El individuo sin individualidad, según Capograssi

En Antropología filosófica/Pensamiento por
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Por primera vez se ha traducido al español la obra del abogado y filósofo italiano Giuseppe Capograssi (1889-1956). El autor, asegura en El individuo sin individualidad, publicado en 1953, que “nuestra época, es una época de desaparición del yo”.

Con estas sorprendentes palabras, que reflejan inquietudes que recuerdan a Ortega, analiza los síntomas de agotamiento carnal y espiritual, que vive el hombre contemporáneo, abrumado por la propaganda. Una propaganda cuya influencia bloquea, dificulta o impide el resurgir de una verdadera personalidad escrita en el corazón de cada hombre.

¿Qué nos distingue?

En los primeros capítulos, Giuseppe Capograssi analiza el concepto de individuo y lanza a modo de grito la siguiente pregunta: ¿Qué nos distingue?

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Según su visión, todo individuo anhela llegar a ser uno mismo, “alguien único e independiente”. En este proceso de consolidación de la personalidad, Capograssi considera que la voluntad tiene un papel importante:

Va formando de elección en elección, de decisión en decisión, la individualidad del individuo. Frente a los continuos problemas que intereses, fines y pasiones le ponen delante, acepta y rechaza, dice sí o no, construye o destruye, respeta o viola.

Capograssi reconoce un proceso de maduración de la voluntad y, lejos de todo pelagianismo, ve dentro de ella un germen, una “fuerza misteriosa”, “siempre nueva y fresca, que da vida”, cuya existencia contribuye a la formación de individualidades originales y por tanto a la imprevisibilidad de los tiempos venideros. Pero este germen, que como todo brote inicial de vida es débil, “está expuesto a todos los golpes de la historia”.

En su análisis del devenir histórico, es esta (la individualidad) una fuerza que en algunos momentos ha prevalecido y en otros no. Nuestra época, a su juicio, es una de esas etapas en las que la individualidad está como apagada y casi desaparecida.

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La desaparición del yo

Por ello, en la segunda parte del libro analiza los síntomas de la desaparición del yo, una tendencia agudizada por las formas de organización social y el modelo actual de trabajo que “imponen al individuo disciplinas encaminadas a reprimir o rechazar precisamente la individualidad de cada individuo”.

Tampoco ayudan el ambiente, de fuerte propaganda, que promueve una cultura de masas homogeneizadora, ni el ordenamiento jurídico, ni los regímenes políticos, basados en oleadas emocionales irresistibles que sublevan a pueblos enteros. Capograssi ve en nuestras sociedades el paradigma del campo de concentración, en el que individuo se presentó en “forma de tal miseria, tal postración, tal cancelación de la fisionomía humana” que era imposible detectar la personalidad de cada uno de estos seres humanos.

Pero el mayor drama de este ser humano es, a su juicio, la pérdida del sentido de un Dios presente y de la experiencia religiosa. Según sostiene, son estos factores, además del sentido de la vida histórica, los que provoca que los pueblos renieguen “de todo lo que han bregado en el pasado para formarse y ser ellos mismos”.

Todo esto genera un hombre que vive a toda prisa, obsesionado con fines prácticos, consumista y desenraizado, incapaz de mirar al otro, y que vive olvidando su conciencia y su destino. Critica también a Schopenhauer y Hegel, ya que considera que como muchos de los sabios de este tiempo, no ofrecen una ayuda real para explicar al hombre actual lo que le pasa, llevándole así a una postura de renuncia.

Finalmente, expone una idea original sobre la necesidad que tiene el hombre actual de liberación individual, basada en lo que denomina la ética de la extravagancia y que se define por tener como única finalidad “la inversión por la inversión”. Algo que, paradójicamente, confirma al individuo en su vacuidad y carencia de personalidad.

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Lejos de perder toda esperanza, Capograssi propone que cada uno de nosotros trabaje “para que las posibilidades positivas prevalezcan sobre las negativas”. En primer lugar, viviendo y teniendo un juicio claro sobre la situación actual. Y finalmente, realizando un verdadero redescubrimiento del corazón, del que según el libro de los Proverbios, “brotan las fuentes de la vida”.

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Profesor, licenciado en Historia del Arte y pianista. Escribo como contestación quijotesca frente al poder, que pretende “destruir lo humano” como decía Luigi Giussani, anulando nuestra libertad, nuestra razón y nuestra sensibilidad ante la belleza. Pero sobre todo escribo por necesidad existencial, porque sigo en búsqueda y necesito compartir lo que me ocurre...