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Wonder Woman, mito y reinvención de Occidente

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Este artículo ofrece multitud de información sobre el argumento de Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017). Queda usted avisado.

La cinta de la Mujer Maravilla fue muy esperada por motivos extracinematográficos. Resulta inevitable que los intereses políticos y sociales acaben marcando la trayectoria de alguna que otra película; qué se le va a hacer. Además, la buena o la mala recepción de un filme no siempre se debe a su factura artística. Por suerte para Wonder Woman, muchos de los que entonces esperaban que la historia fílmica de Diana reivindicara la superheroicidad femenina recibieron lo que buscaban. Me alegro por ellos.

A continuación (esto ya parece una redacción de 4º de E.S.O.), propongo un repaso de algunos aspectos de la película que se prestan a una interpretación alegórica con respecto al pensamiento actual en torno a la mujer (y al varón).

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Una pretensión “renacentista”

Wonder Woman vive en una suerte de fantasía antropo-arqueológica. Dicha ficción consiste en la pretensión del descubrimiento de una sabiduría antigua (y perdida) sobre la femineidad. Este conocimiento, oculto a la humanidad durante mucho tiempo, ahora sale a la luz gracias a Diana/Wonder Woman. No cabe duda de que la protagonista es para el resto de personajes ficcionales del relato lo que la película y la corriente de pensamiento en la que se inserta pretenden ser para el mundo actual.

Este descubrimiento de la gnosis antigua y la apología de su actualidad acontecen envueltos en una estética renacentista (presente en el relato mitológico del origen de las amazonas) que supone la confirmación, por la vía de la referencia pictórica, de las pretensiones de su guion. No menos importante es el tipo de animación que evoca el montaje de estas imágenes, la ya recurrente separación por capas de la imagen original y su posterior animación (técnica de posproducción muy empleada para, por ejemplo, dar movimiento a cuadros). El parentesco entre lo antiguo y su renacimiento en el mundo actual queda totalmente subrayado de esta manera.

En esta etapa de nuestra historia, momento en el que tantos quieren reinventar la humanidad, ¿qué mejor referente que aquellos que nos arrebataron de la Edad Media por mediación del rescate de la pagana cultura griega y romana, vehículo necesario para una posterior etapa de iluminada revolución? El subtexto cinematográfico-pictórico no podría ser más evidente. Hurra por los ideólogos visuales de la cinta.

Las mujeres son la salvación de la humanidad

El relato mitológico del origen de las amazonas cuenta que esta raza de mujeres vino del mar para salvar a los hombres de la guerra. Ahora, Diana/Wonder Woman se adentra en el mar para salvar a un soldado, Steve Trevor. Gracias a este gesto (y a otros posteriores), ella actualiza la promesa arcaica y recorre su primera etapa como salvadora de la humanidad.

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En cierto momento Diana informa a Steve: “Hablamos cientos de idiomas. Somos el puente para un mayor entendimiento entre los hombres”. Sería difícil sostener que Wonder Woman es una película que trata sobre las amazonas; el valor simbólico de estos personajes en el contexto de la cinta no podría ser más claro. La mujer de la tesis de Wonder Woman es la salvación, pero ¿salvación con respecto a qué, a quién o de quién?

El soldado británico no llega solo al hogar de Diana/Wonder Woman. Un grupo militar alemán desembarca en la ínsula de las amazonas, en cuyas playas acontece una escaramuza coreografiada a base de tirabuzones a cámara lenta, nazis incompetentes e, incluso, una catapulta infernal tipo gemelos Derrick. Miren:

Las amazonas se enfrentan a los soldados nazis en una suerte de lucha de sexos que ofrece una primera pista acerca de aquello de lo que la amazona Diana/Wonder Woman salvará a la humanidad. Estos soldados son nada más y nada menos que la avanzadilla de Hares, el dios de la guerra, que se la tiene jurada a las amazonas. La irrupción de estos hombres en este mundo de mujeres es y anuncia la gran amenaza cósmica. Alegorías a cholón.

Entre ambos bandos existe un contraste doble: en cuanto a recursos de exterminio y en cuanto a posición moral. Las amazonas han aprendido a luchar con cuatro palos y un par de piedras, mientras que los soldados alemanes están equipados con las mejores armas del momento. La presencia diferenciadora de Steve puede indicar que, en realidad, este enfrentamiento no se trata de la enésima alegoría de la lucha de sexos, sino una metáfora de la lucha del bien (aparentemente menos dotado) contra el mal (superior en fuerzas y potencia destructiva). También es posible que ambas hipótesis compartan la hegemonía interpretativa del momento. Yo, particularmente, no veo exclusión entre estas dos opciones. Fijémonos en las partes del metraje que señalan dicha confluencia temática, más allá de esta secuencia costera:

  • Al poco de conocerse Steve dice: “Podemos ir a Londres y encontrar a los hombres que puedan hacerlo”. Diana contesta: “Yo puedo hacerlo”.
  • Aunque viven en paz, las amazonas entrenan sus técnicas de combate constantemente de cara a una batalla “que jamás es justa” (Antíope).
  • A la hora de comprar ropa contemporánea a Diana, queda claro que debe elegir un atuendo para la batalla, por ello elige un conjunto que, aunque femenino, se acerca en sus formas al masculino.
  • La necesaria intromisión de Diana en la reunión del organismo militar británico, dibuja a las varoniles instituciones occidentales como viejas y decrépitas.
  • Siempre que se cuestiona la superioridad de Diana, rápidamente se ofrece una situación para permitir que la superpoderosa demuestre que está por encima de todos.
  • Tras la secuencia en la taberna, cuando Diana/Wonder Woman camina cerca del río con su nueva pandilla, tienen mucho cuidado de que las únicas mujeres que aparezcan en escena sean enfermeras monjiles que caminan en sentido contrario a la dirección de la protagonista.
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Estos y otros detalles ofrecen muchas posibilidades para que cada cual vea proyectadas sus ideas sobre igualdad y otras cuestiones de género en el filme. Wonder Woman se presta especialmente a ser analizada como una película deudora de un estado de cosas social concreto y está dotada de los mimbres adecuados para que unas y otras -interpretaciones- florezcan con total legitimidad.

Diana regresa por el túnel del tiempo

No son las alegorías indicadas el más importante factor ideológico de la cinta, sino las situaciones, a veces divertidas, a veces chabacanas, que se generan por el choque entre la mentalidad de Diana y el mundo cultural de una parte de la Europa de mediados del siglo XX. La confrontación de dos mentalidades diferentes sirve para poner en crisis los valores inherente a una de ellas y ensalzar los ideales de la otra (no en vano, Diana identifica a la secretaria de Steve con el calificativo de “esclava”). Broma a broma, Wonder Woman se ríe y cuestiona todo lo que se le pone por delante (excepto sus propios presupuestos, claro está).

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Baste el siguiente ejemplo. Fijémonos en el episodio nocturno en alta mar protagonizado por Steve y su nueva amiga arcaica. “¿Dejas que algo tan pequeño te diga qué hacer?”, le pregunta Diana/Wonder Woman a Steve refiriéndose a su reloj. Dicho objeto, en este caso, funciona como símbolo de lo biológico y de la tendencia a la conservación y a la reproducción; pero también se refiere al logro de la medición del tiempo y sus posibilidades de cara a la organización de la vida. El subtexto es claro. Diana no se refiere meramente al reloj, sino al aparato reproductor masculino, que califica de insignificante y, a la vez, -inmerecidamente- tiránico. Al acoger este argumento uno puede imaginar que si el reloj o lo significado en él fueran más grandes posiblemente la muchacha reconociera la importancia que Steve le concede. Quién sabe. Personalmente no opino que un reloj como una olla tuviera más predicamento que otro de menor tamaño. Lo importante es que funcione correctamente para que nos oriente en la ordenación de nuestros días.

El varón, figura desconcertante

La película muestra que no hay nada como poner a una mujer curiosa delante de un hombre superficial para destruir la imagen del matrimonio: ni él ni ella saben lo que es (ni el matrimonio, ni la familia). Quizá por este motivo su relación no pase de revolcón a media noche y promesas de amor eterno en una pista de aterrizaje.

Aunque luego se desvela que lo que sigue no es así, al comienzo de la cinta se da por cierto que Diana fue esculpida en arcilla por su madre y que Zeus le insufló la vida. Por este motivo, Diana no tendría padre, sino solamente una madre aficionada a la alfarería con deseos de maternidad solitaria. Pienso que este fenómeno no es ajeno a la mentalidad de nuestros días.

Wonder Woman quiere replantear una tradición familiar muy antigua

Excepto en el caso de la alemana desfigurada, la Dr. Maru, en Wonder Woman el enemigo siempre es un varón; y el gran varón es Hares, el dios de la guerra. Si las amazonas no son amazonas, sino que simbolizan otra cosa, Hares tampoco es simplemente él. Otro dato poético: se le supone en el bando del héroe, pero es el villano. Curiosamente, Hares, el dios de la guerra, es más poderoso en su forma burocrática que cuando desvela su ser mítico ciberpunk gótico. Aquí no podemos ver más que otra metáfora tan evidente que mejor me ahorro su explicación.

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Estos tres momentos temáticos que acabamos de esbozar muestran de qué manera (a través de la crítica al varón) Wonder Woman quiere replantear una tradición familiar muy antigua. No considero que esta pretensión sea ilegítima, pero sí debo identificar como juego sucio el que no dialogue con las más excelentes manifestaciones y los mejores frutos de la tradición occidental, sino con su estadio más degradado: los monstruos de la razón moderna que dieron paso a la posmodernidad (en sentido estricto aquí no se encuentran plenamente los receptores de la mejor tradición de Occidente). Por esto, o los ideólogos de la cinta no creen suficientemente en la fuerza de sus argumentos, o no saben contra quién combaten (y, por ende, desconocen que la tradición y ellos y ellas buscan lo mismo y son mutuos aliados).

Considero que el final de la película no contribuye a la sedimentación de su mensaje. Sin duda merecía algo mejor. Cuesta creer a una superheroína que, desde su despachito del Louvre, se dedica a lanzar mítines mentales repletos de palabras talismán.

No quisiera que las últimas palabras transmitan una imagen mediocre de la cinta. Wonder Woman está repleta de buenos momentos y hay departamentos enteros que merecen un sonoro y prolongado aplauso. Por poner un ejemplo (coincido con Miguel Juan Payán) “el lazo funciona” (4:45). La cinta es resultado de un trabajo encomiable y, como tal, es justo reconocerle todos sus méritos.

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Responsable del Área Audiovisual y ejecutivo de cuentas en Apóstrofe Comunicación desde 2011. Profesor en los grados de Comunicación Audiovisual y Creación y Narración de videojuegos. Cursó estudios de Humanidades, Comunicación, Cine y Matrimonio y Familia. Coautor de "El antifaz transparente. Antropología en el cine de superhéroes" (Ediciones Encuentro, 2016).

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