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Puigdemont, Comín y “el cámara” de Ana Rosa: los más pillos de clase

En Cataluña/España/Periodismo por
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Para los periodistas poner “Puigdemont” en un titular es garantía de movimiento. El SEO convulsiona, se pone a hacer cabriolas, cada vez que alguien menciona la palabra y la persona de moda en lo que va de año.

Cada vez que el Armin Tamzarian de Gerona, azuza la actualidad, sabemos sobre qué nos va a tocar escribir ese día. Y lo aceptamos con la mueca del cínico hastiado, del picamiserias perplejo, al que no le ha dado tiempo a digerir todavía lo del 1 de octubre y ya está en el 31 de enero.

Esta mañana, el programa de Ana Rosa de Telecinco ha sacado una “exclusiva”. Se trata de una relación de mensajes entre el miembro de ERC, Toni Comín, y el fugado más famoso de España, el anterior presidente de la comunidad autónoma de Cataluña; Carles Puigdemont.

“Volvemos a vivir los últimos días de la Cataluña republicana…”

“El plan de Moncloa triunfa. Solo espero que sea verdad y que gracias a esto puedan salir todos de la cárcel porque si no, el ridículo histórico, es histórico…”

“Supongo que tienes claro que esto ha terminado. Los nuestros nos han sacrificado. Al menos a mí. Vosotros seréis consellers (espero y deseo), pero yo ya estoy sacrificado tal y como sugería Tardà”.

“No sé lo que me queda de vida (¡espero que mucha!), pero la dedicaré a poner en orden estos dos años y a proteger mi reputación. Me han hecho mucho daño con calumnias, rumores, mentiras que he aguantado por un objetivo común. Esto ahora ha caducado y me tocará dedicar mi vida a la defensa propia”.

Como era de esperar, las portadas se han reproducido de forma sistemática y los grupos de amiguetes se han puesto a elucubrar. A los periodistas y tuitereos con ínfulas de influencers -valga la redundancia-, una vez que se nos echa la carnaza de la exclusiva, perdemos el control. Nos agitamos, empezamos a “hashtear”  (ya verán como la RAE termina por admitir este verbo pernicioso) como salvajes. Nos desorientamos en extremo y empezamos a llamar a gritos al litógrafo y al cajista, atrapados en nuestra locura anacrónica, pensando que por el hecho de contar algo noticioso nosotros somos los protagonistas.  Los periodistas más jóvenes y los más trasnochados, al vivir al calor de la “exclusiva”, nos creemos por un momento estar viviendo la trama de The Post, descuajeringando los secretos de Estados Unidos.

En fin…

Hasta el pronunciamiento de Puigdemont y del exconsejero de salud en redes sociales, donde han venido a justificarse y confirmar el tanto de Telecinco, cabía especular que Comín había sido el más listo de la clase. Que en pleno y absoluto conocimiento del entorno en el que se encontraba, determinó dejarse grabar para seguir alimentando la “caverna” mediática en lo que queda de invierno. Y así paliar el varapalo de Carles Puigdemont ante la investidura fugitiva, poner más caretas extrañas frente al Parlament y alimentar el debate de la opinión publicada con #PresidentNoEtRendeixis.

Sin embargo el “soy humano” de Puigdemont y la reacción “penal” de Comín nos hace pensar que sencilla y llanamente cazaron al segundo usando Signal y que, en lo que a contenido se refiere, era honesta la preocupación del que fuera presidente de la generalidad. Claro. Esto supone “El Dorado” para Ana Rosa y la siempre exótica Telecinco. Porque avala su gestión de la “exclusiva”; independientemente del camino emprendido que no es otro que el del ojeo a una conversación privada. Una sofisticación del sistema de cámara oculta con la que tantos minutos ha rodado el grupo Mediaset, sacando titulares y noticias a través de artimañas y mentiras de forma.

¿Vale esto en el periodismo? Los hay que consideran que es es fundamental. Estamos los que consideramos que aquello que de alguna forma u otra implique camuflar la verdad para sacar una verdad es, de por sí, una forma de decir una mentira.

Luego, claro está, hay distintos grados. Distintos niveles donde el periodista debe sacar una información que es auténticamente relevante a pesar de la forma en la que le ha llegado esa información. Por volver al escándalo previo al Watergate mencionado con anterioridad en la última película de Spielberg. Funcionarios públicos filtraron al New York Times y al Washington Post  documentos clasificados donde secretarios de defensa, generales y observadores internacionales decían a gritos que ganar aquella guerra era imposible. Así durante cuatro administraciones presidenciales (Eisenhower, Kennedy, Johnson y Nixon) se estuvo mintiendo a la opinión pública, en virtud de proteger “la seguridad de la nación”.

Aquello era una exclusiva. Aquello, independientemente del modo de obtener la información, había que contarlo. Lo de hoy, lo de ayer y lo de pasado mañana, perfectamente podría quedarse para hacer anécdotas y aprovechar para referenciar una buena película.

Puigdemont abre y cierra titulares y  la cosa no va a cambiar.

Entre tanto el PIB se contrae, la columna vertebral de la legislatura -la maquinaria de leyes en el Parlamento- anda partida y con los miembros paralizados. Cristiano Ronaldo se queda en el Madrid, puede que Pablo Iglesias vuelva a llevar pajarita en Los Goya y no sabemos cuando volverá una ola de frío o de calor. Total. Con lo raro que anda el tiempo…

(@RMoralesJimenez) Narrador omnisciente de novelas negras y aventurero en chanclas. Periodista por empeño. Felizmente casado, felizmente padre. Codirector de Democresía. Cuando me pongo meloso o bruto, escribo por Espinosa Martínez.

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