Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Antropología filosófica

Dependientes

En Antropología filosófica por
Tiempo de lectura: 3 minutos

Me asusta ver cómo damos por bueno el espejismo de la autonomía; la creencia de que uno se hace a sí mismo. Parece que cuanto menos hayas dependido de los otros para ser quién eres hoy, mayor altura humana. Esto podría ser verdad en un mundo posible en el que el hombre fuera otra cosa distinta a la que es. En este mundo, aquí y ahora, el hombre es relación. Quien soy hoy es gracias a que he dependido de otros. Sigue leyendo

‘El arte de la fragilidad’, según Alessandro D´Avenia

En Antropología filosófica/Pensamiento por
Tiempo de lectura: 3 minutos

Cuando en nuestras sociedades se considera la perfección y el éxito como el único horizonte posible, el escritor y profesor italiano Alessandro D’Avenia acude con su libro El arte de la fragilidad para proponer un camino alternativo, “una forma erótica y heroica de estar en el mundo”,  en donde reconocer la inconsistencia y fragilidad humana no implica renunciar a ese fuego interior que nos permite llegar a ser nosotros mismos.

En este original ensayo Alessandro D’Avenia recorre las edades del hombre, planteando un diálogo atemporal y a corazón abierto con el poeta y erudito romántico Giacomo Leopardi (1798-1837), al que el escritor italiano considera su referente. Sigue leyendo

Emancipación y soledad

En Antropología filosófica/Pensamiento por
Tiempo de lectura: 3 minutos

Vivimos en tiempos extraños. Tiempos en los que hay más críticos de arte que artistas. Un mundo donde viven mejor los expertos sobre la obra de Bach que sus intérpretes. La creación, con su absoluta liberalidad, ha sido sustituida por la técnica.

Vivimos en la era de los museos y los catálogos. Nos encontramos más cómodos contemplando un retablo de El Greco en una sala cerrada, con la iluminación “adecuada”, que en una iglesia oscura durante el culto y creemos que el Officium Hebdomadae Sanctae de Tomás Luis de Victoria debe ser escuchado en un auditorio con una buena acústica. Sigue leyendo

Haz click aquí para acabar con el aburrimiento

En Antropología filosófica/Pensamiento por
Tiempo de lectura: 4 minutos

Hace unos días un amigo comentaba que la conversación más habitual entre las mesas del restaurante donde trabaja, gira en torno a un tema de actualidad. Todo el mundo entiende lo que es la actualidad, y mucho más, lo que es estar actualizado. Actualizamos entradas en blogs, estados en Facebook, fotos en Instagram. Y estamos actualizando cuando retwitteamos o cuando nos damos por enterados del último trending topic. Pero también cuando llevamos toda esta información recogida en los medios de comunicación a nuestra comida de amigos o familia.

Todos nos enteramos de cualquier suceso en tiempo real. Todos hablamos sobre ello con un compañero de trabajo, un familiar, un amigo. La información es mucha, es rápida y alcanza a todos los bolsillos con un smartphone dentro. Sigue leyendo

Tras los pasos de una generación de fuego

En Antropología filosófica/Literatura por
Tiempo de lectura: 7 minutos

Cuando se escucha hablar de los escritores de la conocida “generación perdida”, en el París de los años 20, lo común es pensar en un grupo de americanos que viajaron a París a vivir una vida bohemia, llena de excesos, de alcohol, de fiesta, de jazz, de mujeres. Nos los imaginamos sentados en los cafés escribiendo sus cosas, fumando cigarrillos y, como la concepción que a veces se tiene del artista, comportándose de forma bohemia. Para algunos, unos personajes dignos de admirar por su talento; para otros, unos parias de la sociedad que se dedicaban a la bebida y a la “buena vida”. Sigue leyendo

Apología del límite

En Antropología filosófica/Filosofía/Pensamiento por
Tiempo de lectura: 11 minutos

El límite es aquello que define cualquier cosa, convirtiéndola en determinable. Si no lo hubiese, sería imposible comprenderla, como mucho podríamos intuirla pero, en ningún caso, dominarla. Así es lo infinito, lo eterno, el ser, el tiempo, lo omnipotente, la divinidad, la libertad y, antes que todo ello, la existencia humana.

Las preguntas fundamentales nos provocan crisis porque son, al fin y al cabo, indefinibles: ¿qué es el tiempo? ¿la eternidad? ¿el ser? ¿la libertad? Cualquier fórmula con que uno intente decir de una vez por todas estos conceptos, le deja siempre insatisfecho, testificando así la propia impotencia intelectual. Sigue leyendo

Educar la mirada: Saint-Exupéry en tierra de hombres

En Antropología filosófica/Educación por
Tiempo de lectura: 5 minutos

A uno no le salen las cuentas. Fascinado por el ideal que nos ofrece la sociedad, y apostándolo todo por ello, te acabas encontrando desolado por un incumplimiento doloroso. Hay momentos en los que uno percibe destellos de belleza que nos sorprenden en lo cotidiano. De un modo imprevisto, como un ladrón en medio de la noche, sucede algo que te eleva, pero al mismo tiempo ensancha aún más el anhelo de tu ser, para volver a estar mendigando sucedáneos de verdad allí donde nos lo ponen a buen precio. Podríamos decir que somos ontológicamente insatisfechos y consolarnos tontamente con el mal de muchos.

Sin embargo, de vez en cuando se cruzan en nuestra existencia personas que parecen no estar heridas estándolo. Viven en medio de la multitud de un modo envidiable porque saben abrazar aquello que hace la vida verdaderamente grande. Están moldeados por el mismo barro corruptible llamado a la eternidad, pero con una mirada hacia la realidad que la transfigura o, quizá, la miran sabiendo que pueden ser transfigurados por ella.

Saint-Exupéry tiene esa mirada elevada, amplia y profunda. Mirada creativa capaz de descubrir el hilo dorado del que está tejido el mundo, hilo de sutura para la herida abierta de nuestro deseo. Con una imagen muy recurrente en sus escritos, él ha descubierto el agua subterránea que “gracias a ti, se abren en nosotros todas las fuentes cegadas de nuestro corazón”.

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El piloto francés escribió su obra Tierra de los hombres en un momento histórico en el que la sociedad francesa estaba desgarrada por un conflicto bélico sin precedentes, y en sus líneas se descubre muchas veces una angustiosa preocupación por los suyos elevada por la esperanza cierta de la positividad de la vida. Sus palabras no se conforman con impulsar el ánimo de sus compatriotas sino que les apremia a alzar el rostro, a dejar de contemplar la técnica bélica como salvación de Europa y descubrir aquello que realmente construye la civilización.

La grandeza de un oficio estriba, tal vez y ante todo, en unir a los hombres: sólo hay un lujo verdadero: el de las relaciones humanas”.

La pretensión educativa de Saint-Exupéry queda recogida al inicio de esta autobiografía. Fue con 26 años, recién incorporado como joven piloto, cuando le dieron el primer trayecto Toulouse-Dakar. La emoción de cubrir este trayecto por primera vez se mezclaba con el temor a las montañas de España que nunca había sobrevolado. El director de la Sociedad Latécoère, Didier Daurat, le preguntó si conocía bien las consignas. Pero éstas no son suficientes para afrontar por primera vez una ruta en la que en días de tormenta estaba “repleta de celadas, de trampas, de acantilados que surgían bruscamente y de torbellinos capaces de arrancar cedros de cuajo. Negros dragones defendían la entrada de los valles, haces de rayos coronaban las crestas”. La realidad se presentaba hostil al joven piloto amedrentado por las historias de los más veteranos. El señor Daurat, antes de despedirle le recordó:

Es muy bonito eso de navegar con brújula sobre España, por encima del mar de nubes; es algo sublime, pero… no lo olvide: bajo el mar de nubes… está la eternidad”.

Un mar de nubes para un piloto esconde la muerte, para un montañero tiene un significado distinto. “Comenzaba a darme cuenta de que un espectáculo sólo cobra sentido dentro de una cultura, de una civilización, de un oficio”. Fue su amigo Henri Guillaumet, a quien rinde homenaje en esta obra, quien le enseñó a mirar de un modo relacional la vida humana. El joven Saint-Exupéry se “había sumido en la aridez de los mapas y no había conseguido descubrir las instrucciones que necesitaba”. Guillaumet le educa la mirada y, abriendo sobre la mesa el mapa de la Península Ibérica, le descubre aquello que una visión cuantificable no permite.

Dibujo de Saint-Exupéry que representa su avería en el desierto.

Pero ¡qué extraña lección de geografía recibí entonces! Guillaumet no me enseñaba España; él convertía España en una amiga. No me hablaba de hidrografía, ni del ganado, ni de la población. No me hablaba de Guadix, sino de los tres naranjos que, cerca de Guadix, bordean un campo: ‘Desconfía de ellos, márcatelos en el mapa…’. Y en mi mapa, desde aquel momento, los tres naranjos eran más importantes que Sierra Nevada. No me hablaba de Lorca, sino de una humilde granja cercana a Lorca. Y aquella pareja, perdida en el espacio, a quinientos kilómetros de distancia de nosotros, adquiría una importancia enorme. Instalados, como vigilantes fareros, en la ladera de la montaña, estaban prestos bajo las estrellas, para socorrer a otros hombres.

Así rescatábamos del olvido, de una inconcebible lejanía, detalles ignorados por todos los geógrafos del mundo.

La geografía española, sin cambiar un ápice, se desvelaba de un modo más humano, mucho más propio. Esta mirada relacional, que no añade irrealidad al mundo, descubre “lo invisible a los ojos” porque tiene en cuenta que la verdad es una mutua relación entre el objeto y el sujeto que se relaciona con ella y con el resto de los seres. ¡Cuánta necesidad tenemos de ser educados en este modo de abrazar, acoger y descubrir las posibilidades que la vida nos ofrece y elevarnos a un modo más auténtico de ser hombres! “Poco a poco, la España de mi mapa se transformaba bajo la lámpara en un país de cuento de hadas”.

Esta vocación de educar la mirada empieza por dejarse guiar por tantos otros que nos han precedido y que, desgraciadamente, han sido reducidos a volúmenes polvorientos de biblioteca, CD’s en peligro de extinción o películas regaladas con los dominicales que jamás serán desprecintadas. Necesitamos ser introducidos en la vida de un modo verdadero, que nos señalen y nos acompañen pero que no nos eviten caminar. “Cada uno de nosotros, en circunstancias insospechadas, ha conocido las más entrañables alegrías. Nos han dejado una nostalgia tan grande que hasta llegamos a añorar nuestras desdichas si han sido nuestras desdichas las que las han propiciado”.

Pero el hombre que se mueve en la paradoja de ser grande y vil puede amordazar su propia nostalgia y sobrevivir sin responder a su naturaleza, alienado socialmente y dejándose llevar por lo que toca. “Esos hombres que se creen hombres y que, sin embargo, por una presión de la que no son conscientes, están reducidos, como hormigas, a ser sólo usados”. ¡Qué alguien nos rescate si caemos en este abismo! Urgen maestros que nos enseñen a pensar con rigor, a penetrar en cada realidad sin reducirla ni violentarla con nuestros esquemas.

Para descubrir el sentido de la vida tenemos que recorrer nuestra existencia guiados por mapas trazados por aquellos que nos han precedido; mapas sin escalas, sin referencias geográficas ni hidrográficas, pero, a modo de imágenes, repleto de escenas iluminadoras que despiertan una y otra vez la nostalgia, “deseo de algo que no podemos describir”, y desvelan nuestro papel en la vida. “Sólo entonces podremos vivir en paz y morir en paz, pues lo que da sentido a la vida da sentido a la muerte”.

Este artículo fue publicado primero en la web del Instituto Newman, con cuyo permiso es reproducido aquí.

El ‘J’accuse’ de Job contra Dios: el misterio del mal

En Antropología filosófica por
Tiempo de lectura: 12 minutos

¿Acaso alguien nos ha prometido algo? Entonces, ¿por qué esperamos? Esta frase, escrita por Cesare Pavese hacia finales de 1945 en su diario, El oficio de vivir, se cita a menudo para poner de relieve la inexorabilidad del deseo humano y la aparente ausencia de respuesta por parte de la realidad.

Pavese escribió esta frase movido por sus insatisfacciones amorosas, que no hacían otra cosa que agudizar la esperanza de hallar la perfección. Solo una línea antes de la cita, de hecho, escribe: “En la juventud se anhela una mujer; en la madurez, la mujer”.

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He aquí “los hombres”

En Antropología filosófica/Religión por
Tiempo de lectura: 4 minutos

Hace poco ha salido en clase el tema de la necesidad de Dios. Aclaro: no me refiero al debate medieval entre averroístas y agustinianos sobre si Dios está atado por algún tipo de necesidad o de ley. Más bien se trata de si los hombres tenemos la necesidad o no de un Principio causador-sostenedor (qué par de palabras), amante y amable, primero y último.

Así planteado el problema parece no llevar a ningún lado. En el mejor de los casos a un “pues sí” y a un “pues no”, casi tan injustificados el uno como el otro. Mucho más fértil parece la discusión sobre la pertinencia de los tres términos “rebeldes” del tema: a quién nos referimos exactamente cuando hablamos de “los hombres”, de “necesidad” y en qué consiste “Dios”. Sigue leyendo

Saint-Exupéry: “El hombre es un nudo de relaciones”

En Antropología filosófica/Literatura/Pensamiento por
Tiempo de lectura: 10 minutos

Hay autores que han desaparecido a la sombra de una de sus obras; personajes ficticios que se vuelven icónicos, todos los reconocen, pero no muchos han profundizado en la genialidad del autor. Si hablamos de Saint-Exupéry, lo relacionamos en seguida con un pequeño príncipe rubio con el pelo revuelto cuyo corazón anhela encontrarse de nuevo con una delicada y coqueta rosa. Pero El Principito es la obra de madurez de un autor cuyo recorrido existencial queda reflejado progresivamente en sus escritos. Saint-Exupéry ha sido uno de esos genios, adelantados a su época, su mirada atraviesa la epidermis de la realidad en busca del anhelo de sentido que intuye existente pero no ha encontrado.

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Genio femenino: la maternidad como esencia

En Antropología filosófica/Pensamiento/Sexualidad por
Tiempo de lectura: 4 minutos

Hoy en día se hace énfasis en la construcción social e histórica de la maternidad como si se tratase de una mera función social. ¿Cuál es el propósito? Una función social es cambiable y puede evolucionar, la identidad profunda de una persona, no. Existe un grave riesgo de que la maternidad se viva actualmente como una carga y no como una vocación que permita a la mujer crecer en su humanidad. Queriendo “liberarse” de sí misma y de lo que es, a fin de cuentas, se destruye y con ella, su misión y su identidad.
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ESPECIAL Pirandello y la máscara de la identidad

En Antropología filosófica/Literatura/Pensamiento por
Tiempo de lectura: 1 minuto

Entonces, con plena lucidez, el orden de la existencia cotidiana nos parece como suspendido en el vacío de ese nuestro silencio interior, y se nos antoja carente de sentido, carente de propósitos. Y aquella realidad diversa nos parece hórrida en su crudeza impasible y misteriosa, pues nuestras acostumbradas ficticias relaciones de sentimientos y de imágenes se han escindido y disgregado en ella. (El humorismo. Luigi Pirandello)

Se cumplen 81 años de la muerte del Premio Nobel de Literatura Luigi Pirandello, genio entre los autores existencialistas. Su paisano, Stefano Cazzanelli nos propone un recorrido por su obra y pensamiento en torno al misterio de la identidad personal.

¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo al margen de mis máscaras? ¿Qué hay detrás de la careta, del discurso que hago de mí mismo ante los demás? ¿Qué queda cuando retiro incluso aquello que me gusta pensar acerca de mí mismo? ¿Quién soy yo para los demás?

Pónganse cómodos (el texto es tan jugoso como largo) y hagan la experiencia de mirarse en el espejo pirandelliano. Con precaución, pues “no se mira impunemente al misterio de la vida”.

¡Estrenamos especial!

Pirandello y la máscara de la identidad

Helen Keller: una palabra… y nace el mundo

En Antropología filosófica/Pensamiento por
Tiempo de lectura: 5 minutos

Helen Keller nació en Alabama durante el verano de 1880. A los 19 meses de vida cayó enferma y el médico determinó que no sobreviviría. Unos días después superó la fiebre y entre la alegría general que se extendió por toda su casa nadie intuyó que Helen no volvería a ver ni a oír. Helen quedó para siempre ciega y sorda. Sigue leyendo

Antropología existencial: jugarse todo por el todo

En Antropología filosófica/Filosofía/Pensamiento por
Tiempo de lectura: 2 minutos

Cuando escuchas la palabra “antropología”, seguramente lo primero que te viene a la mente es una manada de monos corriendo por la selva, y uno de ellos separándose del grupo para empezar a pintar las cuevas de Altamira. Cuando lees “existencial”, piensas quizás en algo dramático y terrible, grupos de alcohólicos anónimos y divanes de psiquiatras. Como resultado, “antropología existencial” te podría sugerir un grupo de monos deprimidos a punto de suicidarse al filo de un barranco, en una extraña mezcla de El planeta de los simios y 13 reasons why. Pero no, tranquilo, la antropología existencial no es nada de eso. Sigue leyendo

El Instagram de Dorian Gray (II)

En Antropología filosófica/Asuntos sociales por
millenial
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Caída y redención del millennial postmoderno (Viene de un artículo anterior)

2.“Vive de máscaras” 

Aquí entra de nuevo nuestro amigo Dorian, que es, por excelencia, el hombre de la apariencia: un atractivo triunfador vitalista, galán y aventurero, árbitro de la elegancia de la sociedad londinense que parece no encontrar otro objetivo a la vida que el de disfrutarla intensamente a cada instante, despreciando toda motivación superior y todo valor y código ético. Pero esa apariencia exterior, en la que vive frenéticamente volcado, oculta un secreto interior, simbolizado en ese cuadro que tiene escondido en el desván. Un retrato que va deteriorándose y encarnando toda la fealdad y degradación que su apariencia no muestra, a medida que abandona a sus amigos, acuchilla fríamente a su mejor amigo y va traicionando a todos sus seres queridos. Sigue leyendo

El instagram de Dorian Gray: caída y redención del millennial postmoderno

En Antropología filosófica/Asuntos sociales por
Millenial
Tiempo de lectura: 5 minutos

Pese a que los millennials estamos hasta las narices de que se nos eche en cara lo inútiles e inmaduros que somos, se hizo viral hace no mucho un vídeo de un tal Simon Sinek, en el que se pone el dedo en la llaga haciendo un acertado diagnóstico de nuestra entrañable “Y generation” . Sigue leyendo

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