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Jorge Bustos: “Lo que está haciendo Puigdemont es una españolada”

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Tiempo de lectura: 13 minutos

Llevo un par de días enfangándome de artículos, recortes y exabruptos varios en Twitter; donde mi próximo entrevistado se desfoga mejor al estilo clásico, con los 140 caracteres que le dieron hechuras de polemista relamido de pluma ligera.

Me he masticado su última publicación, “Crónicas biliares”. Una suerte de apéndice literario de la RAE impregnado de excreciones de vesícula. Un placer de lectura para los que tienen cuatrocientas cosas por delante que leer.

La primera llamada -este encuentro periodístico se tiene que dar necesariamente por teléfono- es en la frente. La entrevista será de 15 minutos. De golpe, la mitad del cuestionario se queda en fuera de juego posicional.

La agenda del jefe de Opinión de El Mundo le tiene apretada la existencia, aunque está contento porque ha llegado de pie en un mundo donde la “verdad” repta para conseguir una exclusiva y donde los columnistas y aventureros varios se suceden sin descanso ante cada arreón de la actualidad.

Las imágenes de esta entrevista son de Álvaro García, quien muy amablemente nos las ha cedido para poner rostro a nuestra voz telefónica transcrita de esta guisa.

 

Jorge Bustos – Imagen de @alvarogafu

 

¿Qué tiene de excitante, de apasionante, el relato de la unión de España para los que llevan años apelando por la política secesionista a través del sentimiento?

Bueno, menuda pregunta. Claro. Estás planteando si el constitucionalismo tiene una oferta de relato seductor para ver si en las próximas elecciones se puede hacer una campaña en positivo sobre las ventajas de quedarse en España, a gente que no es que no quiera España es que no se ha sentido española porque lleva cuarenta o cincuenta años como víctima de un proceso de inmersión cultural-identitaria  que les impide conocer a lo que ellos creen que es su adversario y no es más que su casa madre.

Claro. El problema de eso es que no tiene una respuesta porque el procés es un proceso sentimental, emocional. No es un proceso racional. Entonces, es muy difícil. Tú imagínate que eres adoptado y te presentan a tu madre biológica, no a aquella con la que llevas conviviendo toda tu vida, a los treinta años. Y te dicen: “pues esta es tu madre de verdad”. En ese momento tienes que convencerte. En ese momento no vas a generar afecto hacia la madre biológica porque te la acaban de presentar. Pues esto es algo parecido. Es decir, se necesita hacer un discurso que durará probablemente una o dos generaciones. Es verdad que es el momento de empezar a hacerlo ya porque el separatismo ha chocado contra la pared de la constitución pero se necesita hacer una tarea pedagógica que va a durar años, décadas, de volver a reconciliar a aquellos catalanes que han sido adoctrinados o se han dejado adoctrinar en el odio a España. Tienen que descubrir que son tan españoles como los demás y no solo eso sino que el serlo es un orgullo y no una condena. Es una tarea larga que va a costar mucho y que en los medios estamos haciendo lo que podemos. También te digo una cosa: nadie que no se quiera dejar convencer se va a convencer, no hay peor ciego que el que no quiere ver. O sea que bueno. No hay una varita mágica. Esto es una tarea pedagógica de décadas.

Hay independentistas de fin de semana. Chavales pijos que creen que están haciendo la revolución, se sienten como Che Guevara y están construyendo la historia.

¿Estamos en un punto de no retorno para con aquellos que se han tatuado el nudo de la estelada al cuello?

Bueno, con un sector, sí. Yo creo que muchos son irrecuperables. De los dos millones de independentistas pues a lo mejor un millón es irrecuperable. No lo sé. Son cifras que digo un poco a voleo. Hace cincuenta años en España había una minoría que quería ser demócrata. La inmensa mayoría era franquista y por eso Franco murió en la cama.

La gente se convierte rápidamente a lo que le conviene. Tampoco hay que tomarse muy en serio las convicciones identitarias por más que veamos ahora un gran fervor. Hay independentistas de fin de semana. Chavales pijos que creen que están haciendo la revolución, se sienten como Che Guevara y creen estar construyendo la historia. Pero en cuanto cumples un par de años y la vida te pone en tu sitio pues te dejas de jugar a la épica. No te voy a hacer una declaración diciendo “esta es la idea secreta”. No hay soluciones secretas. La solución es la de siempre. Es la cultura, es la educación, es leer, es viajar, es mezclarse, es revisar los propios prejuicios. También los de los castellanos, por cierto. También los prejuicios españoles hacia Cataluña. Deben viajar a Cataluña, deben conocer Cataluña, deben amar Cataluña, admirar la lengua. Es un proceso de volver a reencontrarse que yo creo que mi generación está destinada a protagonizar y que ojalá que así sea, claro.

Un poco al hilo de los acontecimientos de las últimas semanas -espero que no me taches de sátiro por la pregunta- pero ¿sufre Puigdemont de episodios quijotescos? Porque parece que a Bruselas ha ido a buscar legitimidad para el gobierno de su ínsula.

Sí, claro. Lo que está haciendo Puigdemont es una españolada. Es una cosa que está entre Berlanga, algún personaje cervantino y Pajares y Esteso. Es profundamente español todo lo que está haciendo. No hay ningún hecho diferencial en su escapada ni nada más humano que intentar evadir la justicia. Ahí está la novela picaresca y Puigdemont no es más que un pícaro con más flequillo. Yo creo que él se sorprendería mucho si alguien le explicara dentro de muchos años lo que está protagonizando.

Ha producido una división dramática en la sociedad catalana. Ha provocado una cierta “batasunización” de la vida política en Cataluña en aquellas aldeas donde los constitucionalistas se sienten minoría y sienten el acoso de la plebe alentada por el ejemplo de Puigdemont. Eso no tiene nada de gracioso ni de quijotesco en el sentido humorístico. Este hombre tiene unas responsabilidades penales porque es muy grave lo que ha hecho. En algún momento tendrá que pagar por la fracción, la división y el empobrecimiento al que ha conducido a su pueblo.

Jorge Bustos – Imagen de @alvarogafu

Hace cosa de un mes escribías en El Mundo que a este país le sobraban articulistas de opinión, vociferadores de la actualidad,  todo en favor de editorialistas. Ocurre que en las últimas semanas nos hemos encontrado con un giro extraordinario en La Vanguardia coincidiendo con la fuga de empresas catalanas. Cuando el editorial falla ¿no son necesarias las voces que desde su atalaya particular, ya sea desde una cabecera reconocible, desde su blog cutrón o desde su cuenta de twitter, peguen cuatro gritos y digan algo cuando el rumbo editorial de un medio va a la deriva?

Las voces particulares que se expresan a través de columnas son perfectamente compatibles con el editorial. Lo que venía a decir en esa columna era una reivindicación un poco escandalosa y una especie de llamada polémica a la reflexión, porque estamos en un país de tertulianos y columnistas donde todo el mundo se ha tragado un columnista, donde todo el mundo tiene una opinión y cree que todo el mundo debe conocer su opinión porque él es quien tiene la verdad. Y este país es así desde Adán y Eva. Desde Larra y antes. Tenemos todos dentro un seleccionador de fútbol y un columnista. Y te cabreas mucho cuando no te dan una columna porque todo el mundo cree que escribe como Umbral.

Una vez dicho eso, yo quería utilizar esa consideración de genios que hay por toda España para alabar un género tan anónimo y tan modesto en su confección como es el editorial, que no se firma. Además no es de una sola autoría. Principalmente lo escribe uno pero con las ideas colectivas que se han arrojado en una reunión. Y en mi nueva función en el periódico El Mundo como jefe de Opinión, al descubrir este género, al ponerme a escribir editoriales como estoy haciendo, descubro una nueva satisfacción. Al final un editorial no es más que la columna de un periódico, si una columna es la columna de una persona, el editorial es la columna de un periódico. Es lo que el periódico si fuera un ser humano contaría, opinaría sobre la realidad.

Simplemente el hecho de que las ideas que tu formulaste en un editorial sean replicadas por políticos o periodistas ya es la conquista, el éxito de un editorial.

Es un reto muy bonito porque tienes que armonizar ideas de la línea editorial y de la ideología de tu periódico. Además tienes que hacerlas compatibles con las noticias y con las exclusivas que dan los distintos jefes de sección de tu periódico. Es una tarea colectiva que no se firma y que sin embargo está llamado a tener una gran influencia.

Cuando yo consigo que alguno de mis editoriales se conviertan en virales o veo las ideas que están expresadas allí en la boca de tertulianos esa misma mañana en la radio, siento un gran orgullo , aunque no la fama o la vanidad de ser citado porque en realidad no lo necesitas. Simplemente el hecho de que las ideas que tu formulaste en un editorial sean replicadas por políticos o periodistas ya es la conquista, el éxito de un editorial.

Respecto de La Vanguardia, no creo que hayan hecho un giro tan drástico. Siempre han jugado a lo mismo. Yo tengo grandes amigos allí. Es un periódico histórico y respetabilísimo. Siempre ha jugado a las dos barajas del catalanismo eterno. O del nacionalismo vasco si me apuras ¿no? Amenazo hasta un punto para conseguir una ventaja pero cuando veo  que me asomo al caos vuelvo a la moderación burguesa ¿no? A mí eso no me sorprende.

“Fórmate, estudia y déjate los cojones, y lee y estúdiate la historia de la filosofía y la historia del pensamiento y sigue leyendo y lee a los clásicos y domina el lenguaje, entrégate”.  Hace un tiempo decías esto en Res Publica. ¿Crees que se le puede decir algo parecido a esa declaración a un chico de 18 años que tenga un amago de vocación, le presentemos las tasas de paro y desubicación profesional de los que estudiaron periodismo y consigamos convencerle de  que no se vaya corriendo a ADE o a Biotecnología?

Hombre. No se lo digo a todo el mundo. Ese es un mensaje para la élite. La élite intelectual, que es la única que me importa. A mí la élite económica o social no me ha importado jamás nunca nada. Solo me importa formar a los mejores y que los mejores lleguen a los medios. A mí es el programa que me ha valido para llegar a donde estoy. Y como mi experiencia ha sido muy positiva es la única manera que se me ocurre de que alguien que siente la llamada del columnismo que tiene ahora veinte años si quiere emularme y tiene ahora el disparatado proyecto de emularme, ésta es la receta. No hay otro atajo que la inteligencia, la formación, la lectura, la sabiduría, el esfuerzo. Salir menos, entrar menos en YouTube, ver menos series y leer más libros.

A mí me gustaría decir léete este libro de cincuenta páginas y empezarás a escribir como Umbral y además se te ocurrirán las ideas de Ortega y tendrás la penetración metafísica de Heidegger. Lo siento. No hay atajos. Ya. Pero me dirás: “es que los jóvenes no te van a hacer ni caso”. Pero al final de momento, mientras nos comuniquemos los seres humanos por lenguaje articulado y no por emoticonos, alguien tendrá que dominar el lenguaje. Y el que mejor lo domine será el que conduzca a la gente.

El éxito de Podemos, el éxito de Pablo Iglesias, no es más que un éxito verbal. Es un hombre que habla bien.  ¿Por qué? Porque ha leído. Aparte de la crisis y demás, el éxito de Podemos es un éxito verbal, del manejo del idioma, de saber comunicar, de saber expresarse, de saber estructurar mensajes. Sin esto, en el periodismo, la política, la empresa, el marketing, el derecho… Hay un sinfín de profesiones para los que el manejo del idioma es fundamental. El manejo del idioma no se aprende en YouTube. Se aprende leyendo libros. Sé que de 100 alumnos de 19 años de la facultad de periodismo 97 querrán ser Sara Carbonero pero 3 quieren ser Umbral. Pues yo me dirijo a esos tres. Eso es lo que me importa. Lo demás, allá cada cual.

Jorge Bustos – Imagen de @alvarogafu

Tirando un poco de hemeroteca, unos cuantos amigos me han recomendado que te pregunte por el artículo “Sin perdón” a propósito de la entrevista de Évole a Iñaki Rekarte. Hay un fragmento del texto que dice así: “que Rekarte luzca como un hombre devastado por la culpa, ganado verosímilmente para el bando de la conciencia por la experiencia del amor y la paternidad, ya son solo percepciones. O sea: el ámbito propio de la televisión. Ahí donde el periodismo naufraga”. ¿Por qué no crees que sea verdadero su arrepentimiento? ¿Iñaki Rekarte no tira, de alguna manera, por Luz en Rentería?

Es una contraposición muy inteligente. Mientras me estabas hablando de Rekarte yo me acordaba del que he escrito dos años después que es el de Rentería. La diferencia es muy fácil. Son los hechos. En un caso tienes a un etarra que daba una entrevista en televisión, en un programa que es el de Évole, que tiene un montaje exquisito, que es más cinematográfico que periodístico, sin dejar de dar algunas veces grandes noticias periodísticas pero que se mueve en aquella zona gris que no es puramente periodística. El montaje, la música, los planos. Son recursos que no apelan al cerebro sino a las emociones del espectador y por tanto le pueden manipular en un sentido u otro con más facilidad que los puros hechos. En cambio en el caso del alcalde de Bildu, éste rindió un homenaje en exclusiva a las víctimas de ETA. Eso es un hecho con testigos. Fue un hecho histórico. Es decir, por primera vez un alcalde de Bildu sin refugiarse en la vil equidistancia de las víctimas de Franco y las víctimas de ETA, las víctimas de la violencia policial y las víctimas de ETA. Dijo, no. Solo a tres familiares a los que ETA mató voy a darles un ramo de flores, voy a descolgar una placa en su honor en la sede del ayuntamiento y solo a ellas. Y no voy a mencionar a los gudaris. Esto, en alguien de Bildu, no es lo que hizo Rekarte.

Entonces, hay un diferencia sustancial y puramente fáctica y moral entre un terrorista arrepentido y entre un alcalde que nunca ha sido terrorista, que leyó con aprovechamiento la novela de Aramburu y que por tanto hizo algo histórico que por cierto, tristemente, no ha tenido continuidad porque probablemente Bildu le haya considerado un apestado y no ha permitido que otros le emulen porque hasta donde me alcanza la memoria creo que ha sido el único acaso. Por eso el periodista tiene que poner siempre en entredicho los sentimientos y las emociones. En el momento en el que Rekarte se pone a llorar el periodista, que no el espectador, tiene la obligación de recordar también a los asesinados por ese etarra en Santander.

Kapuscinski, Chesterton, Belloc, Mounier. ¿Es posible hacer un periodismo de opinión hoy en día que tenga como fundamento principal el encuentro con el otro? Porque en Democresía lo intentamos.

No se me ocurre otro distinto de ese. Tu has citado una serie de autores cristianos pero hay un periodismo basado en el encuentro con el otro ateo, perfectamente razonable y humanístico. La fe cristiana no es un óbice. Probablemente sea una ventaja en algunos casos. Albert Camus, siendo ateo, tienes unos textos de una hondura ética perfectamente admirable. Hannah Arendt o Kapuscinski que antes mencionabas; la propia Oriana Fallaci. Son autores que no son confesionales pero que evidentemente se dan cuenta de que el periodismo, por su propia raíz, es una actividad del humanismo y que por lo tanto pone al hombre en el centro de las cosas y atiende sus problemas, escucha sus problemas y reporta sus problemas. Eso es el periodismo. El encuentro con el otro.

Tres minutos y terminamos. Si no te debo leer a ti ¿A quién de los que han muerto en los últimos 500 años me debería de leer?

Bueno, esta butade que digo yo no hay que tomársela al pie de la letra. Entra dentro de una cierta provocación periodística para facilitar la tarea de titular a mi entrevistador. Pero a mí por supuesto hay que leerme porque si no no te darías cuenta de a quién recomiendo que hay que leer. Y tampoco es cierto que no haya que leer más que a los autores muertos. Creo que son los mejores pero de vez en cuando hay que leer algún autor vivo. Pero vamos. Partiendo de Homero yo te podría dar una lista de cien autores sin los cuales la vida no sería completa. Pero no te sabría yo decir…

Por ejemplo, yo estoy leyendo ahora muchos ensayistas liberales sobre todo para coger algo de envergadura de pensamiento que me ayude en la tarea editorial de mi periódico que es un medio liberal. Estoy leyendo ahora “Las dimensiones de la conciencia histórica” de Raymond Aron que me parece un escritor prodigioso, cartesiano, de una finura intelectual tremenda que además acertó siempre, no como Sartre; que se equivocó en todo aunque era más glamuroso. Y antes he leído a Isaiah Berlin, otro liberal judío de una perspicacia, de una inteligencia, de un humanismo admirable. Estoy yo ahora metido en estas lecturas. Pero respecto a quién leer. Te podría repetir lo que dice todo el mundo. Chaves Nogales, Camba, Pla…  Y que son a los que yo siempre vuelvo. Todos tenemos más o menos una cierta idea de quiénes son los clásicos y hay que volver a ellos por una razón: no son clásicos por casualidad.

Jorge Bustos – Imagen de @alvarogafu

¿Dónde se busca el talento periodístico hoy en día? ¿De dónde salen los columnistas de la próxima generación?

Digamos que la nómina de columnistas de un periódico no cambia con demasiada facilidad. Lo normal es que haya un fichaje o dos por año. Hablamos de columnistas fijos otra cosa son las tribunas de opinión. Ahí estoy todo el rato buscando, mirando en redes sociales, tratando de quitárselos a la competencia. En fin. Estoy siempre oteando a posibles escritores y plumas.

Yo he hecho dos fichajes este año que son Rafa Latorre y Ferrán Caballero; que son fijos y que tienen su guía de columnas. Puede haber alguna alta o alguna baja pero lo normal es que el plantel de columnistas no se mueva demasiado porque precisamente en esto consiste el prestigio y el privilegio de ser columnista. Has alcanzado cierta dignidad, has alcanzado el derecho a ser leído y a ser escuchado y a no ser que lo hagas extremadamente mal o que no funcione, sueles gozar de un cierto tiempo de consolidación. Hay veces que no. Pero vamos. No penséis que mi trabajo consiste en echar columnistas buscando otros para fichar. Pero bueno. Estoy mirando. Siempre estoy mirando. Buscando gente joven, gente mayor, gente de mi edad…

¿Sigues a Democresía?

Sí. Cuando me llamasteis para la entrevista me pasé un buen rato rebuscando en vuestros enlaces y la verdad es que tenéis muy buena preparación. Ahora lo que hay que hacer es seguir, seguir, seguir y dejar que la criba del tiempo os respete. Esa será la mejor señal de que estáis llamados a medios mayores.

 

Despedida cálida. Nos “prometemos” unas cañas cuando la cuestión catalana lo permita.

Ahora algo más tranquilo.

 

(@RMoralesJimenez) Narrador omnisciente de novelas negras y aventurero en chanclas. Periodista por empeño. Felizmente casado, felizmente padre. Codirector de Democresía. Cuando me pongo meloso o bruto, escribo por Espinosa Martínez.

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