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Educar o perecer

En África desde dentro/Educación/Mundo por
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«Educar o perecer» es el título de una reflexión extensa hecha por varios expertos bajo la dirección del profesor burkinabés Joseph Ki Zerbo bajo petición de las organizaciones mundiales relacionadas con la cultura (UNICEF, UNESCO, PNUD, Banco Mundial) en 1990. Se trataba de recopilar los desafíos y proponer las respuestas a la educación de los niños africanos. El título es tan provocador como real.

Hace unos meses pudimos asistir a un foro internacional sobre la educación en Dakar (Senegal) con la presencia muy remarcada del presidente francés, Emmanuel Macron y la famosa cantante de Barbados, Rihanna así que otras personalidades del mundo de la política y la cultura. El objetivo fundamental de este foro era promocionar la educación en el mundo. Se trata concretamente de reunir 2.000 millones de dólares para llevar a cabo la escolarización de entorno a 263 millones de niños y adolescentes que en este momento carecen de educación. Es un proyecto titánico, integrado por más de 60 países; un proyecto ambicioso pero posible si hay voluntad política.

La educación, decía Ki Zerbo, es un derecho y un deber. En un mundo cada vez más globalizado, dónde manda la tecnología, es importante educar si no se quiere quedar a un lado en la carrera por el progreso, inmerso en los llantos de la miseria y sin que nadie pueda aliviarte. Educar a todos es al mismo tiempo un desafío y una obligación.

Mirando hacia África, se sabe que muchos países se han puesto manos a la obra. Se han multiplicado campañas de sensibilización para que todos los niños puedan ir a la escuela. Pero desgraciadamente la ecuación no siempre funciona e invertir en educación no significa crear desarrollo. La inversión sigue estando muy por debajo de los desafíos. En muchos lugares, la corrupción es una lacra horrenda que obstaculiza cualquier posibilidad de despegue económico y limpieza de la clase política. Sin la gestión transparente y honesta de los recursos, no puede haber fondos suficientes para invertir en este sector considerado como estratégico por todos los países del mundo.

Educar a todos es al mismo tiempo un desafío y una obligación.

En una época en la que los países desarrollados hablan de la apuesta por la innovación y la investigación como motores del desarrollo, en África, muchos países siguen arrastrando los pies en lo que es absolutamente básico, es decir la educación primaria y secundaria. A estas alturas ya va siendo tarde y el tren del mundo está a punto de pasar sin encontrarnos en la estación. Estamos en un momento crucial.

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Está muy claro que el tipo de evolución a la que el mundo se enfrenta actualmente requiere los conocimientos más allá de la escolarización básica. Se habla ya de la economía del conocimiento. Esto no se alcanza sin apostar por los estudios muy avanzados que posibiliten acceder a cotas más elevadas dentro de la carrera profesional o académica.

En AUDE (Asociación Universidad para el Desarrollo en África) llevamos cierto tiempo en esta dirección. Pero no es suficiente. Ya no basta con ayudar a financiar los estudios universitarios a los jóvenes con capacidad intelectual y voluntad de estudiar pero sin posibilidad económica. Ahora toca trabajar para que el ecosistema sea favorable y todo ese esfuerzo no caiga en saco roto.

Algunos países ya lo han entendido y van poniendo en marcha iniciativas dignas de alabanza. Podríamos citar el Instituto Africano de Ciencias  Matemáticas (AIMS) inaugurado recientemente en Kigali siguiendo lo que ya se hace en Sudáfrica, Ghana, Senegal etc. Se trata de un proyecto que pretende promocionar al individuo en un entorno de desarrollo paulatino desde el inicio, de forma que no haya interrupciones en su formación ante la falta de medios o alternativas.

Sin embargo, África de manera general, salvo raras excepciones, sigue teniendo fallos de envergadura en su sistema educativo. No hay inversiones suficientes en este sector. En muchos sitios, se sigue pensando que el desarrollo vendrá por la venta de los recursos naturales que por otro lado no son infinitos. La diversificación de la economía depende en gran medida de la calidad de la enseñanza que se otorga a los jóvenes. Es importante reactualizar los programas y adaptarlos a los nuevos tiempos. También es de extrema urgencia promocionar, además de la formación técnica,  la escritura y la lectura, dos pilares fundamentales del conocimiento integral de la persona.  Se escribe poco y lo poco que se escribe, se lee poco. Faltan bibliotecas, librerías, empresas editoriales, centros universitarios, colegios y sobre todo, voluntad de salir adelante, priorizando, ante todo, la educación en los países africanos.

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Gaétan Kabasha es licenciado en filosofía y en ciencias eclesiásticas. Ruandés de nacimiento. Vive en España. Tuvo que huir por el genocidio y se refugió en la República Centroafricana. Actualmente está realizando su tesis doctoral en filosofía sobre violencias y conflictos, desde la perspectiva de Girard, mientras ejerce como capellán del hospital Clínico San Carlos de Madrid. Es autor de la página http://afroanalisis.blogspot.com.es/ donde comenta la actualidad de África. Es autor invitado en El País. Su preocupación es elevar el nivel cultural y espiritual de Africa, y dar a conocer la verdad del continente. Además colabora en un proyecto dedicado a conseguir becas para los universitarios de Ruanda .

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