como lo hizo en su momento J.D. Salinger.

Merece la pena ir a verla. Es ágil, sencilla y funcional ya que nos acerca a la vida del huraño más famoso del siglo XX sin tropiezos reseñables. Quizás, por poner la nota oscura, sobra algún que otro minuto en las escenas que ubican al escritor en la II Guerra Mundial.

La película comienza con un Salinger veinteañero interpretado por Nicholas Hoult (“Mad Max” y “Skins”).  Consagrado a quemar la vida entre vanidades y fracasos universitarios, su madre, al ver el talento natural de su hijo para la escritura, “fuerza” a su padre para que le pague una estancia en Columbia.

La rebeldía contra el padre, que quiere convertirle en el próximo “Rey del Beacon” con el negocio familiar, junto a una imperiosa necesidad de no estar enfadado con la vida, serán los detonantes para que Salinger se atreva a decir en voz alta “quiero ser escritor”.

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En el curso de escritura creativa conocerá a Whit Burnett, interpretado por el ahora defenestrado Kevin Spacey, con el que entablará una relación de maestro discípulo que funciona bien a lo largo de la película y que es, seguramente, lo más reseñable del último trabajo de Danny Strong, su director y guionista.

Hay cierta arrogancia intrageneracional, algo de humanidad y mucho criterio literario que da gusto ver.

Desde entonces hasta llegar a la creación e impresión de “El guardián entre el centeno”, el metraje recoge todo un rosario de penurias que ocupan al escritor y que conformaran su personalidad y su quehacer literario.

La endogamia del mundo editorial, el postureo intelectualoide de los años cuarenta, el fracaso en el amor y los locos de Salinger, aquellos que con sus gorras de cazador se apostaban frente a su casa para preguntarle por qué le habían encerrado en una novela, aderezan “Rebelde entre el centeno” que ya está disponible en los cines españoles.

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El puente sobre el río Kwai: esperanza en el trabajo

En Cine/Democultura por

Tiempo de lectura: 6 minutos

“Trabajemos, pues, sin argumentar, que es el único medio de que la vida sea tolerable”.   Cándido, Voltaire.

La filmografía del legendario David Lean, tal y como señalábamos en un artículo anterior acerca de su Doctor Zhivago, está marcada por la lucha contra el Destino. Sus héroes siempre se debaten entre el determinismo y una posible vía de escape. Si en la adaptación de la novela de Pasternak la respuesta se hallaba en una permanente búsqueda de la belleza, El puente sobre el río Kwai propone el trabajo como camino a la libertad.

La película que consagró al director británico en el olimpo cinematográfico -no en vano obtuvo siete premios Oscar- constituye un auténtico tratado sobre uno de los grandes pilares de la civilización moderna: el trabajo como medio de emancipación.

De este modo, la estructura del guión se basa en un recorrido por las fases psicológicas y espirituales que atraviesa el hombre en su relación con el trabajo. Sigue leyendo

Doctor Zhivago: esperanza en la belleza

En Cine/Democultura por

Tiempo de lectura: 11 minutosEl sentimiento trágico es una constante que atraviesa toda la filmografía de David Lean. En sus obras más representativas el personaje protagonista siempre pugna por escapar a su Destino sirviéndose de distintas herramientas. El Puente sobre el río Kwai, por ejemplo,trata de superar la condición de prisionero a través del trabajo, de tal forma que el puente mismo se convierte en un monumento a la lucha por la dignidad moral. El trabajo como medio para alcanzar la libertad interior. En Lawrence de Arabia, concebida como una tragedia en la que su protagonista se debate entre su condición de simple mortal y la tentación de creerse un héroe insuflado de una chispa divina, la intrepidez y el ingenio aspiran a la superación de las contigencias humanas y a la consecución de una libertad absoluta. En Doctor Zhivago, por último,la Belleza se erige como puerto-refugio frente a las fatalidades de la existencia.

En los tres casos el héroe leaniano jamás logra huir del determinismo que lo acecha, pero en la adaptación de la novela de Pasternak se percibe una nota de esperanza que no encontramos en las otras dos. Y esta esperanza se asienta en el elemento central de toda la película: la búsqueda permanente de la Belleza.

El guión de Robert Bolt y la dirección de David Lean están diseñados conforme a esta búsqueda. Para apreciarlo, abordaremos la particular construcción del personaje de Zhivago como figura del poeta por excelencia. Después veremos cómo el esqueleto narrativo contribuye a poner de relieve la temática de belleza y esperanza. En tercer lugar nos centraremos en el modo en que David Lean decide focalizar el punto de vista del relato en la persona de Zhivago y las consecuencias que esto tiene en la narrativa del filme. Por último, terminaremos con un análisis de los recursos audiovisuales empleados por Lean para dotar a su poética de una emotividad y una sensorialidad muy marcadas.

La construcción de Doctor Zhivago, ante todo, remite a una particular forma de contemplar y de abordar el mundo que es la propia del protagonista de la película: la mirada poética.

La actriz Julie Christie en su rol de Lara Antipova en Doctor Zhivago (1965)

Robert Bolt, retratando al poeta

La definición del carácter y  de los rasgos psicológicos de los personajes de una película comienza en la mera escritura del guión. El guionista se sirve de acciones, gestos y posturas de vida para presentarnos a su personaje. En el caso que nos ocupa, Robert Bolt emplea estos elementos para retratar a Zhivago como la figura del poeta por excelencia. Es decir, como perteneciente a una tipología humana que se carecteriza por una especial sensibilidad hacia lo bello y por una actitud eminentemente contemplativa ante la vida.

La primera secuencia que anticipa el carácter poético de Zhivago es la tempestad nocturna que tiene lugar la noche en que el pequeño Yuri es adoptado por sus tíos (su madre acaba de morir y el paradero de su padre se desconoce). Lo habitual en un niño sería asustarse por el gemido de los vientos y por el azote de los truenos. Sin embargo, Yuri se levanta de la cama y se acerca a la ventana para observar mejor el espectáculo de la naturaleza. Este gesto siembra la tendencia a buscar una armonía y un sentido en lo real que más tarde desarrollará el personaje.

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Cuando es mayor y se encuentra terminando los estudios de medicina, su profesor le propone dedicarse a la investigación mientras Zhivago prefiere ser médico de cabecera. “¿Qué piensa hacer el año que viene, Zhivago?”, le pregunta el profesor. “Quiero ser médico de cabecera”. “Piense en dedicarse a la investigación; es interesante, fascinante y bello”. “Médico de cabecera”, replica Zhivago. “La vida, quiere saber cómo es la vida… Bueno, terminará usted por descubrir que las criaturas hermosas hacen cosas feas a la gente”, sentencia el profesor.

El trato con los pacientes es lo que más le gusta; el contacto con lo humano constituye para él la parte más atractiva de la ciencia medicinal. La especialización médica de Zhivago es otro detalle que da cuenta de su mirada poética.

Resulta llamativo que el momento más revelador del prisma con que Zhivago observa el mundo llegue en una de las escenas de mayor sufrimiento e incertidumbre existencial para los personajes. El médico-poeta se encuentra encerrado en un tren de deportación junto a su familia y a otros compatriotas en dirección a Siberia. Las condiciones de vida del vagón rozan lo infrahumano y las continuas paradas a causa de los bombardeos del frente cercano hacen temer lo peor. Sin embargo, cuando su hijo le pregunta a Zhivago por el ruido de las explosiones, éste se limita a contestar: “la cascada”. “No, el otro ruido”, y entonces Zhivago escucha el estallido de los proyectiles y por fin le responde a su hijo que se trata de los bombardeos.

¿Cómo puede una persona en semejante estado de penuria fijar toda su atención en el suave rumor de un manantial? ¿Cómo es posible que en el oído de Zhivago el susurro del agua haya ahogado el atronador sonido de las bombas? Este gesto testimonia de un mundo interior y de una actitud vital absolutamente excepcionales y propias, cómo no, de personas con alma poética (que no necesariamente de poetas propiamente dichos). Mientras la mayoría se muestra incapaz de ver más allá de la inmediata apariencia de las cosas, Zhivago halla caminos insospechados hasta la belleza.

Pero Robert Bolt no sólo emplea los gestos y pequeñas acciones de los personajes. El guionista también utiliza la estructura global de la historia como una herramienta que moldea con gran profundidad y precisión la obra poética en su conjunto.

El viaje de la balalaika

Doctor Zhivago comienza casi de inmediato introduciendo un elemento icónico del relato en cuestión y del espacio cultural y geográfico en el cual tendrá lugar: la balailaika. La guitarra rusa que Zhivago hereda de su madre la noche de su entierro. Su único legado.

Para comprender el valor poético del instrumento es necesario recordar el planteamiento inicial de la película. El general soviético Yevgraf Zhivago se encuentra buscando a la hija del famoso poeta Yuri Zhivago, su difunto hermanastro. En la primera escena vemos que ha hecho llamar a una obrera de la importante presa que dirije para preguntarle acerca de su pasado. Existen numerosas coincidencias entre la infancia de Tonya y las circunstancias en que Zhivago se separó de su amante Lara y de la hija que tuvieron juntos. La joven ignora la identidad de sus padres y sus recuerdos son demasiado vagos, con lo cual Yevgraf decide contarle la historia de Zhivago para intentar refrescarle la memoria y demostrarle las probabilidades que hay de que sean padre e hija. A partir de aquí la película se desarrolla en un largo flashback que rastrea la vida de Zhivago desde su infancia hasta su muerte.

Después, en la última escena de la película, volvemos al final de la conversación entre Yevgraf y Tonya. Tras el relato del general, la joven queda impresionada y reconoce las similitudes entre sus raíces y los últimos días del poeta Zhivago. Sin embargo, no hay modo de probar con certeza absoluta el vínculo filial entre Tonya y el hermanastro de Yevgraf. Pero cuando el novio de la joven -otro obrero de la presa- se acerca a recogerla para el descanso del almuerzo y ambos se marchan dando la espalda a Yevgraf, éste se fija en algo que cuelga al hombro de la chica: una balalaika. En ese momento, cuando ya se están marchando, vuelve a llamar a Tonya y le pregunta de lejos: “¿Sabes tocar la balalaika?”. “¿Que si sabe tocar la balalaika?”, se apresura a contestar el novio, “pero ¡si es una artista!”. “¿Una artista? ¿Y quién te enseñó a tocar?”. “Nadie le enseñó”. “Ah. Entonces es un don”, concluye Yevgraf. Y la pareja se aleja definitivamente. Fin.

Bolt emplea una estructura circular para encuadrar los avatares y las desgracias de la odisea zhivagiana entre las dos apariciones de la balalaika. Sobre este esquema se asienta una fascinante reflexión en torno al poder redentor de la belleza a través de la mirada poética de la existencia simbolizada en la balalaika.

A pesar de las guerras, de las infidelidades, de las injusticias y de los sinsabores de la vida, al final permanece la capacidad para volver a lo bello como motivo definitivo para la esperanza. Aquí también podemos señalar el carácter hereditario y filial de esta actitud trascendental.

Como bien dice Yevgraf, el talento para tocar la balalaika constituye un don, o sea un regalo de los antepasados que, en cierto modo, reconcilia a Tonya consigo misma aunque ni siquiera sea consciente de ello. Yevgraf sabe, al fin, que ella es la hija de Yuri. El plano final del agua cayendo por la presa remite a la escena que antes comentábamos de Zhivago oyendo el rumor de una cascada desde el vagón del tren.

A veces el guionista se empeña en hallar líneas de diálogo e imágenes excesivamente brillantes cuando, en realidad, no hay nada más expresivo que una inteligente estructura dramática. Aquí, de nuevo, Bolt contribuye de forma decisiva a construir el leitmotiv esperanzador sobre el cual gravita Doctor Zhivago.

David Lean amplía la poética de Bolt al terreno visual y opta por colocar al espectador en el punto de vista del propio Zhivago como camino más directo a la experiencia de la mirada poética.

El director David Lean durante el rodaje de Doctor Zhivago (1965)

David Lean, en el ojo del poeta

Podemos encontrar numerosos ejemplos de la focalización de Lean en Zhivago a lo largo de todo el metraje. La solución artística que consiste en partir de los ojos y del rostro de Zhivago a la realidad que observa (campo-contracampo) podría parecer demasiado simple a primera vista. Sencillo, pero sobrecogedor.

La escena del entierro de la madre del pequeño Yuri inaugura esta estrategia de dirección. La cámara en seguida se sitúa a la altura del niño y no muestra al resto de personajes más que en planos medios o generales. La opción visual de Lean se desvela del todo al cerrar el ataud y efectuar un travelling in hacia el rostro de Yuri. Éste cierra los ojos y tras esto pasamos a un plano de la madre sola y a oscuras yaciendo en el interior del ataúd cerrado: el niño imagina lo abandonada que se sentirá su madre.

De este modo tenemos una gramática audiovisual eminentemente introspectiva que desde el principio nos introduce en el mundo interior de Zhivago a través de sus visiones y ensoñaciones. La focalización va en aumento cuando Yuri vuelve a abrir los ojos y la cámara efectúa el camino inverso al recorrido anterior, es decir un travelling out que nos muestra el paisaje otoñal y revuelto que asombra al niño.

Un plano de las hojas desprendiéndose de las ramas de los árboles con el azote de los vientos y la música in crescendo de fondo subrayan la fascinación del futuro poeta por el mundo que le rodea. Su madre acaba de morir pero él intuye una relación misteriosa y trascendental con su entorno. Esta escena del entierro probablemente constituya uno de los fragmentos más subyugadores de toda la filmografía de Lean.

Otra escena en la que queda patente la focalización en Zhivago y que ya hemos comentado más arriba es la del laboratorio de medicina con el profesor. El primer plano muestra un primerísimo detalle de unas células a través del microscopio que maneja Zhivago. “¿Hermoso?”, pregunta el profesor. “Hermoso”, confirma Zhivago. La voz en off ya nos ha revelado que nuestro protagonista ha alcanzado prestigio como poeta. Este nuevo dato confiere a la escena un interés muy particular: asistimos a la relación de un poeta con la ciencia. Y como esteta que es, el término “hermoso” le parece el más adecuado para calificar un tejido de células.

La mirada de Zhivago domina toda la película hasta tal punto que en algunas escenas, Lean pasa más tiempo dejando que las emociones pasen a través de los ojos negros y llorosos de Omar Shariff que mostrando la propia acción en sí misma. Una muestra de esto la encontramos en la masacre a los manifestantes proletarios por parte de la guardia imperial que Zhivago contempla desde su casa. En un momento dado, cuando ya queda claro el fatídico y violento desarrollo que tendrá este episodio sobre las calles de Moscú, Lean corta a un primer plano del rostro de Zhivago. La intensidad de su mirada, junto con los golpes y los gritos en fuera de campo, hace el resto.

La pronunciada focalización del relato en el personaje de Zhivago a través de la realización no es el único elemento que demuestra la importancia central de la mirada poética en este filme. La evolución del personaje de Pasha, el idealista novio de Lara que acaba convirtiéndose en un sanguinario general soviético, se opera a través de un objeto muy concreto: las gafas. Éstas caen al suelo y se rompen en medio de un bombardeo y no volvemos a ver a Pasha; el espectador deduce que ha muerto. Sin embargo, cuando reaparece, nos encontramos a un hombre nuevo totalmente alejado de cualquier ideal pacifista popular: el temido general Strelnikov.

El paso de una identidad a otra queda marcado por la destrucción de sus gafas bajo el bombardeo (aunque luego tiene unas nuevas…). Este detalle, como decíamos, refuerza el tema de la mirada poética como silogismo fundamental de Doctor Zhivago.

“Es imposible hacer una buena película sin una cámara que sea como un ojo en el corazón de un poeta”, dijo Orson Welles. Podríamos decir que la focalización de David Lean en Zhivago es una decisión artística que ilustra a la perfección la máxima de Welles.

Emoción y sensorialidad

La búsqueda de la esperanza a través de la Belleza que caracteriza a Doctor Zhivago, iniciada en la construcción de personajes y en la estructura por Bolt, alcanza su plenitud con la dirección de Lean. El director extiende la focalización de Zhivago, y por tanto su mirada poética, al resto de elementos de la pantalla de tal modo que el encuadre se llena de los sentimientos y la melancolía del personaje. Podríamos decir que la propia pantalla, por intercesión audiovisual de Lean, se ve invadida por la sensibilidad arrolladora del poeta. Así, la imagen acaba convirtiéndose en un espejo del alma del personaje. Un reflejo que podríamos calificar de emotivo y extremadamente sensorial.

La escena en que Lara abandona el hospital de heridos donde ella y Zhivago se han conocido conforma un ejemplo perfecto del lenguaje audiovisual empleado por Lean. El poeta había sido destinado al frente como médico militar y recordaba a Lara de una fiesta de Nochevieja en Moscú (el escándalo de intento de asesinato a su amante, el burgués Komarovsky etc.).

En la dacha que el ejército emplea como hospital de la zona, Zhivago y Lara, que trabaja de enfermera, han intimado hasta el punto de que él ha caído prendado de ella. Al día siguiente de confesarle su amor, Lara es trasladada junto al resto de enfermeros a la ciudad. Zhivago se va despidiendo de todos uno a uno hasta que llega el turno de Lara, la última. Después se sube al carro y Zhivago la observa alejarse. Se ha quedado completamente solo en ese luminoso día.

El sol entra a raudales por las ventanas. Zhivago cruza el amplio umbral lentamente, como cavilando, y es entonces cuando Lean utiliza el recurso que antes mencionábamos: refleja el estado de ánimo del poeta en los objetos del entorno. En este caso, un girasol empieza a llorar: algunos pétalos se le caen tímidamente, casi como un goteo. Una sutil y poderosa metáfora del pesar de Zhivago: es como si el mundo le acompañara en su duelo por la ausencia de Lara.

La escena termina con un elemento que nos ofrece un ejemplo más de la nostalga torrencial que Lean nos permite palpar gracias a imágenes como la del girasol. Zhivago sube al granero de la dacha y observa el convoy de Lara en la lejanía a través de la ventana. Este objeto se erige prácticamente en un leitmotiv a lo largo de toda la película. No es de extrañar puesto que, si uno lo piensa bien, se trata de un elemento eminentemente poético cuyo propósito principal consiste en servir a la mirada. Las ventanas ofrecen una visión del mundo. De esta forma, podemos encontrar el objeto de la ventana jugando un rol poético principal en numerosas escenas aparte de esta de la partida de Lara.

Cuando la madre de Lara intenta suicidarse y Komarovsky sale de la casa a pedir ayuda, Lean filma toda la escena en plano secuencia desde el exterior mostrando la acción a través de los ventanales de la casa; cuando Zhivago oye el rumor de la cascada y abre un ventanuco en la pared del vagón del tren (una ventana a la esperanza); cuando Zhivago y Lara viven juntos en la dacha, años más tarde, el hielo invernal sobre las ventanas empieza a descongelarse bajo el efecto del calor primaveral, como un anuncio de tiempos más esperanzadores. Este último ejemplo remite a otro de los recursos de dirección de Lean: el trabajo con las texturas de frío y de calor que nos devuelve a la sensorialidad exacerbada que antes comentábamos.

En definitiva, el lenguaje audiovisual de David Lean lleva a su máxima expresión la mirada poética de Zhivago y demuestra que los grandes directores son aquellos que mejor miran.

Como apuntábamos al principio, Doctor Zhivago constituye un islote de esperanza en el océano fílmico de Lean marcado por una visión trágica de la existencia humana. Sin embargo, el valor redentor de la Belleza en esta película no es absoluto,pues no se presenta más que como un premio de consolación al final del periplo zhivagiano, cuando la tragedia ya ha sido consumada. La pregunta, en cualquier caso, es imposible de esquivar: ¿hasta qué punto puede la Belleza salvar al mundo o, en este caso, justificar la vida de un hombre y darle sentido?

Este artículo fue publicado previamente en la web del Instituto Newman, con cuyo permiso es reproducido aquí.

Mujer muda busca monstruo del pantano para lo que surja

En Amor y sexualidad/Cine por

Tiempo de lectura: 4 minutosHubo una época donde los “bichos raros” se agolpaban en torno al televisor por la noche.

En esa franja delirante comprendida entre la 01:30 de la mañana y las 06:00 de la mañana, místicos en calzoncillos, beocios sin remedio, perezosas de toda clase y condición, insomnes empedernidos o padres primerizos con restos de baba neonatal en el pijama, se agolpaban frente a la caja de luz a ver una y otra vez las bondades de determinada lijadora, de una mopa que limpiaba hasta el pasado, un concierto de jazz de tres al cuarto, documentales del cine húngaro de los años 30 o, para los más decididos o más voluntariosamente despistados, una variedad extraordinaria de películas pornográficas;  especialmente burdas y especialmente frecuentes en las cadenas locales y regionales.

Lo que ahora revisa Zuckerberg en cada whatsapp calenturiento, antes se ocupaba un mandao de la programación  de la tele del barrio.

En este último caso, antes de que Tinder nos pusiera a discernir sobre el eros, uno se podía encontrar, entre embestidas y diálogos de lo absurdo, un tablón de anuncios para los ahogados en la soledad más picosa que, como decía Florentino Ariza en lo que Fermina Daza le abría las sábanas de su cama, es la de la carne.

Era en esa franja extraña de la noche donde antes de la aparición de las redes sociales todo se mezclaba. El olor a gato de la casa, la cerveza medio abierta, un calcetín en disposición confesional… Lo que ahora revisa -cuando tiene tiempo- el bueno de Zuckerberg en cada whatsapp calenturiento, antes se ocupaba un mandao, que no cabe hacer distinción de género en la parrilla de la tele del barrio.

Lo que más me despertaba la atención en ese momento, por lo jocoso y la curiosidad impertinente por encima del apetito básico, era que en la pequeña pantalla, ante el aderezo sexual que ocupaba la parte superior del recuadro azul, un hirviente chat primitivo se desarrollaba con vigor y frenesí.  Los mensajes eran escuetos, con su propia mecánica sintáctica y lingüística. La necesaria economización de las palabras a las que nos sometía la dictadura del SMS dotaba a las oraciones simples (o copulativas) -baluarte del flirteo televisivo- un aire sodomita de cantina del lejano oeste o un triste tablón de desaparecidos en la playa.

“Se busca pedazo de carne para ayuntamiento carnal”.

“Activo busca pasivo. Pasivo busca subjuntivo”.

“Hombre moreno, corpulento e interesante busca a delfín madurito. Esta noche en Palencia”.

“Mujer muda busca monstruo del pantano para lo que surja”.

Porque al final, esto es lo que ha quedado de “La forma del agua”, la última producción oscarizada de Guillermo del Toro.

La última travesura del director mexicano no es otra cosa que la clásica historia de amor, bien barnizada, eso sí, por el ingenio intangible y merecidamente reconocido del creador del Laberinto del Fauno o Mimic.

Hay una estética cuidada, una trama con sentido, un universo coherente, un desarrollo de personajes algo dubitativo pero sostenible y de pronto, casi al final, se corre una cortina de baño cincuentero para sobreentender que entre la chica muda y el monstruo del pantano va a haber tema.

Los hay, claro está, que han buscado hacer un atrevido y seguramente acertado razonamiento para la vida moderna sobre esa “conexión sexual” que no conoce de especies ni de géneros. Como una reivindicación de la imaginación fetichista que por fin desembarca en Hollywood tras cruzar el océano nipón, donde el Hentai llevaba fantaseando con plantas y cuerdas sinuosas destinadas para la dominación y el placer femenino desde hace décadas.

En este aspecto cabe resaltar la noticia que ha recogido la sección de “SModa” de El País, donde tras el estreno de “La forma del agua”, se han vendido como roscas recién horneadas consoladores que especulaban con la forma, longitud y aspecto del falo del anfibio antropomórfico.

 

Ahora toca al lector disculpar a los mediocres, simples y “noséquepatriarcales”, que sencillamente hemos visto en la película una historia interesante que tiene como premisa a una mujer muda terriblemente necesitada de amor, cariño y comprensión que se entrega en cuerpo y alma a un monstruo encerrado en una charca metálica. Ahí está el drama de la tensión dramática. Donde, todo sea dicho de paso, en realidad no cabe espetar la relación en cuanto a la posibilidad de encuentro, reconocimiento y afecto. Sin embargo consideramos gratuito o sintomático de una sociedad de juego de braguetas el marcar o evidenciar la relación de la chica muda y el bicho hasta el punto de dotarle de genitalidad. Todo ello cuando no queda muy claro si ese “recurso”  ayuda a contar la historia; dejando un olor pantanoso a fruto ideológico (propio de la Academia y con el que comulga Guillermo del Toro. Veánse los rostros franquistas del Laberinto del Fauno), que termina por despistar y sacar de la película a algunos de sus espectadores. Como los mensajes de alta carga erótica-festiva de mi cadena local.

Dicho lo cual, acudan raudos al cine. Se sorprenderán (si es lo que piden al comprar una entrada).

 

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